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La tarifa social, un paliativo que no garantiza la supervivencia de los clubes de barrio

El anuncio del Gobierno de aplicar costos ‘más baratos’ en luz, gas y agua fue considerado como una ayuda por la dirigencia de estos clubes que, de todos modos, reclaman más medidas para sostener las actividades sin ser afectados por cambios de políticas públicas

El 17 de Agosto de Villa Pueyrredón, una de las tantas "Luna de Avellaneda" que pueden dejar de iluminar y abrigar a miles de chicos

El 17 de Agosto de Villa Pueyrredón, una de las tantas

Cuando en 2004, Juan José Campanella estrenó su película ‘Luna de Avellaneda’, le puso imagen a la dura vida de los clubes de barrio. Esas instituciones deportivas que lejos de los miles de millones de pesos del Fútbol para Todos y de las prerrogativas y favores que reciben los clubes de fútbol, deben sobrevivir ‘con lo nuestro’.

Es decir, con humildes cuotas sociales que en muchos casos no superan los $ 150 por mes. Ingresos que, tras el ‘sinceramiento’ de las tarifas, no alcanza para cubrir los gastos y amenaza con llevar a muchas instituciones a un posible cierre de sus actividades.

Como directivo de un club de barrio, el 17 de Agosto, de Villa Pueyrredón, puedo dar fe que esa espada de damocles amenaza con dejar sin protección ni amparo a miles de chicos que a diario practican deportes y se alejan de los peligros de la calle en los clubes barriales.

En cada barrio de la Ciudad, y en muchas localidades del interior, hay una Luna de Avellaneda. Un lugar donde se cimientan amistades para toda la vida; se conoce a la primera novia; se asocia a un hijo aún estando en el vientre de la madre como le sucedió a quien escribe esta nota, socio del ‘17 de Agosto’ hace ya más de 40 años.

El tarifazo llevó a mi club y a muchos otros a rebelarse contra una de las medidas más polémicas de esta gestión: la suba en las facturas. En realidad, la quita de subsidios transparentó una injusticia que sufren muchos sectores, mas allá del debate sobre si la sinceridad tarifaria era necesaria o no.

Tiene que ver con la capacidad de pago de los nuevos costos. Y a los clubes barriales les sirvió para que la sociedad sepa que para las distribuidoras de luz, gas y agua son considerados ‘grandes contribuyentes’. Empresas fuertes o multinacionales que, por capacidad de producción, consumen gran cantidad de luz, gas y agua.

Cuando en realidad lo que producen los clubes barriales son chicos más sanos, contenidos desde lo social y amantes de cualquier deporte. La rebelión tuvo ayer una respuesta oficial. El vocero fue el secretario de Deportes de la Nación, Carlos Javier Mac Allister, quien intentó serenar la bronca pública contra esta injusticia reflotando una legislación votada en el Congreso en 2014 que nunca fue reglamentada.

Es la ley nacional de Clubes de Barrio que hasta ahora no se puso en vigencia. En uno de sus artículos, permite a los clubes barriales acceder a una tarifa social. Mac Allister anunció este supuesto beneficio como la panacea que permitirá una vida más tranquila y feliz para mi Luna de Avellaneda. No lo es. Es sólo un paliativo. Pero no reconoce la labor social y educativa de clubes como el mío, fundado en 1948 y que hoy tiene su continuidad en riesgo por eso de ser ‘gran contribuyente’ y recibir un tarifazo más grande que cualquier otro sector.

A mi club, donde soy socio desde los 10 años, le llegaron facturas impagables: la de gas, $ 59.000 en un mes, contra $ 18.000 del bimestre anterior. La de luz, $ 25.000 por 30 días, contra $ 4000 bimestrales. Por suerte, la del agua aún no llegó. Seguramente será kilométrica porque el corazón del 17 de Agosto es la pileta de natación, abierta todo el año. Hasta que dejen de ser vistos con el mismo prisma que una industria, no habrá tarifa social que pueda llevar tranquilidad. La solución es reconocer con un marco especial que lo que ‘fabricamos’ son chicos sanos y no productos para góndolas.

Además, esa ley que ahora a las apuradas será reglamentada, sostiene que para recibir la tarifa social hay que tener entre 50 y 2000 socios. ¿Qué pasa con los que tienen más?. ¿Deben echar socios para pagar menos?. ¿No tienen que asociar más, perdiendo el único ingreso posible como es la cuota?. Quizá el Gobierno pueda aún evitar más errores y cerrar la grieta que amenaza con tragarse para siempre a mi querido club 17 de Agosto y a todos sus hermanos.