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Fernández Meijide: los desafíos de la Argentina vistos desde los DD.HH.

La dirigente habló en el 53° Coloquio de IDEA donde desarrolló una ponencia leída en la que recordó distintas etapas de su vida en correlación con las diferentes fases de la historia del país y de los organismos que acompañaron su lucha.

Fernández Meijide: los desafíos de la Argentina vistos desde los DD.HH.

La exvicepresidenta de la Nación del gobierno de la Alianza y dirigente de derechos humanos, Graciela Fernández Meijide, dijo hoy que “se banalizan los derechos humanos si se los instrumenta como parte de la lucha política”. Según señaló, existe un problema serio cuando, en el marco de ese espacio de lucha, hay personas que consideran que detentan una “verdad que nadie puede discutir”.

Fernández Meijide, cuyo hijo Pablo permanece desaparecido, habló en el 53° Coloquio de IDEA que se realiza en Mar del Plata, donde desarrolló una ponencia leída en la que recordó distintas etapas de su vida en correlación con las diferentes fases de la historia del país y de los organismos de derechos humanos que acompañaron su lucha.

La dirigente recordó que los organismos fueron el ámbito donde miles de personas, familiares de desaparecidos, encontraron un lugar donde no ser juzgados o discriminados por tener un ser querido en esa condición. “No confluimos por coincidencias ideológicas sino que fuimos puestos ahí por las circunstancias, en un ámbito en el que tuvimos que construir confianza”, dijo y rememoró que, se incorporó a esas instituciones a partir de saber que “no podía sola, que necesitaba dar y recibir ayuda”.

“Debimos construir confianza, a pesar de las diferencias, no sólo con las personas de los organismos sino con otras, pocas, que sin tener familiares desaparecidos se solidarizaron con nosotros”, advirtió, a la vez que agregó que “eso nos hizo fuertes para interpelar a la dictadura”.

La primera etapa en su experiencia personal con esa tragedia fue, según Meijide, la de las preguntas. “Por qué a mí, por qué a Pablo, por qué a nosotros. No se cuanto tiempo se llevó ese período”.

Luego, recordó que “la cobardía de los dictadores nos impuso que matemos a nuestros hijos, es decir que tuve que admitir que habían asesinado Pablo”, situación tras la cual comprendió que iba a consagrar su vida, dejando al margen o postergando, cualquier otra ocupación, a la necesidad de predicar la “vigencia de derechos humanos y la perdurabilidad de la democracia” como claves para que “Nunca más”, ocurra lo que ocurrió en el país en los 70.

“Nunca más militares en el Gobierno, nunca más violencia, nunca más privación de la condición de ciudadanos. Yo fui no ciudadana”, reflexionó Meijide, quien también recordó que decidió ingresar en política luego de que, tras los juicios a las juntas, donde ella consideró que al haberse hecho justicia podía recuperar su condición de ciudadana, vinieron las leyes de obediencia debida y punto final y los indultos, “que no solo otorgaron impunidad a los militares sino también beneficiaron a las cúpulas guerrilleras, lo que todo el mundo olvida”.

Su ingreso en la política terminó, tras la caída del gobierno de Fernando De la Rúa, en una “nueva frustración, que me deprimió y por lo cual volví a pedir ayuda, que dieron, entre otros, un analista y mi familia”. 

Según Meijide, en etapa posterior al derrumbe de la Alianza ella tomó conciencia de que el consenso “del Nunca Más del 83” no estaba sólido como pensaba, lo que se le hizo nítido cuando empezó “la reivindicación de la lucha revolucionaria, por parte de quienes habían enfrentado a la dictadura, comenzó una justificación de la violencia como práctica política”.

Entonces -según la exdirigente del extinto Frepaso- se llegó al pico de utilización de los derechos humanos como bandera en la lucha política que hizo más difícil “una reconciliación con la que muchos se esperanzan a partir de un pedido de perdón de las partes pero respecto de la cual soy más escéptica y por lo tanto considero que el único camino es la Justicia”.

Según Meijide la superación de ese pasado requiere de una ciudadania vigorosa, de instituciones robustas, dejando atrás la intolerancia que toma al adversario como un enemigo. Para “para reducir la pobreza, mejorar la educación, la salud y la justicia, terminar con la corrupción, y las mafias, se necesitan políticas de Estado por las que deben responder las élites de poder, empresariales, sindicales, politicas. Las transformaciones no van a ser fáciles, pero es imperioso edificar una sociedad más integrada, más apegada a la institucionalización, una sociedad con más Estado de derecho”.