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El velo de la inflación, las tarifas y la confusión populista

El velo de la inflación, las tarifas y la confusión populista

Ya he comentado, en una nota anterior, la necesidad de abandonar el populismo tarifario y hacer un giro de 180 grados en la desastrosa combinación de aliento artificial a la demanda, desaliento de la oferta y corrupción que caracterizó la política energética de los años K.

Quiero, ahora, llamar la atención sobre algunos aspectos del fallo de la Corte Suprema que, a mi entender, obligan a una discusión más amplia, sobre todo si, además, se extiende a las tarifas del resto de los servicios públicos.

Primero la economía. Cabe destacar, que, en la práctica, no se está discutiendo un aumento de tarifas. Las tarifas deben ser fijadas en una revisión integral que incluye cuestiones vinculadas con inversiones, condiciones de prestación del servicio, plazos y otros elementos que habrá que negociar con las empresas proveedoras. Lo que hoy se está discutiendo es, dados los costos actuales, qué parte de dichos costos se cubren con precios pagados por los consumidores y qué parte se cubre con precios pagados por toda la sociedad con impuestos, endeudamiento e inflación.

La Corte no toma en cuenta, entonces, que la razonabilidad consiste en discutir el “mix” precios pagados directamente por los consumidores y precios pagados por toda la sociedad. Qué proporción de esas tarifas se subsidian y a quiénes. La Corte, en la mejor tradición populista, decide “discriminar” en favor de los consumidores residenciales, pero ¿No es más razonable que cada uno pague por lo que consume, y que el Estado sólo cubra, exclusivamente, a los sectores más vulnerables de la sociedad, con fondos de todos? ¿No es ésa una distorsión que el populismo nos ha dejado en nuestro ADN cultural, la idea de que existe la palabra “gratis”, para el fútbol o para la electricidad o el gas, cuando en realidad algunos se gastan la plata de todos, en el fútbol, y otros calefaccionan piletas, pagados por quienes no tienen siquiera gas natural?

Pasemos ahora a la cuestión de los precios. Como mencionara, por el sistema de subsidios ideado por la administración K, no se sabe cuáles son los precios “razonables” de la provisión de servicios públicos. Éstos recién surgirán de una revisión integral de los contratos. Por ahora, tenemos, citando a un colega, una “galleta tarifaria” armada por el gobierno anterior, y una clara necesidad de empezar a modificar el mix arriba comentado. Pero aun ignorando los verdaderos precios, podríamos correr “el velo inflacionario” que no deja ver la realidad.

La mayoría de los precios en la Argentina entre 2001 y 2015 se multiplicaron por 10 o por 15. En el caso de las tarifas públicas, los precios que pagan los consumidores, en el peor de los casos, se multiplicaron por 3 o por 4. Algunos casi no variaron.  En otras palabras, las tarifas cayeron en términos reales, no subieron. Ajustarlas, bajando subsidios, entonces, no es un “tarifazo”, es, simplemente, llevarlas lentamente, a su valor real. ¿Por qué era razonable el precio regulado del dólar multiplicado por 9, en el mercado controlado hasta diciembre de 2015 y no es razonable el precio regulado del gas multiplicado por 4 en agosto de 2016?

Por otra parte, la Corte no toma en cuenta que estos precios de la electricidad y el gas alientan el derroche de combustibles contaminantes. Resulta curioso que la misma Corte que se preocupa por la contaminación del Riachuelo no se preocupa por la contaminación en general incentivada por este esquema de subsidios.

Finalmente, la “política”. La Corte, correctamente, introduce la discusión en torno a las audiencias públicas, y a las atribuciones de cada poder del Estado.

Después de la reforma constitucional del 94, la Argentina es hoy una extraña combinación de democracia representativa, democracia directa, y democracia deliberativa.

En ese contexto, la discusión respecto de qué papel cumple la democracia representativa (el Congreso), la democracia directa (referéndums) o la democracia deliberativa (audiencias públicas), y qué atribuciones le quedan al Poder Ejecutivo, por delegación del voto, no es un tema menor.

La Corte ha ratificado la potestad del Ejecutivo de determinar los precios regulados, en el marco de las leyes que dicta el Congreso. Pero, como establece la reforma del 94, limita las facultades de la regulación de precios por parte del Ejecutivo, a la realización de audiencias públicas que no deben ser un “mero trámite informativo”, sino que deben tener en cuenta las opiniones de los distintos sectores presentes en dichas reuniones. En la teoría, todo muy lindo. Ahora, en la práctica, sin la discusión integral que incluye inversiones, etc. y con nuestra “tradición” populista, ¿Quiénes van a aceptar que les suban las tarifas, en lugar de seguir recibiendo el “regalo” de toda la sociedad”? ¿Si todos votan en contra, qué pasa? Sobre este tema la Corte no se expidió.  Son “no vinculantes” pero…

En síntesis, el espíritu del populismo sigue predominando en la discusión pública argentina. La Corte Suprema, con todo respeto, ha perdido una gran oportunidad para empezar a alejarlo.

Como decía los otros días, no hay que bajar los brazos, habrá que seguir insistiendo.

 

* Vicepresidente del Banco Nación

Las opiniones del autor son a título personal

 

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Comentarios4
Luis José Mattiuz
Luis José Mattiuz 25/08/2016 04:24:15

En definitiva , la CSJ se preocupa por lo " justo y razonable " , adjetivos a los que si no se les asigna un valor nada significan . ¿ y el adjetivo " sustentable " ? . Bien gracias .

Chris MB
Chris MB 25/08/2016 04:03:07

La CSJ es peronista y busca desfinanciar al gobierno no peronista desde dos dias después del ballotage con el 15% de las provincias que ignoró mientras gobernaban los del palo.

Héctor A. Hermida M.
Héctor A. Hermida M. 25/08/2016 01:56:11

Me pareció excelente. República necesita representantes con: 1. Buena Fe, 2. Humildad, 3. Conocimiento. Hoy faltan en el Legislativo y Judicial. Solo progresaremos a fuerza de "milagros".

Umberto Guglielmone
Umberto Guglielmone 25/08/2016 01:25:05

Bravo! qué opiniones lúcidas tiene Ud. Espero que mucha gente encuentre el camino de la reflexión seria. Espero que pueda seguir con su columna en El Cronista.