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Economía feminista: ¿moda o necesidad?

Los debates entre las diferentes teorías económicas sumaron en el último tiempo una nueva corriente. En la Argentina hay especialistas que estudian las desigualdades y hasta una materia en la UBA.

Economía feminista: ¿moda o necesidad?

Los modelos tradicionales de ordenamiento social están en crisis. Esto no es nuevo. Las mujeres son el movimiento que, en la actualidad, más cuestionamientos está haciendo sobre la familia, sus propias trayectorias profesionales y el respeto de sus derechos. 

El mandato tradicional de familia prácticamente no existe: el hombre ya no es el único sostén de la casa, las mujeres hace mucho que integran el mercado laboral y quien se ocupa de la crianza de los niños es muchas veces otra mujer mientras los padres no están en el hogar.

A pesar de haberse incorporado de forma masiva en el mercado laboral, hoy las mujeres en la Argentina ganan menos que los hombres por igual puesto y tarea, son el grupo social a quien más afectan las malas condiciones de contratación y además sufren más el desempleo.

Algunos datos en la Argentina y en el mundo

¿Por qué es central mirar en clave feminista a la economía? La primera explicación la hace Mercedes D'Alessandro, una de las tres especialistas detrás del blog Economía Feminista, y para eso repasa datos.

"Las mujeres ganamos el 27% menos que los varones e incluso las brechas se replican entre mujeres a medida que analizamos la clase social y la raza. Además tenemos una doble jornada laboral, porque hacemos el 76% del trabajo doméstico no remunerado", enumera y asegura que "ponerles números"a las diferencias permite visibilizarlas y, sobre todo, llevar los intercambios a un terreno en el que las opiniones personales tengan menos peso. "Antes solían decirnos que dejemos de quejarnos. Ahora cuando contamos los datos, a los que además le buscamos una manera atractiva de presentarlos, se corre el margen de discusión", cuenta.

El blog que gestiona desde 2015 junto a sus colegas Magalí Brosio y Violeta Guitart, casi en sintonía temporal con la primera marcha de #NiUnaMenos, es un espacio fundamental para la difusión de los números que grafican las diferencias. 

D´Alessandro amplía: "Hace algunos años Thomas Piketty editó un libro sobre la desigualdad, que fue uno de los libros de economía más importantes de los últimos tiempos. Se hizo una pregunta fundamental de la economía, que es si las fuerzas del mercado por sí mismas achican las brechas o, por el contrario, lo que sucede es que el capitalismo en sí mismo engendra las diferencias. Después de un relevamiento de una enorme cantidad de datos, llega a la conclusión de que el sistema es el que produce las brechas cada vez más amplias y además concentra la riqueza cada vez en menos manos. En ningún lugar de ese libro de más de 700 páginas habla de las desigualdades de género. Esto que le pasó a Piketty se explica porque es un enfoque que se olvidó toda la teoría económica".

La brecha salarial, explica Magalí Brosio en un dossier de Economía Feminista editado por la Agrupación Universitaria BASE, tiene cuatro componentes centrales que explican la diferencia total: la cantidad de horas trabajadas, la segregación vertical o existencia de los llamados "techos de cristal" o "pisos pegajosos", la segregación horizontal o "feminización" y "masculinización" de las ramas economómicas, y por último el pago diferente por la misma calificación, sin tener un sustento respecto de la capacitación de cada trabajador. 

Y los datos siguen. El Indec calculó también las diferencias de las tasas del mercado laboral en el país para el segundo trimestre de este año, y la brecha entre mujeres y varones recorre todos los indicadores. El grupo más afectado por la falta de trabajo en la Argentina son las mujeres menores de 29 años: el desempleo alcanza al 22,3%, mientras que un 16,6% de sus pares hombres están en esa situación. En el conurbano, la situación se agrava: el 25% de las jóvenes no consigue empleo.

En el mundo también se replican las diferencias. Explica D´Alessandro: "El Wall Street Journal hizo un relevamiento entre los 450 empleos más importantes de Estados Unidos y calculaba la brecha salarial. En solo 6 de esos 450 trabajos, las mujeres ganaban más que los hombres".

 

¿Neoclásica o heterodoxa?

La economía feminista, al igual que el resto de la teoría económica, está atravesada por el debate entre la perspectiva neoclásica y la heterodoxia. Mientras que para la primera corriente se trata de una explicación sobre las diferencias con una solución 'mercantil', desde la economía crítica consideran que hay un programa político incluido en esta manera de mirar las brecha entre varones y mujeres. 

"Para la economía neoclásica la discusión muchas veces es cómo aplicar el herramental metodológico a la medición, por ejemplo, de la brecha salarial, pero no cuestiona las maneras en las que se organiza la sociedad", repasa Nicolás Águila en una charla sobre "La perspectiva de género en las Ciencias Económicas" que organizaron docentes y alumnos durante la primera semana de octubre en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UBA. 

Nicolás detalla: "Hay incluso una corriente llamada 'Nueva economía del Hogar', que reafirma la división sexual del trabajo, según la cual los varones tienen que salir a trabajar y las mujeres quedarse en el hogar. Esto, dice esta teoría, es 'eficiente'. Más allá de esta postura, la ortodoxia considera que una distribución más equitativa se logra a partir de la vía individual, y tiende hacia una mercantilización del trabajo doméstico, que nuevamente vuelve a ser realizado por mujeres en su mayoría".

"La perspectiva feminista, en cambio, postula un enfoque global, con el objetivo de visibilizar las diferencias. Al contrario de la ortodoxia, postula que la desigualdad no se puede explicar solamente desde un punto de vista económico sino que cuestiona o cambia el eje de debate. En el fondo, cuestiona quién es el sujeto político", repasa Ávila.

Corina Rodríguez Enríquez, una de las referentes en la UBA de la perspectiva feminista en la economía, señala que esta corriente "se concentra en reconocer, identificar, analizar y proponer cómo modificar la desigualdad de género como elemento necesario para lograr la equidad socioeconómica. En este sentido, la economía feminista es un programa académico pero también político. No tiene una pretensión aséptica de describir la realidad sino un objetivo político de transformarla en un sentido más igualitario".

Las categorías propias: la pobreza de tiempo

La economista Valeria Esquivel, otra de las referentes de la perspectiva feminista, postula una innovadora manera para empezar a medir las diferencias.

Esquivel explica: "La idea de que tiempo y dinero son sustitutos es una idea muy vieja en la economía. Cuando cambiamos tiempo de trabajo por dinero, es lo que llamamos trabajo mercantil. Existen otros trabajos, que nos requieren tiempo y esfuerzo, pero que no son mercantiles porque no son remunerados. Estoy hablando del trabajo doméstico, que son las tareas domésticas y el cuidado de personas. Del lado de los costos, este trabajo tiene profundas marcas de género y de clase. Todas las encuestas de uso de tiempo muestran que son las mujeres las que hacen este trabajo. Y se hace más fuerte en los hogares pobres. Este hecho no ha permeado el modo con la que medimos la pobreza tanto en Argentina como en América latina, pero debería hacerlo. Las mediciones tradicionales de la pobreza presuponen que los hogares pobres de ingreso no son pobres de tiempo. Pero si pensamos que los hogares pobres son también pobres de tiempo, la pobreza se agrava y se profundiza. En la CABA pasaba de representar del 6% al 11%, porque en esos hogares no estaba ni el tiempo ni el dinero suficiente para comprar los sustitutos del trabajo doméstico y trabajo no remunerado".


¿Cómo educar a un economista en el feminismo?

"Durante la carrera jamás me crucé con una nota al pie que mencionara cuestiones de género", dice Mercedes D´Alessandro mientras sostiene un pocillo de café en un bar porteño justo al frente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Mercedes es Doctora en Economía y, junto a sus colegas Magalí Brosio y Violeta Guitart, gestiona Economía Feminista, un blog fundamental para la difusión de esta perspectiva.

La introducción de una perspectiva de género en la teoría económica es relativamente reciente. En la UBA, por ejemplo, se dicta desde 2011 una materia optativa, Economía y Género, a cargo de Corina Rodríguez Enríquez y Valeria Esquivel. 

La materia fue el resultado de la presión de la comunidad educativa luego de que un docente fuera denunciado por acoso por una decena de alumnas e incluso profesoras. El docente en cuestión, además de fraguar supuestos encuentros de trabajo para citar a solas a sus alumnas, también hacía pasar al frente del curso a las chicas para ponerles 'puntaje'. 

A raíz de la necesidad de visibilizar la violencia en las aulas, un grupo de docentes armó una propuesta pedagógica y, desde hace cinco años, la UBA forma economistas con perspectivas de género.

"Además de una materia en la Universidad de la República, en Uruguay, la de la UBA es la única materia en las universidades latinoamericanas especialmente con este enfoque", cuenta Nicolás Águila, uno de los integrantes de la cátedra.