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El presidente que cruzó las barreras del racismo nos invita a dejar atrás la confrontación

Imagen de FERNANDO GONZALEZ

por  FERNANDO GONZALEZ

Director Periodístico

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El presidente que cruzó las barreras del racismo nos invita a dejar atrás la confrontación

La historia va más rápido que las ideas. Mientras los intelectuales del mundo todavía siguen discutiendo sobre las supuestas bondades y los perjuicios del capitalismo liberal o del estatismo de matriz socialista, Barack Obama y Raúl Castro se reunieron en Cuba para dejar atrás medio siglo de confrontación sin resultados exitosos a la vista. El bloqueo comercial estadounidense sirvió de poco y el regimen cubano de partido único se deterioró sin remedio cuando cayó la Unión Soviética como proveedor indispensable. Las discusiones y los enfrentamiento de tantos años perdieron sentido cuando se cristalizó la imagen del primer presidente negro de los Estados Unidos con la gigantografía del Che Guevara asomando en la Plaza de la Revolución.

Es ese mismo Obama el que llegará esta noche a la Argentina para reunirse con el presidente Mauricio Macri y ponerle fin a una década de distanciamiento con la primer potencia planetaria. Una fricción que no nos sirvió de nada y que ayudó a consolidar el aislamiento de un país que pasó del crecimiento a tasas chinas impulsado por el valor de la soja a la recesión, el déficit fiscal, la inflación y el default técnico con el que terminó la gestión del kirchnerismo.

Obama ha demostrado ser un presidente valiente. Un dirigente que llegó al poder cruzando las barreras del racismo, que redujo el despliegue bélico mundial de los Estados Unidos que habían agigantado sus antecesores y que tomó la decisión de acortar el camino de regreso a una relación normal con Cuba. Su presencia en la Argentina no garantiza el retorno a la prosperidad de nuestro país pero es una oportunidad para retomar el camino de la racionalidad política y económica que hemos perdido en el altar de los ideologismos pasados de moda.