La posición del Gobierno sobre Venezuela activó la grieta con el kirchnerismo

El presidente Alberto Fernández se negó a darle explicaciones a Nicolás Maduro por el voto nacional ante la ONU. El cristinismo más duro salió a cruzarlo e incluso Alicia Castro declinó ser embajadora en Rusia

Alberto Fernández se desayunó en la mañana del miércoles de la sorpresiva renuncia como embajadora ante Rusia de Alicia Castro, una diplomática de extensa trayectoria y un lazo estrecho con el kirchnerismo más duro. Pero también, con la versión de que él mismo iba a llamar a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, para comunicarle los por qué de la decisión argentina de respaldar el voto mayoritario de la ONU al "informe Bachelet", en el que se condenó al país caribeño por las repetidas violaciones a los derechos humanos de los últimos años.

Nunca se barajó esa posibilidad, aseguran en el Gobierno. No estuvo en análisis, ni lo está, por lo menos para los próximos días, informaron dos fuentes de diálogo directo con el Presidente que dialogaron con El Cronista.

Ese murmullo surgió del cristinismo más férreo, que salió a reclamar una explicación oficial de la Rosada, así como también de la Cancillería sobre lo decidido el día anterior, cuando el embajador ante Naciones Unidas Federico Villegas se distanció por completo de la posición argentina ante la OEA de la semana anterior, representada por Carlos Raimundi, quien se había negado a adherir a un documento que condenaba las decisiones del gobierno de Maduro.

Ese contrapunto diplomático reflejó, como nunca, la grieta interna que existe en el oficialismo sobre cómo reaccionar frente a la coyuntura venezolana. Socio histórico de Argentina en tiempos de kirchnerismo, la política interior y exterior de Venezuela es cuestionada por todos en el ámbito internacional. Alberto Fernández, cuentan en Olivos, adhiere al rechazo mundial a Maduro y no está dispuesto a negociar su posición, aun sabiendo que es un foco de conflicto con Cristina Kirchner.

Fernández, como su canciller Felipe Solá, sus ministros de mayor confianza y representantes del espacio como Sergio Massa reprueban la administración Maduro y no contemplan ningún tipo de relacionamiento. El propio presidente de la Cámara de Diputados planteó hace unos meses, sin tapujos, que "sin dudas en Venezuela hay una dictadura".

En silencio Cristina Kirchner, fueron otros los voceros elegidos por el kirchnerismo para salir a confrontar la decisión argentina. La principal, sin dudas, fue Hebe de Bonafini, quien en una entrevista radial con El Destape, le pidió "perdón a Maduro, al pueblo venezolano, a Néstor, Chávez" por la decisión que tomó el país y dijo sentirse "avergonzada del canciller". Sobre Felipe Solá, opinó: "Estoy avergonzada de lo que hicieron ayer, avergonzada del canciller. Es un tipo que no sabe dónde está parado".

Solá no respondió a los dichos de la titular de Madres de Plaza de Mayo, ni al dirigente piquetero Luis D'Elía, quien había insinuado ese diálogo entre Fernández y Maduro, que nunca sucedió. El canciller fue claro el martes por la noche cuando declaró que "el Gobierno apoya con mucha fuerza el trabajo de Michelle Bachelet sobre Venezuela", en referencia al informe presentado ante la ONU por la expresidenta de Chile.

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