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Los vientos de la Justicia soplan diferente y De Vido dejó de ser un intocable

Imagen de FERNANDO GONZALEZ

por  FERNANDO GONZALEZ

Director Periodístico

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El 12 de febrero de 2013 se escucharon gritos inéditos en la Plaza de Mayo. Los familiares, los amigos y unos 15 mil argentinos se dieron cita a cincuenta metros de la Casa Rosada para recordar a las víctimas de la tragedia ferroviaria de Once. Un año antes, 52 pasajeros del tren Sarmiento murieron entre los hierros retorcidos y 700 sufrieron heridas para toda la vida. No era una multitud como la que congregan los aparatos políticos o sindicales. Era gente reunida para exhibir la angustia del Estado ausente. Fue la primera vez que se escucharon insultos públicos contra Cristina Kirchner. Y la primera vez que se pidió cárcel para el entonces poderoso ministro de Planificación, el arquitecto Julio De Vido.


Parecía que la investigación judicial no lo iba a tocar. Las culpas fueron cayendo sobre el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, hoy preso y multiprocesado. Sobre algunos empresarios de la concesión y hasta sobre el maquinista de la formación estrellada. Pero De Vido siempre se salvaba. Y pareció más intocable a fines del año pasado, cuando consiguió una banca de diputado nacional con los fueros indispensables para eludir las responsabilidades del poder. Sin embargo, los vientos cambiaron ayer para el ex ministro cuando el juez Claudio Bonadío le dictó el procesamiento y un embargo por 600 millones. Le imputaron culpas en las causas que llevaron al descarrilamiento y en el fraude contra la administración pública que posibilitó la tragedia.


De todos modos, la matanza de Once no es la única huella del ex ministro que siguen los jueces. Están los millones perdidos en el laberinto oscuro de la obra pública y la causa por supuesto enriquecimiento ilícito que se reabrió el año pasado. Pero De Vido no irá a prisión todavía. La Justicia lo decidió así y además tiene el aura de la protección parlamentaria que sólo se podría disolver si los diputados oficialistas y sus colegas peronistas deciden iniciarle un proceso de destitución. Parece difícil que vaya a suceder. Las señales de este tiempo indican que la cobertura partidaria tiene más peso específico que las muertes por la desidia y la corrupción.