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El Gobierno abre el diálogo pero busca condicionar a los gremios

Desde Casa Rosada insisten en promover acuerdos sectoriales, pero rechazan que se modifique el rumbo económico. Triaca y Cabrera, los ministros con más actividad

La UIA en su última Conferencia Industrial pidió una reforma tributaria

La UIA en su última Conferencia Industrial pidió una reforma tributaria

"Aceptar lo que propone la CGT en términos macroeconómicos, es regresar al kirchnerismo. De ninguna manera lo vamos a tolerar". La frase la pronunció un ministro de la primera línea del Gabinete nacional, pero la comparten en la mesa chica del Gobierno y es la bajada de línea que llega desde el presidente Mauricio Macri. Aun conscientes de la masiva movilización del martes, y ante la inminencia de una convocatoria formal a paro general, en Casa Rosada refuerzan el llamado a un diálogo sectorial, pero se niegan a darle crédito a la radiografía de país que imprimen desde la central obrera.


En la estrategia de Cambiemos para combatir el discurso cegetista surgen dos ministros como puntales. Por un lado, Jorge Triaca, responsable desde Trabajo de tender puentes con los sindicatos y de transmitir en el mano a mano la postura oficial, que diseñan al detalle el triunvirato de Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui.

El ministro está abierto a seguir negociando con los gremios en un marco de expectativas de inflación que acompañen los índices del Banco Central, de cerca del 17% anual. Pero también quiere tener en claro quién o quiénes toman las decisiones en Azopardo, algo que en el Gobierno no quedó evidente luego de los incidentes en el final de la marcha.

Alineado con esa pata política, pero con el sustento de los números que promueve desde el Ministerio de Producción, surge la figura de Francisco Cabrera, acompañado por los principales funcionarios de dos secretarías clave: Miguel Braun, de Comercio, y Martín Etchegoyen, de Industria. Desde allí se combate la visión económica que imponen desde la CGT, sobre todo la discusión en torno a la apertura indiscriminada de importaciones y a la caída del empleo, que desde el Gobierno niegan.

"Las importaciones de 2016, comparadas con 2015, se redujeron en un 7%" y "el año pasado cerró con 12 millones de trabajadores registrados" son las dos frases que repiten los funcionarios, como contraste a las estadísticas que destacan en la CGT, que hablan principalmente de "300.000 empleos perdidos". Al respecto, desde el Gobierno reconocen que fueron "90.000", pero aseguran que están creciendo "a un ritmo de 15.000 por mes".

De acuerdo a la versión oficial, en un intento de mostrar un avance en las negociaciones, se insistirá en abrir el diálogo con sectores que estén afrontando circunstancias complejas, como el textil y el calzado, así como también con la empresa Sancor, que anunció en las últimas horas suspensiones y despidos. Así, esperan que la CGT frene un paro que parece inevitable y que puede perforar la imagen de la gestión macrista en un año electoral. En el Gobierno no desconocen la importancia de ganar la elección legislativa, pero aseguran que aún no es tiempo de hablar y especular sobre el tema, y que esa posición los diferenció, y lo sigue haciendo, del resto de la clase política.

Macri, mientras, siguió con su agenda en Olivos, alejado geográficamente del corazón las discusiones más pesadas de este comienzo de marzo: el desplante de la CGT y la negativa de los maestros bonaerenses a comenzar las clases en la provincia que administra María Eugenia Vidal. Ayer, en una reunión de seguimiento que tuvo con funcionarios del Ministerio de Educación, encabezados por Esteban Bullrich, el Presidente volvió a ratificar el rumbo oficial de las negociaciones.