El post debate: Macri y una señal para activar el operativo confianza

Con fe, con esperanza y confianza. Hay que transmitirlas, convencer a los propios, a los escalafones más bajos que vislumbran un fin de año negro. El primero que debió hacerlo fue Mauricio Macri. Si en el primer debate moderó las chicanas y le bajó el tono al optimismo, en el segundo el clima era muy diferente.

El escenario porteño jugó a favor. A Santa Fe el Presidente llegó sobre la hora a la Universidad Nacional del Litoral. Aterrizó en el aeropuerto de Sauce Viejo amenazado por una tormenta –que el día anterior había hecho transpirar a los organizadores ante la posible cancelación del vuelo que llevaba a los moderados a la capital provincial- y se dirigió directo a la casa de estudios. A diferencia de los otros candidatos no había hecho reconocimiento del lugar. A la Facultad de Derecho también llegó con el tiempo justo, pero en ese mismo espacio, cuatro años antes, se consagró ganador del debate en el imaginario colectivo al conseguir que su frase "¿Daniel, en qué te has transformado?" sea lo más recordado.

A Derecho también llegó con una masiva convocatoria en su espalda. La marcha porteña del #SíSePuede reunió a cientos de miles de personas en la avenida 9 de Julio, con estimaciones que van desde las 300.000 hasta las 500.000 personas depende quien lo enuncie. El número es anecdótico. Lo cierto es que hubo un espaldarazo, claro que fue en la tierra que vio nacer al PRO.

Si en Santa Fe los dirigentes y ministros invitados del oficialismo no circularon el área de prensa en la previa porque arribaron junto al Presidente, en Buenos Aires fue muy distinto. El mismo Marcos Peña se paseó por el salón donde se habían montado los sets de televisión y dio notas a todos los medios. Transitó el pasillo con la confianza necesaria como para no perder la cortesía y detenerse a saludar a los candidatos de la izquierda.

El azar ubicó en el segundo debate a Macri y Alberto Fernández uno al lado del otro. La polarización que comenzó a cristalizarse después de las PASO se materializó allí. El candidato de Juntos por el Cambio salió a escena con una actitud más firme, con exposiciones donde recordó los casos de corrupción del kirchnerismo y el pasado como jefe de Gabinete de Cristina Kirchner. El del Frente de Todos no se achicó; lo observaba atento cuando el Presidente hablaba y en ocasiones recogía el guante y le respondía. Sacó a relucir el pasado de Franco Macri y las irregularidades en la concesión del Correo Argentino y Macri no esquivó el comentario. Fue cuando más auténtico y enérgico se lo escuchó. La mención a su padre fallecido lo había enojado o así nos lo hizo creer. Incluso se filtró un supuesto tenso intercambio de palabras al respecto en el detrás de escena. En un contexto de derrota el Presidente se mostraba firme y confiado.

El post debate encontró a los asesores del Gobierno hablando de ballotage. "Lo estamos viendo en el interior, con las movilizaciones. Esto es igual a 2015 cuando nadie confiaba y lo dimos vuelta", arengaban. El primero que lo había manifestado en voz alta había sido el mismo Macri. En clave de humor se refirió a que tendría que escuchar nuevamente a Fernández en el debate previo a la segunda vuelta. A días de las elecciones transmitir que el Frente de Todos no la tiene tan fácil es la bala de plata. Porque si hay fe se puede esperar un milagro.

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