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En un acto con Juliana, Michelle impactó con su presencia y elogió a dirigentes locales

La primera dama de EE.UU. dio un discurso para impulsar su plan de educación a las niñas y promover el liderazgo de las mujeres. Awada le dijo que era su inspiración

Las comparaciones suelen tan ser odiosas como inevitables. La primera dama de los Estados Unidos, Michelle Obama, desplegó ayer con elocuencia su personalidad arrolladora, su buena oratoria y su pericia, al hablar en un acto encabezado en Barracas para impulsar su programa de educación global destinado a las niñas, en el marco de la visita oficial que realiza en el país su marido Barack Obama. Allí destacó el importante rol de las mujeres en la política argentina, acompañada por su par local, Juliana Awada. Su imponente presencia opacó, al menos por un rato, a la bella mujer de Mauricio Macri, más nerviosa en su nuevo rol asumido apenas hace tres meses, aunque sincera al reconocer su inexperiencia. Al presentar a Michelle en el encuentro ‘Let Girls Learn’ en el Centro Metropolitano de Diseño, reveló que el liderazgo de la estadounidense era "una inspiración" para ella.
En medio de un gran operativo de seguridad, el acto que significó el debut de Awada en una actividad oficial como primera dama y oradora, sin la compañía de su marido, comenzó cerca del mediodía. Vestida con un conjunto de camisa, pantalón y saco largo blanco, Juliana recibió cálidamente y entre elogios a la esposa de Barack Obama, que optó por un llamativo vestido azul eléctrico. "Cuando uno quiere curar enfermos, estudia medicina. Cuando uno quiere construir una casa, estudia arquitectura. Pero cuando una elige acompañar a su marido en una tarea con tanta responsabilidad como es ser Presidente, no estudia para ser Primera Dama. Por eso valoro mucho la charla que tuvimos antes de venir acá con Michelle. Ella me compartió su historia, me dio algunos consejos y me inspiró. Y ahora le toca a ustedes escucharla", afirmó Awada al referirse al breve encuentro que mantuvieron antes de los discursos.
Al subir al escenario, Michelle Obama agradeció a la "adorable" primera dama argentina y convocó a la platea, integrada por jóvenes estudiantes de dieciséis escuelas secundarias privadas y públicas de la Ciudad, a educarse para convertirse en "agentes de cambio" y poder empoderar a las mujeres. "Gracias a mi educación tuve oportunidades que mis padres nunca pudieron soñar para ellos. Estoy aquí porque quiero lo mismo para todas ustedes", expresó. E inmediatamente contó que había nacido "en un barrio como este, en la parte sur de Chicago". "Tuve la fortuna de ser criada por padres muy trabajadores. Ninguno de ellos tenía un título universitario y no hacían mucho dinero", contó la primera dama estadounidense. A tal punto que compartía una pequeña habitación con su hermano, cuyo ancho apenas daba para abrir los brazos, agregó. Michelle prosiguió para contar que soñaba con ir a la universidad, convertirse en abogada, algo que logró, y ayudar a familias humildes como la suya. Desde la platea, Awada no pudo contener las lágrimas.
"Necesitamos que todas ustedes consigan su educación y se levanten como líderes", recalcó Obama. Fue cuando mencionó especialmente a la "primera gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal", y a la dirigente social Margarita Barrientos por su trabajo en el comedor Los Piletones de Villa Lugano. También destacó que el Congreso argentino tenga uno de los mayores porcentajes de mujeres del mundo y que haya tenido presidentas y vicepresidentas, un "hito" que aún no ha conseguido su país. Pero la mención más especial fue para las mujeres que promovieron el año pasado la movilización contra la violencia de género ‘Ni una menos’. "Las mujeres sufren violencia doméstica y abusos. Necesitamos jóvenes mujeres que se eduquen y eduquen a sus hijos con honor y respeto hacia las mujeres", enfatizó
Durante los 20 minutos que duró su discurso, habló sobre las injusticias que sufren las mujeres de todo el mundo, como los salarios más bajos, la violencia doméstica y la dificultad de conciliar la vida familiar con la carrera profesional.
Al finalizar, y como si fuera una estrella de Hollywood, la primera dama estadounidense saludó con besos y accedió a tomarse algunas ‘selfies‘ con las adolescentes que la escucharon embelesadas, en medio de un silencio prodigioso.

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