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El problema Trump se suma a la silenciosa inflación industrial

por  HORACIO RIGGI

Editor de Economía
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El triunfo relativamente inesperado de Donald Trump le sumó un dolor de cabeza a la Argentina. Ahora se vienen tiempos de incertidumbre financiera, dicen los analistas previendo un mercado volátil. Si esto es así, tal vez el equipo económico que comanda Alfonso Prat-Gay tenga que detenerse en su afán se endeudarse para cubrir el déficit fiscal que le dejó el kirchnerismo, y que el Gobierno, también es cierto, en vez de combatir lo acrecienta.

No es fácil frenar el déficit. Todos los economistas dicen tener la fórmula, pero la aplicación de las recetas muchas veces no conjugan con el ritmo de la política. Los bonos de fin de año para los empleados estatales son simplemente un ejemplo de cuánto la política puede torcerle el brazo a la economía.

Desde que asumió Macri, gobierno, provincias y bancos recibieron u$s 40.000 millones en préstamos, con lo que la deuda pública queda cerca de los u$s 200.000 millones, una cifra que representa casi el 30% del Producto Bruto Interno (PBI). Es verdad, que una parte, u$s 9300 millones, se destinaron para pagarle a los holdouts, una medida injusta o no, pero imprescindible para volver a los mercados.

En definitiva, está bueno que le presten al país, pero tales préstamos deberían estar alineados con el crecimiento y no con la acumulación de deuda para cubrir el déficit público. Hay que recordar que la Argentina entró en default en 2001, luego de mantener durante una década un atraso cambiario que le costaba u$s 12.000 millones anuales de déficit y una deuda que le ahogaba cualquier posibilidad de crecimiento real de su economía.

Y el atraso cambiario en 2016 volvió a estar presente. Y probablemente lo vuelva a estar el año próximo. Si esta situación se suma a la casi segura suba de las tasas internacionales y al aumento que están teniendo algunas materias primas, la competitividad local puede seguir perdiendo terreno. Pero a este combo se le suma una inflación que se viene pero que por ahora es tan silenciosa que no se nota: la inflación de los commodities industriales.

En lo que va del año, los precios internacionales de las materias primas utilizadas como insumos industriales en diferentes sectores manufactureros aumentaron considerablemente. Los analistas hablan de la recuperación de los metales después de tres años de crisis. Pero si bien el panorama puede presentar oportunidades para los países latinoamericanos, que son grandes productores de materias primas, también afecta la producción industrial con valor agregado.

El carbón de coque aumentó u$s 192 por tonelada, llegando a valer u$s 266 la tonelada (suba del 268%). El carbón de coque es utilizado fundamentalmente como materia prima en los altos hornos junto al mineral de hierro para producir acero. El carbón es también utilizado en la generación de energía eléctrica, afectando a diversas industrias, entre ellas la de aluminio.

"Una de las principales razones de la escasez de suministro global actual se debe al freno que China colocó sobre la producción de carbón nacional en abril, limitando el número de días que los mineros pueden trabajar, en un esfuerzo para reformar la sobrecapacidad del sector. Además, las fuertes lluvias en los yacimientos de carbón del norte de China han causado interrupciones en las minas y ferrocarriles locales", dijo The Wall Street Journal en junio de este año.
Pero el carbón no fue el único aumento. El mineral de hierro subió u$s 26 por tonelada, lo que marca un aumento de 61%. El zinc se colocó a u$s 938 por tonelada con un encarecimiento de 60% y registrando el mayor número en cinco años.

Por toda esta situación, la pelea que enfrenta el Gobierno para bajar los precios, se tiene que mirar con lupa. Si todo sigue a este ritmo, no sólo pueden subir las tasas con Trump y encarecer el endeudamiento local, sino que hay otras aristas que colaborarán para que aumenten precios vinculados con la producción industrial y que indefectiblemente afecten a la economía argentina en el corto plazo.