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El beneficio a largo plazo de importar bienes tecnológicos aún es poco visible

Imagen de HERNÁN DE GOÑI

por  HERNÁN DE GOÑI

Director periodístico
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La importación de bienes tecnológicos que busca incentivar el Gobierno con la baja de aranceles todavía deja dudas. El efecto buscado, que es incorporar más computadoras con la idea de impulsar el conocimiento, la innovación y crear más oportunidades para obtener un salto de calidad en la economía, apunta claramente al
largo plazo. En el corto, queda por delante no solo resolver la transformación productiva de las empresas que hoy ensamblan notebooks, tablets y terminales de escritorio, sino explicitar un poco más por qué se busca cambiar el modelo de producción local por uno de importación.

El oficialismo eligió promocionar el beneficio más débil: la baja de precios. Lo que sucederá es
que aquellos productos que continuarán armándose en la Argentina difícilmente reduzcan más su
valor al consumidor de lo que lo hicieron este año.

Las empresas saben que el factor de protección que reemplazará al arancel es el costo de viajar para
comprar estos bienes en el exterior. Ir a Chile o EE.UU. no es una posibilidad que está al alcance de todos. Y vivir con los costos argentinos, que incluyen impuestos más altos en casi toda la cadena, seguramente incentivará a los productores a mantener algo de la rentabilidad perdida.

La evaluación de esta política hasta ahora se hizo más por pérdidas de empleo que por la chance de tener acceso a computadoras de mayor calidad.

Al Gobierno le faltó transparentar más el costo fiscal que le generaba al Estado sostener un régimen como el de Tierra del Fuego, en el que además de beneficios para importar las partes que luego se armaban en la isla, también pagaban menos IVA y Ganancias. Los productos no eran baratos ni tampoco de última generación.

La Argentina decidió que fabricar tecnología que no puede exportar a ningún mercado dejó de tener
sentido. Todavía tiene que explicarlo un poco más.