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La película del aumento tarifario que no se dio y un final todavía incierto

Imagen de HERNÁN DE GOÑI

por  HERNÁN DE GOÑI

Subdirector periodístico
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Cuando el Gobierno proyectó el nuevo cuadro tarifario para el gas, en marzo pasado, asumió que el aumento iba a transformarse en un incentivo suficiente para que los consumidores se lanzaran a ahorrar energía. De hecho, ese era uno de los objetivos deseados, porque además de cubrir un mayor costo de producción, iba a achicar la importación del fluido prevista para el año. El anuncio en la página oficial del Ministerio de Energía, presentaba los valores que pasarían a pagar los usuarios de Capital Federal y parte del conurbano, con una moderación visible para aquellos que lograran reducir su consumo 15%. Según esos parámetros, 70% de los clientes residenciales de Metrogas iba a afrontar una factura promedio de $ 131 si mantenían su consumo en 34 m3. Estas cifras, proyectadas a todo el país, consignaban que 7,8 millones de usuarios iban a tener tarifa nueva y solo 350.000, tarifa social.

Los hechos, claramente, no se dieron así. El consumo de gas no bajó. Por el contrario, el rigor del otoño lo incrementó 50%. El beneficio del ahorro desapareció y las tarifas instalaron valores descontrolados, pero con una peculiaridad: afectó a los segmentos medios y altos, cuya reacción coronó el malestar que causaron todos los aumentos de precios precedentes de otros bienes y servicios.

El Gobierno no podía controlar el clima, pero no logró hacer efectivo el primer tope de 400%. Tuvo que aceptar un costo fiscal y político más alto por este desmanejo, y apostó a la Corte Suprema como neutralizador del conflicto. La señal que recibió ayer del máximo tribunal, pidiendo explicaciones sobre por qué tienen que convalidar el aumento inicial y el tope de 400%, y si evaluaron bandas tarifarias en función de los ingresos de los usuarios, dejó intranquilo a Mauricio Macri. El final para esta película que imaginó la Casa Rosada está en duda.