Lavagna, bajo una operación de pinzas

Roberto Lavagna está muy atareado. En estos tiempos debe atender múltiples frentes, dos en especial: por un lado, la conformación de la “fuerza de unidad competitiva de la que proyecta que produzca consensos sobre objetivos de gobierno y una candidatura presidencial y, por otro, una intensa operación de pinzas desatada sobre él desde las dos trincheras de la grieta.

El primero de esos frentes avanza firme, en un marco de extrema reserva. El economista considera inconveniente publicitar esas gestiones mientras se desarrollan. El segundo estaba en las previsiones: la irrupción de una “tercera vía que se presuma consistente sería un motivo de preocupación para quienes se sienten dueños del espacio político y del destino de los argentinos.

Así, la operación se desató en el mismo momento en el que Lavagna se asomó a la luz pública después de dos años de silencio. El macrismo u oficialismo, con sus largos tentáculos entre los formadores de opinión, trata de acuñar la idea de que Lavagna representa la garantía de “impunidad de la corrupción, la amnistía, el “Lavagna al gobierno, Cristina al poder . Y pretende presentarlo como un hombre débil, confundiendo modales educados con debilidad. El kirchnerismo a su vez, alimentado por quienes hacen gestiones no autorizadas, intenta mostrar que puede haber un acuerdo con Lavagna basado en la iniquidad de la impunidad.

¿Podría acaso el ex ministro ilusionarse con una “fuerza de unidad basada en factores de centro y progresistas que asuma la impunidad como vector de campaña y de gobierno? Imposible. ¿Podría él personalmente asumirlo? Rotundamente, no. No encuadra en sus valores.

La idea del macrismo es poner en el centro de la escena de la campaña el tema de la corrupción para evitar que la atención se desvíe hacia la gravísima situación socioeconómica, empeorada en relación con la desde ya desastrosa que había recibido. La idea del kirchnerismo es, a su vez, confundir al electorado pretendiendo hacer ver que Lavagna será la “cara limpia de ese sector.

En medio de esos dos fuegos, el ex ministro señala, en su tono, que nunca fue fácil para los Kirchner, ni en el gobierno ni fuera de él; al punto de haber enfrentado electoralmente a la entonces Presidente cuando estaba en la cúspide del poder. Anota allí lo que ya se sabe: siendo ministro de Economía fue el primero, y muchos años antes que cualquier otro, en denunciar la cartelización de la obra pública. No practicó con Néstor la “obediencia debida .

De ningún modo Lavagna –en una hipotética gestión de gobierno- propone interferir en la acción de la Justicia y si, en cambio, facilitar que el Ministerio Público realice todas las actuaciones y presente todos los recursos que correspondan en defensa del interés del Estado. Esa es su posición respecto de la corrupción. La que debe ser en una República y una democracia moderna.

Lavagna, por fin, no subestima la inteligencia de los atrincherados. Por un lado, si bien cree que el gobierno todavía debería abocarse más a la gestión que a la campaña, entiende que infundir “miedo en la sociedad sobre cualquiera que pueda sucederlo, aunque maliciosa, no es una mala estrategia. Y cree por otra parte que no está mal que alguien que necesite cooptar una “cara limpia vaya en búsqueda de ella, pero asegura que no será la suya la que se preste.

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