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"Hoy entiendo a Alfonsín, creo que hizo lo que humanamente pudo con errores y aciertos"

La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo lleva 39 años buscando a los desaparecidos por lo que se enfoca en los presidentes de la democracia más larga. Admite diferencias pero pide no verse como "enemigos" sino avanzar sobre las coincidencias. Advierte que no puede hacerse sin mirar atrás

por  ANALÍA ARGENTO

Editora de Política y Opinión
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Cuando nació, en octubre de 1930, las mujeres no podían votar. Cuando Juan Domingo Perón firmó el decreto que reconoció el voto femenino como deber y derecho en la Argentina, Estela Barnes era adolescente, apenas estaba por cumplir 17 años. Votó por primera vez en 1951 y vio muchos golpes de Estado mientras se convertía en maestra y formaba una familia. A los 47 años se convirtió en abuela de Guido, el hijo de su hija Laura, secuestrada y luego asesinada durante la última dictadura militar. Lo conoció recién a los 84, ella como Estela Barnes de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo y él con el nombre de Ignacio que eligió conservar. Varias veces candidatas a Premio Nobel de la Paz, las Abuelas siguen reuniéndose cada martes en la que llaman su casa en la calle Virrey Ceballos. Allí Carlotto recibió a El Cronista.

–¿A días del Bicentenario de la Independencia, cuáles son las deudas en Argentina?
–Tenemos deudas de vieja data y de no tan vieja data. De vieja data todo lo que es la reparación que nunca se le terminó de dar a los aborígenes, los pobladores autóctonos de nuestro país. En lo posible, claro, porque devolverles las tierras sería arrasar con pueblos quizás, pero darles tierra propia dentro de su hábitat y todo lo que necesita un ser humano para vivir en el siglo XXI . Y de no tan lejos es todo lo que ha sido arrasado desde el Estado terrorista en la Argentina que es el derecho a la vida y muchos otros derechos. Se avanzó mucho en la que llaman la década ganada pero nos falta eliminar totalmente la pobreza, que todo ciudadano tenga derecho a vivir con vivienda, la salud atendida, la escolaridad de sus hijos, un trabajo digno, el descanso necesario, el ocio, el bienestar que es un sueño que todavía no se ha realizado. Y en lo que respecta a nuestra historia falta saber dónde hay 30 mil personas desaparecidas y centenares de niños que nacieron en cautiverio –o no– que las abuelas estamos buscando hace 39 años.

–¿Habrá nuevos derechos humanos a futuro?
–No hay nuevos. Vivienda es viejo, salud es viejo, trabajo también. Ahora estamos con el respeto a la mujer, con el femicidio. Socialmente no lo hace el Estado y se está agravando. También la inseguridad, estar seguros también es un derecho. Pero más inseguridad que la que tuvimos en dictadura imposible. Y después siguió porque el gatillo fácil siguió. Hay dos flagelos hoy en nuestro país: la droga y el agravio a las mujeres.

–¿Usted suele decir que cuando comenzó a buscar a su hija y a su nieto no pensaba cuestiones políticas como ahora. La cambió esa búsqueda o Néstor y Cristina Kirchner?
–A mí me cambiaron mis hijas, Laura, Claudia (sobretodo) y Guido ‘Kibo’, mi hijo mayor, que fueron víctimas. Pero sobre todo Laura y Claudia. Sus conceptos que rebatían mis conceptos burgueses. Yo pertenezco a una generación donde se vivió en permanentes dictaduras cívico militares desde el año en que nací. Fuimos educados conformistas con eso, no recuerdo marchas ni pancartas con las muertes del 55. Se escuchaba la marchita militar en la radio porque no había televisión cuando yo era chica. Ese día mi papá no trabajaba y yo no iba a la escuela pero al día siguiente no me acuerdo otra cosa mas que seguir. Y siempre en la escuela enseñaban lo que la historia oficial decía. Yo fui docente y enseñé la historia oficial con esas páginas en blanco. Con ese conformismo con el que vivía, ese conformismo social de burguesía. Mi marido era más contestatario pero yo encontré por medio de mis hijos respuesta a muchas cosas que me pasaban de largo.

–Nació 14 años después del centenario de la Independencia, otro tiempo, otra visión...
–Cuando yo era adolescente las chicas se derretían por ponerse de novias con un uniformado. Hoy corremos para el lado contrario los que sabemos que merecen que no sean respetados. Mis hijas me sacaron el polvo del cerebro y empecé a pensar en que tenían razón, que no es cuestión de darle lo que le sobra a uno o una dádiva al que no tiene porque eso es un remiendo. Queremos que cada uno tenga lo que merece como ser humano.

–¿Cómo ve a Raúl Alfonsín, primer presidente de esta nueva democracia?
–A Alfonsín uno lo valoró en su tiempo, ahora lo valora un poco distinto, porque en su tiempo nosotros acompañamos, festejamos el regreso de la democracia, sea quien fuera el presidente, que en este caso era él. Aparte de eso era una persona honesta, buena. Ayudamos y colaboramos en los juicios, no pedimos explicaciones sobre por qué la cuarta Junta no fue juzgada. Era todo muy nuevo, estábamos todavía crudas. Hoy el razonamiento sería distinto. Y después vinieron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida que fueron nefastas. Ahí ya había una controversia y el pedido de que eso no se hiciera y se hizo. También lo de La Tablada que ensució un poco su gestión, después los carapintadas y las "Felices Pascuas y "la casa está en orden" que después nos dimos cuenta que ni una cosa ni la otra. Pero en el contexto histórico de lo que continuamos viviendo y aprendiendo queda reducido a un periodo casi de transición donde llegar al poder no era fácil y los condicionamientos existían.

–¿Hoy comprende a Alfonsín?
–Hoy lo entiendo, antes no. Creo que hizo lo que humanamente pudo con errores y aciertos. Pero el respeto absoluto por él. Después vinieron gobiernos que ya conocemos bien la historia, no hay nada bueno para hablar del indulto y de todo lo que hizo el señor Menem. No hay nada bueno para hablar de De la Rúa, al contrario.

–Hay quienes plantean que no se puede seguir adelante sin saldar el pasado mientras otros piden no mirar más hacia atrás.

–Los que dicen eso o son ignorantes o son malas personas. Ignorantes porque repiten sin sentido ni conocimiento del contenido de lo que dicen. Y el que lo dice sabiendo es malísima persona, repudiable. Lo dicen con intención y hay allí una ignorancia o complicidad. Yo preguntaría, como decían ellos: por algo será que dicen que hay que olvidar. ¿Será que estarían ellos implicados y no quieren ser juzgados y condenados? Esconden o una ideología mala o una situación preocupante. En ninguna sociedad se fomenta el olvido.

–¿A futuro, puede haber coincidencias entre los que ven tan diferente todo?
–La grieta no existe. Aunque pensemos distinto podemos tener coincidencias para seguir juntos, no es para ser enemigos. La juventud tiene mucha participación, tiene claridad de pensamiento, son activos. Es una gran ventaja y esperanza. Pienso que si insistimos y defendemos la libertad de expresión y la verdadera democracia vamos a llegar a tener lo que necesitamos: concordancia, las cosas en su lugar, la condena al que hizo las cosas mal y el aplauso al que hizo las cosas bien. Hemos vivido más en dictaduras que en democracia. En algún momento se va a llegar a respetar lo que hizo el otro porque la costumbre del que gana, y eso lo dicen los políticos, es romper lo que hizo el otro que estaba antes. Si esta gestión está aceptando lo que otro hizo como bueno, que cambie lo que no es bueno para ellos pero que no rompa Tecnópolis, que no quiera desvirtuar el Centro Cultural Néstor Kirchner....

–Pensando en el contexto actual, ¿la corrupción es otra deuda ?
–Cualquier corrupto tiene que ser condenado sin distinción, venga de donde venga.

–Falta encontrar unos 400 nietos, ¿no los va a conocer?
–Por supuesto que no los voy a conocer, soy conciente. Por la edad que tengo y por lo que falta. Pero ya tenemos acá a los jóvenes que nos van a suceder.

–Su nieto Ignacio, que recuperó su identidad, acaba de ser papá. ¿En qué país cree que votará Lola cuando cumpla 18 años?
–Va a estar en un país muy muy lindo, si Dios quiere. Esta democracia es la más larga de nuestra historia, imperfecta pero es la más larga. Eso hay que tenerlo muy en cuenta. Y hay que hacer un brindis por eso. Si bien dicen que los golpes de Estado ya no son de militares sino de otro estilo, más sofisticados, acá no. Acá hay una formación ciudadana muy fuerte, en la juventud sobretodo y en los niños de las escuelas.