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El cordón industrial y los estados péndulo fueron clave para la victoria republicana

Hillary logró un importante apoyo de los latinos y negros, pero el voto blanco y masculino inclinó la balanza hacia Trump. Bajó la participación ciudadana

El cordón industrial y los estados péndulo fueron clave para la victoria republicana

Finalmente el voto popular en los Estados Unidos favoreció, por un escaso 0,2% a la representante demócrata, aunque el que se llevó la presidencia fue el republicano. El sistema del voto indirecto, entonces, es la primera clave de la victoria de Trump.

Hillary logró en California más de cinco millones de votos y Trump tres millones. Una diferencia de dos millones de votos que le reportó a la candidata los 55 votos electorales en juego. En Florida, en cambio, la diferencia fue de sólo 120.000 votos, en un empate técnico de 4,5 millones de votos para cada uno, pero Trump se llevó los 29 electores en juego.
La participación popular, que era una de los puntos más analizados en lo previo, también ayudó a los opositores. Votaron casi 120 millones de personas. Fueron 10 millones menos que en 2012, la misma cantidad de sufragios que perdió el Partido Demócrata.

El millonario, en cambio, logró la misma cantidad de adherentes que Romney cuatro años atrás.
Otro elemento que estuvo en primera línea durante el escrutinio fue el resultado final de los llamados "Estados pendulares", distritos donde el apoyo a ambos partidos es muy parejo y suelen cambiar de bando de una elección a otra. Allí el republicano logró resonantes victorias. Sobre todo en Florida y Carolina del Norte, que le reportaron el grueso de los electores necesarios para lograr el número mágico de 270.
Sin embargo, la composición del electorado que aportó a cada uno de los candidatos contiene los elementos de análisis más jugosos.

Los "Estados industriales" del norte, es decir Ohio, Michigan y Pennsylvania le dijeron sí al empresario de la construcción. Poblados por mayorías "blancas" y azotados por años de cierre de empresas y altos índices de desempleo, apoyaron a un outsider que prometió protección estatal para la recuperación de sus fábricas.

Al observar el mapa del comicio se aprecia de manera gráfica y inequívoca que de las ciudades importantes, sobre todo las cabeceras de los Estados, salieron en su mayor parte los votos azules. En el resto del país, ciudades de poblaciones más escasas y zonas campesinas, el rojo dominó con contundencia.

En cuanto a la composición étnica, es interesante ver que los latinos -que eran el arma secreta de los demócratas para ganar la elección- llegaron en masa a las urnas, pero no lograron torcer la historia. Un 65% de los latinos votó a Hillary, mientras que el 29% lo hizo por Trump. En la elección de 2012 Obama recogió 72% de los ciudadanos latinos. La promesa de romper las relaciones con Cuba aparentemente hicieron efecto y en Florida un 52% de los cubano-estadounidenses eligieron a Trump.

La elección también mostró diferencias por género.
El voto blanco, masculino y adulto fue demasiado contundente en favor del ganador. Logró un 63% en todo el país. Entre las mujeres blancas la misma tendencia sólo llegó al 52%. Los negros, en cambio, apoyaron de manera masiva a Clinton. Los varones con un poco menos de fervor. Ellos lo hicieron en un 80% y ellas en un 93%.

Una vez más el bipartidismo se hizo presente en forma contundente. En escasos lugares los terceros partidos pudieron hacer pie. El candidato del partido libertario Gary Johnson obtuvo sólo el 3,2% y la "verde" Jill Stein fue incluso más pobre, logró sólo el 1%. Las especulaciones que indicaban que obtendrían el apoyo de los desencantados con los candidatos principales no se observaron.