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Faurie, un diplomático peronista que tendrá línea directa con la Rosada

Se ganó la simpatía de Macri en el traspaso presidencial. Tras una gestión aprobada en Francia, país clave para sumarse a la UE, su llegada acentúa la influencia de Peña

Faurie, un diplomático peronista que tendrá línea directa con la Rosada

La designación de Jorge Marcelo Faurie al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto tomó por sorpresa incluso al mismo embajador, que ayer tomó un vuelo de urgencia desde París para estar hoy en la Casa Rosada e iniciar la transición, prevista para el 12 de junio.

Con 65 años, Faurie es el cuarto embajador de carrera en llegar al cenit de la proyección diplomática. Oriundo de Santa Fe, cursó sus estudios en el colegio jesuita de La Inmaculada –donde compartió pasillos con el entonces maestrillo de literatura Jorge Bergoglio– y se recibió de abogado por la Universidad Nacional del Litoral. Allí cultivó simpatía con el movimiento peronista.

Con funciones diplomáticas desde 1975, el número uno en el ranking de embajadores tuvo una activa participación en los albores del Mercosur, siendo embajador en Brasil de 1987 a 1989. En 1997 volvió al país como jefe de gabinete de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y un año más tarde asumió como director de Ceremonial. En 1999 asumió como adscripto al gabinete del gobernador bonaerense Carlos Ruckauf y, de su mano, ascendió a vicecanciller durante la época de Duhalde. Allí se relacionó con Fulvio Pompeo, hoy secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia.

Faurie fue embajador en Portugal entre 2002 y 2013. Regresó para ser director de Asuntos Culturales del Palacio San Martín, y sobre el final del kirchnerismo lo nombraron secretario de Cooperación Internacional. Desde esa posición colaboró, paralelamente, en la inserción de Mauricio Macri en el extranjero, reportando a Marcos Peña y a Pompeo.

En la campaña de 2015, el flamante canciller se acercó a Sergio Massa. No obstante, cuando Cambiemos ganó el ballottage, Faurie estuvo en el búnker con Macri para sugerirle un esquema de transición y hasta se le adjudica haber ideado el interregno a cargo de Federico Pinedo. Con eso se ganó la confianza presidencial, que lo envió a París, a una embajada clave para impulsar el ingreso argentino a la OCDE, atraer inversiones y torcer el lobby agrícola francés, opuesto al acuerdo comercial entre Mercosur y la Unión Europea.

El oficialismo ve a Faurie como un hombre que "comulga con la visión de la política exterior del Presidente" y que "sabe formar equipos de trabajo". Su ascenso es también una victoria para el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, que suscribe a un modelo de liderazgo internacional más centrado en la figura presidencial como hacedor de decisiones, por encima de los canales diplomáticos habituales. Así, Peña y Pompeo adquieren más gravitación en el Palacio San Martín. Con el doble éxito de hacerlo con alguien de "La Casa".

La designación es una estocada al cuerpo diplomático de identidad radical, que veía en Malcorra a una correligionaria más. Para la UCR, significa perder –una vez más– otro resorte de poder dentro de la alianza de gobierno. Y es también un claro mensaje para alinear a los embajadores de carrera con los planes de la Casa Rosada.

Los vínculos con el menemismo le provocaron tres denuncias judiciales a Faurie. Entre ellas, una presentación de la Oficina Anticorrupción ante la Justicia en 2002 por la omisión en su declaración jurada de una sociedad que había constituido junto al secretario privado de Menem, Ramón Hernández. Ninguna de las causas avanzó.