Martes  16 de Julio de 2019

Encuestas al banquillo: ¿por qué no siempre son confiables?

La proliferación de sondeos antes de las elecciones genera incógnitas acerca de la efectividad y su utilización. Con qué herramientas se trabaja y cuáles son los riesgos de sobrelectura de sus resultados. Y por qué muchas veces los pronósticos difieren entre unas y otras.

Encuestas al banquillo: ¿por qué no siempre son confiables?

Aprobación de gestión, imagen, intención de voto –incluso para la segunda vuelta electoral– y perspectivas económicas son algunos de los datos que se publican mes a mes en una gran multiplicidad de encuestas. En un año impar, en el que habrá elecciones, este fenómeno se potencia. En muchos casos, el impacto del dato puntual desposeído de contexto le gana a las cuestiones metodológicas, a las tendencias y a los atenuantes que pueda tener si se observa la película completa.

"Se sobredimensiona el valor de la encuesta", dispara Mariel Fornoni, socia directora de Management & Fit, quien justamente realiza sondeos de opinión política.

Según su visión, este fenómeno sucede porque los candidatos, en vez de decir qué van a hacer, "discuten cuánto miden. Y como los políticos no dicen nada, los periodistas también dicen cuánto mide cada uno". Pero en realidad, agrega, son pocas las veces en las que un candidato se sorprende con el resultado que obtiene en una elección.

Por otro lado, Fornoni recuerda que no hay que olvidar que el insumo de las encuestas "es lo que la gente dice que va a hacer, que no siempre es lo que hace". Por eso, cuenta que realizan preguntas de control. Por ejemplo, si se detecta a una persona indecisa en cuanto a la intención de voto, se le pregunta cuál es la imagen que tiene tanto de los candidatos del oficialismo como de la oposición, aunque reconoce que "cada vez más la gente dice menos lo que va a hacer en realidad".

Otra de las complicaciones que registra la analista es que mucha gente no sabe a quién votará con demasiada anticipación. Devela que "el 50% lo define un mes antes. Pero el 25% lo hace en la semana previa y el 10% adentro del cuarto oscuro", lo que conlleva inconvenientes sobre la eventual capacidad predictiva de los relevamientos.

Sobre el contexto actual, agrega la presencia de un fenómeno conocido, el voto vergüenza. "Hay mucha gente que insulta a Mauricio Macri y después lo termina votando. Y mucha otra no dice que va a votar a Cristina Kirchner (o a Alberto Fernandez ), lo cierto es que sucede en ambos casos", desarrolla.

Eso lo comprueban con preguntas complementarias de los cuestionarios. Por ejemplo, consultan sobre el voto pasado. Cuando los oficialismos están mal, son muy pocos los que confiesan haberles dado el voto, lo que refuerza las dificultades de guiarse por las declaraciones de los encuestados.

Diego Reynoso, director de la Encuesta de satisfacción política y opinión pública de la Universidad de San Andrés, aclara sobre la cuestión metodológica que ellos realizan encuestas online, ya que "los usuarios de internet son casi el 90% de la población", por lo que tiene más cobertura que los teléfonos fijos y también se reducen los sesgos de las entrevistas presenciales, ya que hay lugares alejados a los que es difícil acceder.

Sobre la utilidad de las encuestas, recuerda los conceptos brindados por Manuel Mora y Araujo, uno de los grandes referentes en la materia. Él diferenciaba tres instancias: conocer las opiniones del electorado, elaborar un diagnóstico y, finalmente, desarrollar una estrategia.

El tema, agrega, es que "todo el mundo toma el resultado para hacer una predicción. Eso tiene que ver con cómo se usan, no con el trabajo de la encuesta". Y ejemplifica la complicación de utilizar las encuestas de enero para escenarios de octubre, ya que suceden muchas cosas en el medio y los actores juegan su rol.

En este sentido, sostiene que su trabajo no es predecir, sino analizar. "No quiero caer en el juego de que soy bueno si acierto y malo si erro, es muy perverso", comenta. Además, añade que no conoce a nadie que quiera predecir, ya que "el stress que se que se vive es enorme".

Además, los actores tienen papeles activos, y que "a partir de las encuestas se pueden generar profecías autocumplidas, lo que cambia el resultado". Lo que plantea es que se puede decir una "burrada", pero tal vez los protagonistas actúan en función de eso, por lo que a la postre se puede cumplir.

Coincide con él Eduardo D'Alessio, director de D'Alessio IROL, quien cuenta que no hacen "predicción electoral, sino imagen de candidatos". Una de las dificultades de la actual coyuntura es la incertidumbre que hubo acerca de las candidaturas.

"A un mes del cierre de listas no se sabía quiénes serían los candidatos que aparecerían en las listas. Tendremos PASO y generales, entonces hablar de la segunda vuelta es muy prematuro. Se hacen hipótesis, pero estamos demasiado lejos y hay mucho margen de error", asegura, y justifica que por eso prefieren medir imagen de los protagonistas.

Agrega otros elementos que pueden atentar contra las predicciones. Por un lado, ejemplifica que en la última elección "el 7% confesó haber tomado la decisión adentro del cuarto oscuro, y en definitiva Macri ganó por dos puntos", por lo que la incertidumbre es grande. Esto se acentúa en el actual contexto, ya que se mantuvo una gran incertidumbre sobre las alianzas y las candidaturas hasta los últimos días.

Y, por otro lado, D'Alessio suma las dificultades de basarse en lo que la gente dice que va a hacer en el futuro. "Si te pregunto qué comiste, probablemente me digas la verdad. Pero si te pregunto qué vas a comer mañana, capaz que no es verdad, porque en el medio puede haber cambios que no estén previstos", ilustra.

Por todo esto considera que existe una sobreinterpretación de las encuestas, ya que, en muchos casos, "se difunden los datos parcialmente. Cuando que se publica una encuesta debería indicarse la ficha técnica, con el método de recolección de la información, lo que se hace cada vez más seguido".

Finalmente, Celia Kleiman, al frente de CK Consultores, contrasta con sus colegas, ya que sostiene, tajante, que "es mentira que las encuestas no pronostican. Si no pronostican es porque están mal hechas".

En este sentido, lo vincula a los análisis de mercado del sector privado, que usan técnicas similares. "Una multinacional toma decisiones millonarias antes de lanzar un producto. Si no pronosticaran, no lo harían", compara.

Por eso es que se detiene sobre la cuestión metodológica, y rescata que lo mejor "es tocar el timbre". Es decir, realizar entrevistas presenciales. Desconfía, por ejemplo, de los relevamientos telefónicos, ya que se encuentran pocos hombres y jóvenes, por lo que "hay que ponderar con muy pocos casos y se dispara el margen de error".

Sobre las encuestas online también agrega reparos, ya que, más allá de la cobertura, "el nivel bajo no se encuentra, ya que tienen sistemas prepagos". Según su visión, quienes consumen de esta forma no van a gastar los datos en completar una encuesta.

Igualmente, Kleiman no pierde de vista el tema de los costos, ya que reconoce que las encuestas online son las más económicas. El problema, según señala, es que "no hay precios, se cobra cualquier cosa una encuesta telefónica, entonces una presencial es imposible". Algo similar sucede con el tiempo, ya que todos quieren la información inmediatamente. "Una presencial a nivel nacional es cara y lleva tiempo. Entonces se forma un círculo perverso y es muy difícil salir de ahí", agrega.

Por último, destaca la importancia de saber interpretar los datos además de saber recabarlos. "Si uno tiene experiencia, los datos le hablan". Es decir, no solo se trata de hacer una encuesta, sino que también es importante cómo procesarla, cruzar las variables y leer los flujos de votos. "A veces parece que es una fábrica de pastas, que cualquiera puede salir a encuestar. Pero no, es una especialidad", finaliza.

¿Qué se decía en la previa a las elecciones generales de 2015?

Hace cuatro años el contexto electoral fue muy distinto. Mauricio Macri, Daniel Scioli y Sergio Massa estuvieron lanzados como los principales candidatos un año y medio antes de los comicios, a diferencia de lo que ocurre en esta oportunidad.

Es decir, había un candidato del oficialismo de aquel entonces, uno del peronismo disidente y otro opositor. La única gran modificación llegó cuando se conformó Cambiemos. Es decir, cuando el radicalismo y la Coalición Cívica se unieron al PRO y decidieron ir a las primarias.

A continuación, y como se ve en el cuadro, un repaso por los datos que informaban algunas de las principales encuestadoras después de las PASO de agosto y antes de las elecciones generales, en septiembre de 2015. Y, además, la comparación con los números finales de las elecciones de octubre, cuando Scioli se impuso a Macri por tres puntos, aunque luego no podría mantenerlo en la segunda vuelta.

En todos los casos se pronosticaba una mejor performance para el Frente para la Victoria. La fórmula Daniel Scioli – Carlos Zannini obtuvo un 37,08%. La encuesta que auguraba una peor performance le daba 37,9%, mientras que la que más confiaba en su candidatura preveía un 42,6%. Además, tres de las seis encuestas lo daban como vencedor en la primera vuelta, sin necesidad de recurrir a un ballottage.

A contramano, todas auguraban un peor resultado para Cambiemos. Mauricio Macri llegó al 34,15% el 25 de octubre, pero las previsiones calculaban entre un 26,7% y un 31,1%.

El caso de Sergio Massa fue más variable: obtuvo un 21,39% y las encuestas le daban entre 19% y 24,2%. Es decir, en el caso del tigrense los relevamientos previos estuvieron más cerca que en los casos de Scioli y Macri. Todos estuvieron en un margen de casi 3 puntos porcentuales de diferencia.

Luego de las elecciones generales de octubre, igualmente, la situación cambió. Es que casi todas las encuestadoras del mercado previeron la victoria de Cambiemos en el ballottage, lo que se comprobó en noviembre, cuando Mauricio Macri se impuso por casi tres puntos a Daniel Scioli.

Después de las generales de octubre se había registrado un cambio de tendencia. Es que no solo Macri quedó más cerca de lo previsto –fueron tres puntos, y se habían previsto entre 8 y 14 de diferencia–, sino que además la provincia de Buenos Aires tuvo su peso propio. Es que en octubre se confirmó el triunfo de María Eugenia Vidal, quien aseguró un resonante triunfo para Cambiemos.

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Revista Infotechnology