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Herminio, Menem y Cristina: el peronismo ensaya su canción de supervivencia

Imagen de FERNANDO GONZALEZ

por  FERNANDO GONZALEZ

Director Periodístico
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Si Mauricio Macri necesitaba una buena noticia el peronismo se la dio ayer. La mejor que podía recibir. Las imágenes del enfrentamiento en el principal segmento de la oposición y el quiebre del bloque peronista en la Cámara de Diputados son un bálsamo para el Presidente. No sólo le abre alternativas para armar una coalición parlamentaria que le permita sancionar leyes propias y derogar leyes ajenas. También le permite sazonar con una pizca de triunfalismo político un presente de dificultades marcado por los frentes económicos heredados, la inflación aún indomable y la efervescencia social.


Nadie puede sorprenderse por el proceso de depuración interna en el que ingresó el peronismo. Le sucedió después de cada derrota electoral y esta no podía ser la excepción. Antonio Cafiero y la renovación de los años ‘80 barrieron con Herminio Iglesias y la burocracia sindical que dominaba el PJ post dictadura. Néstor Kirchner emergió del 22% en el 2003 para pasar a retiro primero a Carlos Menem y después a Eduardo Duhalde. Y ahora son Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y la rabona bonaerense de Diego Bossio quienes construyen el escenario propicio para acelerar el epílogo de la tragicomedia kirchnerista. "Peor que la traición es el llano", suelen decir los campeones mundiales de la supervivencia.


Los gobernadores peronistas, mientras tanto, son los espectadores habituales de la franja intermedia. Y otra vez, Cristina es la gran incógnita. ¿Resistirá los vientos de cambio junto a los fieles que cada vez son menos? ¿O dejará que sus adversarios se repartan la herencia para recluirse en la Patagonia? El problema es que sus herederos son impopulares, a excepción de Daniel Scioli, quien insólitamente intenta sobrevivir en el universo ingrato del post cristinismo. Lejos de Maquiavelo y la política como "el arte de lo posible" está la Argentina. El país degradado que necesita, simplemente, un oficialismo eficaz y una oposición que se renueve para controlarlo.