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La CGT selló su reunificación y busca fortalecer sus reclamos pero dilata la idea de un paro

Daer, Acuña y Schmid ya conducen la nueva central. Palazzo, de Bancarios, abandonó el congreso tras pedir, sin éxito, un paro general. Hubo críticas a las medida del Gobierno

La CGT selló su reunificación y busca fortalecer sus reclamos pero dilata la idea de un paro

Algo renga. Así nació ayer la nueva CGT reunificada. Por diferencias de estrategia o en el reparto de poder interno, algunos sectores gremiales desistieron de integrar la flamante central que, ante la falta de un liderazgo único, nominó al triunvirato compuesto por Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña en su conducción, expresión evidente de los diversos matices que aún conviven en el sindicalismo peronista y que la formalización del proceso de unidad apuesta a superar. Ese desafío por ‘amplificar’ la unidad junto a la determinación de privilegiar el diálogo con el Gobierno antes de avanzar con una ofensiva de confrontación constituyó la principal decisión política del congreso sindical que sesionó en el estadio de Obras Sanitarias para alumbrar a la nueva central.

En parte esa elección le restó adhesiones. El triunvirato de conducción junto con el resto del nuevo consejo directivo (35 cargos que se repartieron también entre organizaciones de las tres vertientes de CGT) fue respaldado por el 72,2% de los congresales y 124 gremios de los 213 habilitados para participar. A los faltazos con aviso de los sindicatos alineados con el jefe de Uatre, Gerónimo Venegas, (que impugnaron el encuentro ante el Ministerio de Trabajo) y los que responden al Movimiento de Acción Sindical (MASA) de Omar Viviani, se sumó el portazo del bancario Sergio Palazzo y sus aliados, que en medio del congreso decidieron retirarse con el argumento de que no fue acompañado su reclamo de apurar un paro general. "Están presionando por el reparto de cargos", les reprocharon.

Rodeado por Hugo Moyano y Antonio Caló, fue Luis Barrionuevo el encargado de sintetizar la crítica desde el escenario y esbozar la línea del mensaje cegetista. "Es una falta de respeto que nos quieran imponer una medida de fuerza", replicó para de inmediato asumir el compromiso de "prudencia" de la flamante central hacia el Gobierno. "Nos esperan momentos difíciles. No va a ser fácil sostener a través de la democracia a este gobierno", lanzó. Moyano, a su vez, se encargó de marcar los límites de esa promesa y, tras exigir a la administración macrista que "entienda" los reclamos de los trabajadores, advirtió desafiante: "Al movimiento obrero no lo doblega nadie".

Daer (Sanidad), Schmid (dragado) y Acuña (estacioneros), el nuevo trío que tomará la posta en la conducción cegetista, se enfocaron en el objetivo de fortalecer la unidad sindical tras años de divisiones y enfrentamientos. "Estamos frente a un viraje hacia la derecha. Sabemos que vienen en búsqueda de nuestras conquistas y tenemos que actuar para que la situación no se convierta en una fogata social", alertó en referencia directa al impacto de la inflación, el tarifazo y el deterioro del empleo. Planteó así la urgencia por "abrir la estrategia" sindical hacia los movimientos sociales y agrupaciones que representan la voz de los sectores más vulnerables.

La misma idea reforzó Daer. Machacó con la necesidad de articular "una sola voz" para que la unidad "represente a toda la sociedad víctima de las políticas económicas y sociales que cada vez nos golpean más". Y no esquivó la presión por acelerar la convocatoria a una medida de fuerza: "No se trata de imponer. La medida que haya que tomar será la necesaria y en el momento adecuado".

La ‘hinchada’ de Camioneros coloreó la despedida de Moyano y hasta dio pie a un duelo de cánticos con los militantes de la Uocra y con una tribuna colmada de afiliados de Sanidad que saludó el desembarco de Daer en el triunvirato. Menos ruido provocaron los renunciamientos de Antonio Caló (CGT oficial) y Barrionuevo.

También hubo silbidos y algunos cruces cuando Palazzo y su grupo se retiraron al mediodía del congreso, una decisión que obligó a un cuarto intermedio para volver a distribuir los cargos del consejo directivo ya sin el bancario. El reparto beneficio a los grupos de ‘independientes’ y ‘gordos’ de la ahora ex CGT oficial, a los gremios del transporte y organizaciones del moyanismo y a una decena de sindicatos del barrionuevismo.