Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
U$D
/
MERVAL

La Argentina debe superar el trauma de Cristina declarando ante un juez

La Argentina debe superar el trauma de Cristina declarando ante un juez

Las imágenes explícitas de los socios de los Kirchner contando dólares en La Rosadita sólo confirmaron una presunción que desde hacía varios años corría en el poder. Que los gobiernos de Cristina y de Néstor fueron, evidentemente, los que avalaron y promovieron los hechos de corrupción más groseros y espectaculares desde la restauración democrática de 1983. Superando aún a una gestión con enormes zonas oscuras como fue la de Carlos Menem. La chatarra ferroviaria de Ricardo Jaime; la fábrica de billetes de Amado Boudou; la valija de Antonini Wilson; los contratos de Lázaro Báez; los hoteles de la Patagonia; las declaraciones juradas que se inflaban sospechosamente; los muertos de la tragedia de Once; las obras sin hacer por las que debe responder Julio De Vido y el Estado ausente utilizado como fuente de financiamiento de la intolerancia. El dinero malgastado de todos nosotros.

Todo eso es suficiente como para justificar que la ex presidenta tenga que declarar ante la Justicia. Y sólo la complicidad de muchos funcionarios judiciales en estos años demoró ese momento que, finalmente, sucederá este miércoles. Por eso, ni el Gobierno, ni la sociedad ni sus dirigentes deben temer a la instancia de Cristina dando las respuestas que nunca aceptó dar.

Podrá haber tensiones. Podrá haber miles de ciudadanos que quieran expresarse en su apoyo. Y podrá haber otros miles que la repudien. Todos están en su derecho. Pero la Argentina y toda la sociedad deben superar el trauma de indagar como sospechosos a los funcionarios que puedan haber contribuido a la decadencia actual del país adolescente.

Quizás haya horas intensas, e incluso horas dramáticas. En todo caso, será el precio necesario a pagar por no haber detenido a tiempo a los inescrupulosos. La batalla cultural, como dice el tango, también es saber sufrir para recuperar los fundamentos básicos de la honestidad.