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Despouy va a Interpol y deja una oficina clave para el caso Sala

El radical dejará de ser el nexo ante los organismos internacionales que reclaman la liberación de la líder jujeña. Su postura sobre el tema le generó roces internos

Despouy va a Interpol y deja una oficina clave para el caso Sala

Leandro Despouy presentó su renuncia al cargo de embajador extraordinario plenipotenciario y representante especial para asuntos de Derechos Humanos, desde el que oficiaba como nexo entre el Gobierno y los organismos internacionales en esta materia.

A la brevedad, según se anunció ayer, asumirá como experto independiente de la Comisión de Control de Ficheros de Interpol, un puesto desde el que tendrá la responsabilidad de determinar, junto a otros cuatro expertos, el estado de las solicitudes de detención del organismo, conocidas como "circulares rojas".


El alejamiento de Despouy fue exhibido en el Palacio San Martín como un triunfo de la diplomacia, que logró colocar por primera vez a un argentino en una esfera de máxima importancia en términos de seguridad internacional. En el entorno del radical interpretan que podría evitar un eventual levantamiento de los pedidos de captura que hoy rigen sobre cinco ex funcionarios iraníes sospechados de colaborar en el atentado a la AMIA, y por los que Teherán reclamó en reiteradas ocasiones ante Interpol. Pero también queda al desnudo la tirantez en el seno del centenario partido por el caso Milagro Sala.
 

Despouy quedó enfrentado con el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, y los radicales que apoyan al mandatario –entre los que se cuenta el ex senador Ernesto Sanz– por mostrarse permeable a las observaciones de los organismos internacionales que denuncian que la líder tupamara está detenida de forma arbitraria y, por lo tanto, exigen su liberación.

Para el ala del partido alineada con Morales, Despouy exhibió una posición "muy débil" fronteras afuera. Sostenía, junto con el secretario de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, Santiago Cantón, entre otros, que se debía atender los dictámenes de los organismos internacionales. Su posición, claro está, no fue la favorecida por la Cancillería, que sostiene que la detención de Sala es responsabilidad de la Justicia local y que, en el marco de un sistema federal, no es competencia ni del Ejecutivo provincial ni del Estado nacional.
 

Malcorra negó ayer que la salida de Despouy se deba a su posición frente al caso Sala. Antes bien lo justificó en la "enorme tarea" que el nuevo cargo representa y en la supuesta "incompatibilidad" de ambas funciones.

En el entorno del ahora ex embajador negaron que haya una "connotación política" y sugirieron que las seis reuniones anuales a las que debe asistir requieren de mucho tiempo de preparación. También confesaron que la renuncia no estaba prevista cuando se presentó su candidatura.

"No se evaluó suficientemente la agenda de trabajo", justificaron, antes de echar por tierra las versiones que señalan a Sanz como el artífice de su apartamiento. Será clave entonces el nombre del reemplazante para conocer si el Gobierno refuerza su posición o muestra beneplácito con las recomendaciones. Lo cierto es que Despouy no intervendrá en la visita que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hará en mayo para corroborar las condiciones de detención de la dirigente jujeña.