Martes  05 de Noviembre de 2019

La política exterior de Alberto: un revival del primer kirchnerismo

El mandatario electo quiere darle un giro a las relaciones exteriores y ya dio señales de la orientación "progresista" que tendrá su gobierno en la materia. Busca emular la "integración latinoamericana" de los tiempos de Néstor Kirchner y apuntará a un vínculo "de respeto mutuo" con EE.UU.

La política exterior de Alberto: un revival del primer kirchnerismo

Una de las primeras incógnitas que empezó a develar Alberto Fernández antes de asumir el gobierno el próximo 10 de diciembre es la orientación “progresista” que tendrá su política exterior, lo que constituye un giro respecto a la llamada “reinserción inteligente” que supuestamente instrumentó el macrismo en sus cuatro años en el poder, con el regreso de la Argentina a un alineamiento con los Estados Unidos y la recuperación de alianzas tradicionales con potencias europeas.

La vocación de Alberto por restablecer la integración latinoamericana –aquella que la Argentina practicó en tiempos de Néstor con el llamado eje bolivariano- quedó expuesta con nitidez tras la elección de México como su primer viaje internacional como presidente electo y tendrá un nuevo mojón este viernes, cuando Fernández inaugure el encuentro del Grupo de Puebla, un nuevo eje progresista en la región integrado por líderes latinoamericanos.

Se trata de una nueva instancia multilateral impulsada por líderes progresistas, quienes se reunirán por segunda vez entre el viernes y el domingo próximo en Buenos Aires con el fin de planificar la integración regional. Uno de los principales articuladores de este espacio es Marco Enríquez Ominami, ex candidato presidencial chileno, con quien Fernández trabó amistad desde hace tiempo.

El Grupo de Puebla, conformado a principios de julio pasado, ya cuenta con la presencia de 32 líderes de 12 países que intentan fortalecer "un espacio de reflexión y de intercambio político en América Latina", según su declaración. El espacio cobra fuerza en un momento de convulsión en el vecindario latinoamericano, con las protestas en Ecuador, primero, y en Chile después, que son seguidas de cerca por el nuevo mandatario argentino.

El propio Fernández se refirió ayer a Grupo de Puebla en la conferencia de prensa que dio en México, tras su reunión con el mandatario de ese país Andrés Manuel López Obrador, considerado un referente de esa nueva ola progresista regional. “Yo mismo lo impulsé mucho antes de ser candidato”, contó el presidente electo sobre este nuevo foro regional.

Y abundó: “Lo que estamos planteando son alternativas a lo que ha imperado en los últimos años, por ejemplo, en Argentina, y es la búsqueda de volver a reencontrar un sistema político que devuelva la equidad perdida, el equilibrio y la igualdad social en América latina”.

 Alberto también dejó en claro que la idea de este nuevo espacio no es “generar una referencia ideológica que se enfrente a nadie”, un comentario que no fue casual. Es que el Grupo de Puebla aparece  posicionado como la contracara del Grupo de Lima, un ámbito auspiciado por los Estados Unidos que explora una salida del régimen de Nicolás Maduro para Venezuela y al que se suscribió la Argentina durante la actual administración macrista.

El presidente electo se propone además, y lo ha dicho, reflotar otros bloques progresistas de América latina, como la Unasur y la Celac, que perdieron terreno en los últimos años.

Durante la campaña, Fernández visitó también España y Portugal, dos países de la Unión Europea hoy gobernados por socialistas y afines a su pensamiento político.

Otra pista que dio Alberto sobre lo que será su política exterior es su vocación por mantener una relación de “respeto mutuo” con los Estados Unidos y en esa línea se inscribe la cordial charla que mantuvo la semana pasada con Donald Trump, cuando el jefe de la Casa Blanca lo llamó para felicitarlo por su triunfo electoral.

En rigor, Fernández tampoco tiene demasiado margen para hacer otra cosa y, menos aún, está pensando en volcarse a una retórica confrontativa contra la principal potencia del mundo. Sobre todo, por una cuestión práctica: la Argentina necesitará de la ayuda de ese país al momento en que el nuevo gobierno tenga que sentarse a renegociar con el FMI el acuerdo stand by firmado con el organismo.

Argentine President-elect Alberto Fernandez stands outside the Basilica of Guadalupe next to Father Raymundo Maya, during his first trip abroad since being elected, in Mexico City, Mexico November 3, 2019. REUTERS/Luis Cortes
Alberto Fernández en México con Felipe Solá, quien suena como posible canciller

Por las señales que vino dando hasta ahora, todo parece indicar que Alberto echará mano al pragmatismo también para tener una relación constructiva con otros líderes regionales con los que no tiene sintonía ideológica, no solo Trump, sino también Jair Bolsonaro, al que evitó contestarle tras las duras críticas del brasileño por su triunfo en la elección, e incluso con Sebastián Piñera, a quien el mandatario electo podría visitar en los próximos días en el convulsionado Chile.

Venezuela y el Grupo Lima

Venezuela será un ítem de política exterior que seguramente generará tensiones a partir del 10 de diciembre: internas y externas. Si bien antes de la elección general, Alberto expresó su deseo de retirar a la Argentina del Grupo de Lima, no está claro si ese será finalmente el camino elegido para diferenciarse de otros países de la región en el caso Venezuela.

Se sabe; EE.UU mira con preocupación un eventual cambio de postura de la Argentina respecto del país caribeño, y que ésta pase a alinearse en esta cuestión con México y Uruguay, quienes plantean una salida a la crisis venezolana sin injerencia externa.

Tanto Fernández como López Obrador se resisten por ahora a calificar al régimen de Nicolás Maduro como una dictadura, para disgusto del gobierno de Trump, que hace poco le hizo llegar su preocupación por esa situación a Sergio Massa, cuando el líder del FR y futuro presidente de la Cámara de Diputados se reunió con funcionarios del Departamento de Estado en su reciente viaje a Washington.

También habrá que ver que postura tendrá Cristina Kirchner en todo el proceso venezolano y cómo Fernández hace equilibrio interno en este tema.

CFK llevó adelante una diplomacia que se caracterizó por el aislamiento internacional de la Argentina. Dejó el poder en 2015 distanciada de los EE.UU. y de la Unión Europea,  y con apenas un puñado de países aliados en su haber, entre ellos, Venezuela. Alberto no parece estar pensando en repetir ese esquema.

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