Los 100 días de Alberto: cuáles fueron las medidas más importantes antes del coronavirus

Se esperaba que fuera el final de la "luna de miel" del Gobierno, pero las circunstancias mundiales lo obligan a afrontar un desafío que ningún otro jefe de Estado reciente tuvo por delante: frenar el virus.

Cuando se hablaba, a mediados de diciembre, de una "luna de miel" de 100 días para la gestión de Alberto Fernández, ni los medios ni el propio Presidente y su gabinete imaginaron que hoy, 18 de marzo, ese particular día conmemorativo iba a quedar sepultado por una pandemia sin precedentes que jaquea no sólo la economía nacional sino el planeta entero, con derrumbes históricos de los mercados internacionales, una abrupta caída del precio del petróleo y miles de muertos que se acumulan en todo el mundo a partir de lo que a finales de 2019 se denominó como coronavirus.

Ahora bien, enmarcada en este conflicto de salud que tiene frenada casi todas las actividades, la presidencia de Fernández ha mostrado en estos primeros 100 días características propias que definen a un gobierno con su sello propio, distante desde lo ideológico, como se esperaba, del que lo antecedió con Mauricio Macri a la cabeza, pero también alejado del libreto del kirchnerismo más duro, ese que mostró la última gestión de Cristina Fernández, de 2011 a 2015.

Aquél 10 de diciembre en el que asumió, Alberto sentó las bases de un proyecto de gobierno que tendría como eje central aliviar la situación de los más golpeados por las crisis sistemáticas que vivió la economía nacional desde mediados de 2018. Atacar de entrada a la inflación fue su propósito, con un congelamiento de tarifas de servicios y de transporte inmediato y un cepo al dólar mucho más estricto que el que había dejado el macrismo: impuesto "solidario" del 30% a los consumos que se realizan fuera del país, pasajes incluidos, y al atesoramiento en divisa extranjera.

En el marco de la emergencia económica que se declaró, Fernández propició un plan contra el hambre, que embanderó centralmente en la entrega de miles de tarjetas alimentarias. En ese marco, también, anunció el pago de un bono de emergencia para titulares de la AUH y jubilados, dejando fuera de servicio el índice creado por el Ejecutivo anterior para calcular la movilidad jubilatoria, instauró por 180 días la doble indemnización para aquellas empresas que despidieran empleados sin causa, determinó aumentos salariales a través de sumas fijas a empleados estatales y privados y decidió una rebaja del precio de los medicamentos.

La negociación con el FMI por el pago de la deuda se encuentra, aun en etapa de coronavirus, en pleno desarrollo, luego del avance de parte del Gobierno en la reestructuración con acreedores privados en los Estados Unidos y tras conocerse cómo será la oferta en tramos, el primero, por u$s 30.500 millones.

En estos tres meses, también, el Presidente ha realizado una gira extensa por Europa, previo al fuerte avance del coronavirus en esa región. De paso por España, Italia, Alemania y Francia, Fernández también tuvo un encuentro con el Papa Francisco en el Vaticano en el que, más allá de señales fraternales, terminó habiendo algún cortocircuito inesperado por cómo se comunicó el diálogo que representantes eclesiásticos y el Presidente mantuvieron sobre la posibilidad de que en Argentina se legalice el aborto, que espera tratamiento en el Congreso.

Justamente a través de la vía parlamentaria circularon las principales iniciativas de su gobierno. Uno de los proyectos que primero se convirtieron en ley, con amplio consenso, fue el de solidaridad, que englobó una triple emergencia económica. Pero también sobresalieron la aprobación de la ley de sostenibilidad de la deuda pública, la del recorte de las jubilaciones de privilegio a jueces y embajadores y la denominada ley de góndolas. En el "debe" queda, sin fecha a tratar, el citado proyecto de legalización del aborto que el Presidente respaldó en su discurso de apertura de sesiones legislativas del 1º de marzo.

Fernández cumple 100 días de gestión, mientras delinea nuevas medidas para combatir la propagación del virus. Al cierre de fronteras, aeropuertos y espectáculos masivos además de aquellos establecimientos que acaparen gran número de personas, dispuso la suspensión de las clases, licencias para buena parte del sector público y limitaciones al uso de transporte, en pos de evitar grandes conglomeraciones de gente y de preservar a la población de más riesgo, los adultos mayores de 60 años. Lograr frenar el avance del coronavirus es la prioridad de un gobierno que ha tenido que dejar de lado otros proyectos de gestión por un desafío mucho más trascendente y que hace indagar hoy al mundo entero sobre cuál será su impacto total.

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