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Empezó el cruce del ‘desierto económico’ y las metas oficiales parecen un oasis lejano

Imagen de HERNÁN DE GOÑI

por  HERNÁN DE GOÑI

Subdirector Periodítico

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Empezó el cruce del ‘desierto económico’ y las metas oficiales parecen un oasis lejano

Los datos de la recaudación impositiva de febrero, conocidos ayer, son apenas una muestra de la dura travesía que deberá recorrer la economía en el primer semestre del año. La estrategia del Gobierno fue instrumentar desde el arranque todos los beneficios fiscales comprometidos durante la campaña electoral, y apelar al endeudamiento para financiar el bache. Este camino no está exento de costos políticos y económicos, y por esa razón algunas voces pidieron subir la apuesta y aplicar recetas igual de antipáticas pero que pueden garantizar resultados más perdurables. Los primeros traspiés del gradualismo (la escapada reciente del dólar, favorecida por la baja inicial de tasas que aplicó el BCRA) lograron que los voceros del ala dura volvieran a recibir más atención dentro del Ejecutivo. La realidad, de todos modos, es que el ala política cree que la búsqueda de gobernabilidad condiciona y anula cualquier chance de tomar un rumbo más audaz.


Los analistas creen que hay inconsistencias que no convencen. La deuda que tomará el Gobierno no solo cubrirá el pago a los fondos buitre: también auxiliará al Tesoro. Esos dólares deberán ser canjeados por pesos, que se sumarán a los fondos que inevitablemente tendrá que girar al Central a Economía para cubrir gasto corriente. Al organismo monetario ya le cuesta domar la emisión, inflada por los contratos de dólar futuro y la dificultad que encuentra para cubrir los crecientes vencimientos de Lebac (los bancos no dan abasto porque también vuelcan pesos a títulos del Tesoro). En este escenario, advierten, si no se baja más el gasto habrá riesgo de que la emisión genere inflación y neutralice la recuperación del tipo de cambio, clave para destrabar la inversión privada que debe compensar los efectos del ajuste en el Estado.


No hay una opción fácil. Las metas oficiales de inflación y déficit fiscal todavía parecen lejanas. Aún para el Gobierno, que sabe que el exitismo argentino no le dará un año para empezar a juzgarlo por la falta de resultados.