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Discuten en Estados Unidos un ‘corralito’ político para Trump

El empresario se aleja de la retórica incendiaria y su partido prepara planes alternativos para propuestas controvertidas como el muro con México

Discuten en Estados Unidos un ‘corralito’ político para Trump

La reunión cordial con el presidente saliente Barack Obama, la danza de nombres para integrar el gabinete en la que se destacan banqueros cercanos a Wall Street y figuras de peso del Partido Republicano, que comenzó a trabajar en la transición para el cambio de administración en Estados Unidos, aportaron en las últimas 48 horas señales de que el establishment de Washington está poniendo límites políticos al futuro gobierno de Donald Trump.


El republicano que sorprendió al mundo al imponerse en las urnas a la demócrata Hillary Clinton presentándose como un representante de la antipolítica, mantuvo ayer un encuentro de 90 minutos con Obama en el salón Oval de la Casa Blanca, tras el cual manifestó su intención de consultarlo en el futuro y se prodigó en elogios hacia el mandatario al que había responsabilizado de la creación del grupo yihadista Estado Islámico durante la campaña electoral.


Ya en la madrugada del miércoles cuando la tendencia de los votos era irreversible a su favor, el magnate de bienes raíces se apartó del tono belicoso y las frases efectistas de la campaña en un discurso breve de tono conciliador en el que prometió gobernar "para todos los estadounidenses".


El equipo dedicado al armado del gabinete de Trump contactó en las últimas horas a Jamie Dimon, primer ejecutivo de JPMorgan, el mayor banco por activos de Estados Unidos, para tantear su disposición a ocupar la secretaría del Tesoro, según fuentes citadas por Reuters. Dimon, muy crítico de las regulaciones impulsadas por Obama en el sector financiero, es considerado un guardián de los intereses de Wall Street. Su nombre se sumó al de Steven Mnuchin, ex ejecutivo de Goldman Sachs, como posibles candidato en el área económica.
Los dirigentes republicanos que aparecen hasta el momento en el centro de las apuestas para acompañar a Trump, que asumirá la presidencia el 20 de enero, reafirman que se inclinaría por el sector más conservador del partido, al que pertenece el vicepresidente Mike Pence, muy religioso y con vasta experiencia en el Congreso, que fue garante del voto republicano y mantuvo puentes con la agrupación mientras Trump los dinamitaba.
Ayer el presidente electo almorzó con los líderes del partido en la Cámara de Representantes, Paul Ryan, y en el Senado, Mitch McConnell, para cicatrizar las heridas. ‘Vamos a hacer cosas absolutamente espectaculares para los estadounidenses‘, dijo entusiasta tras ese encuentro.


Al mismo tiempo trascendía que los legisladores republicanos están preparando un plan alternativo para disuadir a Trump de su polémica promesa de construir un muro en la frontera con México. El proyecto incluiría más personal de vigilancia y un refuerzo de las vallas en algunas zonas de los 3200 kilómetros de frontera en los que hay terrenos privados y una geografía accidentada, una opción menos costosa que la pared de cemento.
El ex presidente de la Cámara Newt Gingrich, el ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani, el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, que defendieron a su candidato ante las denuncias de mujeres que lo acusaron de haberlas acosado sexualmente, y la ex candidata vicepresidencial Sarah Palin, todos del ala derechista de los republicanos, circulan por estas horas como posibles colaboradores de Trump. En ese cuadro está John Bolton, un funcionario que justificó las violaciones al derecho internacional y los abusos del gobierno de George W. Bush, y Harold Hamm, multimillonario vinculado al negocio del petróleo y gas, hombre del establishment financiero.


Más allá del diseño final del gabinete, el Congreso, en manos republicanas, obligará a Trump a negociar allí sus promesas de modificar los acuerdos comerciales como el NAFTA, con México y Canadá, y el Transpacífico, la reducción de impuestos, cambios en el programa de saluda Obamacare o sus intenciones de derogar compromisos internacionales en el área ambiental.


Mientras crecían las protestas de jóvenes indigandos por el triunfo de Trump, el FMI expresó su disposición de trabajar con el presidente electo, México su apertura a renegociar el NAFTA y la ONU, a la que Trump lanzó furiosos dardos en campaña, dijo que dará vuelta la página para concentrarse en sus acciones como presidente. Un corralito de instituciones y personas que busca contener y domesticar al huracán Trump.

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