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La economía perdió una pluma

por  HERNAN DE GOÑI

Subdirector Periodístico
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La economía perdió una pluma

Hace seis años, la vida lo enfrentó a una de esas enfermedades que duelen. Le ganó varias partidas, pero sabía que el empate era un objetivo largo y difícil. En su interior, se preparó para todo. Su familia acompañó su entereza sin descanso. Los que no estábamos preparados eramos nosotros. Sus amigos y una enorme cantidad de colegas y protagonistas de la vida económica recibimos la noticia de su partida como un baldazo de agua fría.

Jorge Oviedo no fue un periodista común y corriente. Como muchos, entró a la profesión por la puerta del deporte. En su Mendoza natal, arrancó en el vespertino El Andino, y luego pasó a Los Andes, donde llegó a escribir sobre libros, espectáculos y vida joven. La chance de afincarse en Buenos Aires se la dio la agencia Noticias Argentinas. Pero en los borrascosos años 80, la coyuntura lo empujó de a poco al mundo de la economía. Lo conocí en su siguiente escala, como acreditado por la agencia Diarios y Noticias (DyN) en el Ministerio de Economía. El pelo largo y la barba que ostentaba por entonces, lo ayudaban a ablandar la contundencia de sus opiniones. Criado profesionalmente en la época de los télex, admiré enseguida la precisión que conseguía darle a sus despachos, escritos a la velocidad del rayo en máquinas que hoy son piezas de museo.

Como la mayoría de los periodistas económicos que nos desarrollamos en los 90, los dos padecimos el ritmo febril de trabajo de Domingo Cavallo, que nos hacía madrugar o trasnochar con medidas que sacaba sin pausa de su galera. Esos años se transformaron en una experiencia de vida que nos marcó lo suficiente como para que la recordáramos cada vez que algún evento nos permitía volcar al presente las lecciones del pasado. Fue lo que nos pasó en 2014, en un viaje compartido a Madrid (el último), en el que su memoria y detallado conocimiento lo transformaron en protagonista de debates intensos, que solía matizar con algo de humor e ironía. De aquellos años supo conservar un hábito casi en desuso, como lo era husmear a diario en la letra chica del Boletín Oficial, donde le encantaba descubrir novedades económicas relevantes, atrapadas en los anexos de una resolución o un decreto.

La modernidad tampoco le fue ajena, ya que pronto se reveló como un apasionado protagonista de las redes sociales. Su columna del lunes pasado en La Nación (diario en el que trabajó desde 1994, y que solo dejó dos años en 1998, para ser parte del equipo fundador de Buenos Aires Económico) salió con oficio, y según el relato de sus hijos, también con algo de sufrimiento. Ayer el cuerpo le dijo basta. La normalidad que mantuvo hasta el último día se evaporará del todo el lunes que viene, cuando abramos el diario y su pluma no esté más.