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El PJ llamó a internas para el 8 de mayo en un clima de peleas y autocríticas

Después de doce años de kirchnerismo volvió la discusión en el justicialista. Hubo un cruces y reclamos por la derrota electoral y hasta silbidos para Miguel Pichetto

A las 20.41 comenzó a sonar por los parlantes ‘La Marcha Peronista’, tradicional gesto sonoro para dar por terminado el cónclave justicialista. Pero a diferencia de las reuniones exprés que se hicieron con Cristina Fernández de Kirchner, la cumbre de ayer no duró 7 minutos: se extendió casi por dos horas. El tiempo, inédito, se llenó de autocríticas (algunas) por el 2015 que quisieran olvidar, repartija de culpas (más propias que ajenas) por la derrota electoral, reclamo de apertura de las puertas de la sede de Matheu al 100 a los que se fueron y pedidos de bajar el tono contra el macrismo o exigencias de subir la temperatura. Todo eso sobrevolando la palabra "traición", minimizada y esgrimida por igual hacia Diego Bossio y los otros diputados que ayer, justo en vísperas del mitín pejotista con el slogan "Unidos somos el futuro de un gran país" en los banners, rompieron con el bloque del Frente para la Victoria.
"Afuera hay una gran expectativa de que nos agarremos a las trompadas", admitió al cerrar la cumbre Eduardo Fellner, presidente de transición del PJ, nombrado el año pasado por un artilugio de la ex Casa Rosada, recurrido ante la Justicia, lo que motivó al partido a convocar a elecciones a sus 3,4 millones de afiliados para el 8 de mayo.
Esta fue la excusa formal de la invitación de ayer para el Consejo Nacional en el quincho partidario (obra arquitectónica de Carlos Menem). Una obligación jurídica que derivó en un debate político poco antes visto en público en el FPV. Al punto de casi cumplirse la advertencia de Fellner cuando los ex precandidatos a gobernador bonaerense, Aníbal Fernández (que reapareció ayer con barba) y Julián Domínguez se van a las manos en la previa.
Mientras afuera, en la calle, La Néstor Kirchner de Guillermo Moreno coreaba "vamos a volver", en el quincho colmado también hubo cruces. Más dialécticos. "No nos tenemos que putear por los medios. No hablemos tan rápido de traidores. No hay que estigmatizarlos. Hay que traerlos de nuevo", clamó Fernando "Chino" Navarro, diputado bonaerense del Movimiento Evita. "Hay que pensar en los que tienen responsabilidad electoral. Algunos creen que están en una etapa pre-insurreccional", bramó el senador Miguel Angel Pichetto, quien varias veces debió aclarar para frenar incipientes chiflidos: "No estoy defendiendo a este Gobierno pero algunos hablan como si llevara 2 años en ejercicio".
El ex cazatraidores Mario Ishii, intendente de José C. Paz, fue el más duro: "Les dije que estaban equivocados con la estrategia electoral. No me dieron bola. Nos hicieron perder". La figura de Cristina Kirchner estaba implícita en el reclamo de autocrítica. Pero cuando se la mencionó, como Agustín Rossi, con furcio por olvidarse el "ex" en "la Presidenta", se la aplaudió. "Todos aceptamos cómo se hicieron las listas", intentó mediar el cegetista Antonio Caló.
"Nos quieren dividir para derogar la Ley Cerrojo", acusó Jorge Capitanich, que no fue el único que vio la mano del macrismo en la ruptura del bloque.
Entre tanta queja, el ex secretario cristinista Oscar Parrilli, fue el encargado de recordar: "Tuvimos muchos éxitos. No sólo hay que ver los errores. Nos fuimos con una plaza llena".
Así pasó el primer round. El se gundo, a fin de mes (ver aparte), promete ser más espectacular.