Martes  09 de Julio de 2019

De la Rúa, el presidente inconcluso

Llegó al poder el 10 de diciembre de 1999 de la mano de la Alianza UCR-Frepaso con la promesa de cambio. Pero dos años antes de concluir su mandato, tuvo que renunciar agobiado por la crisis política, económica, social e institucional más grave que recuerde la Argentina.

De la Rúa, el presidente inconcluso

Radical de pura cepa, juraba haberse “preparado toda la vida” para ser presidente. Fernando de la Rúa falleció este martes en el Instituto Alexander Fleming adonde había ingresado por "una descompensación cardíaca y renal". Venía de sufrir dos infartos el año pasado y arrastraba problemas cardíacos desde 2001, el año que lo marcaría para siempre, a él, y a la Argentina. 

De la Rúa llegó a la Presidencia el 10 de diciembre de 1999, tras triunfar en las elecciones presidenciales del 24 de octubre de ese año de la mano de la Alianza UCR-Frepaso, que derrotó, con el 48,5 % de los votos, al peronista Eduardo Duhalde. Pero su gobierno, que había llegó al poder con una promesa de cambio que ilusionó a una sociedad hastiada del menemismo, concluyó anticipadamente y de la manera más trágica: con saqueos, cacerolazos, protestas masivas, una sangrienta represión, cuya imagen recorrió el mundo entero, y muertes.

Lejos estaba el sucesor de Carlos Menem de imaginar que apenas dos años después de asumir la Presidencia se vería obligado a renunciar, en medio de la mayor crisis política, económica, social e institucional que atravesó la Argentina. Pero lo cierto es que De la Rúa ejerció un liderazgo débil, ensimismado, incapaz de llevar al país a buen puerto en tiempos de crisis.

El ex mandatario se encerró en un círculo pequeño de familiares inexpertos y asesores de marketing, en lugar de privilegiar el consejo de sus aliados. Y lo pagó caro.

El 20 de diciembre de 2001 marcó el punto final para su tiempo en el poder. Presentó su renuncia abrumado por la crisis y sin poder resolver los problemas que llevaron a la Argentina a un estallido social sin precedentes. Lo hizo aislado, como había gobernado hasta entonces, con el poder reducido a su mínima expresión, ya sin el apoyo de su propio partido, la UCR, y pocas horas después de la salida de Domingo Cavallo, a quien el propio De la Rúa había llevado a su Gabinete obstinado en mantener la convertibilidad a cualquier costo.

Había asumido el poder con la promesa de mantener la paridad del peso con el dólar, pero el apego a esa fórmula fue, sin duda, lo que lo terminó de arrojar al precipicio.  

Jaqueado por dos jornadas de violencia ininterrumpida en las que hubo más de 20 muertos y una brutal represión a manifestantes en la Plaza de Mayo y sus inmediaciones, tuvo un último intento por preservar el poder y le propuso al peronismo cogobernar, pero recibió un rotundo “no” como respuesta.

“Hice lo que pude. Convoqué al peronismo a un gobierno de unidad nacional pero no fui escuchado”, se lamentó, al relatar en los pormenores de su renuncia. Lo hizo; pero era tarde. Con la escasa capacidad de autocrítica que lo caracterizó dentro y fuera del poder, el ex presidente diría un tiempo después: “Lo digo sin rencores, fue un golpe del peronismo”.

En rigor, la renuncia anticipada de De la Rúa no sorprendió demasiado y hasta llevó en aquel momento algo de alivio a una sociedad descreída de la política, de la cual emergió entonces el lema “Que se vayan todos”, expresado en piquetes y cacerolas que marcaron a fuego aquel diciembre caliente.

Pero la Alianza UCR-Frepaso que llevó a De la Rúa al poder se había quebrado un año antes, cuando Carlos ‘Chacho‘ Alvarez decidió renunciar a la Vicepresidencia, en medio del escándalo por las coimas en el Senado.

La trágica postal del último día de su mandato merece un párrafo aparte: De la Rúa abandonó la Casa Rosada en el helicóptero presidencial, una imagen que recordó el triste final de Isabel Perón. El ex presidente tampoco tuvo reflejos en esas horas agónicas para evitar ese estigma.

Alguna vez en la intimidad contó que él no pretendía salir en helicóptero sino en automóvil, pero que el personal de seguridad de la Casa Rosada le aseguró que sería imposible llegar a Olivos por esa vía, por eso, sin tiempo de meditarlo demasiado, aceptó.

Al día siguiente quiso borrar esa foto pero no pudo. Regresó a la Casa de Gobierno para firmar un último decreto, anular el estado de sitio que había declarado un día antes, y salir caminando por Balcarce 50, en medio del llanto de algunos de sus más fieles colaboradores. 

El ex presidente se convertía así en el segundo político radical en dejar la máxima magistratura de la Argentina sin concluir su mandato desde el regreso de la democracia en 1983. Raúl Alfonsín había hecho lo propio en 1989, cuando le entregó cinco meses antes el poder a Carlos Menem.

Formado para gobernar

De la Rúa se jactaba de haberse preparado toda la vida para ser Presidente. Cursó sus estudios secundarios en el Liceo Militar General Paz y se recibió de abogado con las máximas calificaciones a los 21 años por la Universidad de Córdoba, en la que también obtuvo su doctorado. Ejerció la abogacía en Córdoba y Buenos Aires y fue profesor de derecho procesal en la UBA.

Desde su etapa universitaria estuvo afiliado a la Unión Cívica Radical. Fue asesor en el Ministerio del Interior en la presidencia de Arturo Illia (1963-1966) siendo muy joven y allí se ganó el apodo de “Chupete”. Luego, fue elegido senador por Buenos Aires en 1973, y en septiembre del mismo año hasta aspiró a la Vicepresidencia de la Nación en la candidatura encabezada por Ricardo Balbín, que resultó derrotada, con el 24,3% de los votos, por la de Juan Domingo Perón. Permaneció como senador hasta el golpe de Estado que derrocó a la presidenta María Estela Martínez de Perón, el 24 de marzo de 1976. 

Con el regreso de la democracia, disputó en 1983 la candidatura presidencial de la UCR, que finalmente quedó en manos de Raúl Alfonsín. Pero fue elegido senador. Diputado (1991-1992), y de nuevo senador en 1992, en 1996 fue elegido jefe del gobierno de Buenos Aires en la primera elección directa de los porteños en la Ciudad, cargo en el que se desempeñó hasta ser electo presidente.

Perteneciente al sector más conservador del radicalismo, llegó a un acuerdo electoral con el Frepaso, con el que formó la Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación (ATJE). Con ese sello triunfó en las elecciones primarias para elegir al candidato presidencial, en las que se impuso con el 63,3% de los votos frente a la frepasista Graciela Fernández Meijide.

Sus problemas judiciales

Además del temprano deterioro de su gestión económica, en el 2000, la grave crisis de su gobierno se tornó también política. Las serias acusaciones contra el Poder Ejecutivo sobre sobornos millonarios a senadores peronistas y aliancistas para votar una polémica reforma laboral, bautizada luego como la “ley Banelco”, lo dejaron aún más debilitado, y la renuncia de su vice Chacho Álvarez, fue el golpe de gracia que terminó de quebrar la Alianza. 

Por la denominada “causa de las coimas” y las muertes de la represión del 20 de diciembre de 2001, De la Rúa afrontó serios problemas judiciales ya fuera del poder. En esta última causa, fue sobreseido en 2009 porque, según la Justicia, no pudo probarse que el ex presidente haya ordenado reprimir.

En tanto, en el caso de los sobornos, la Cámara Federal de Casación confirmó en diciembre de 2015 la absolución del ex presidente y del resto de los acusados. Los jueces declararon que no había elementos que probaran que las coimas hubiesen existido y que, por lo tanto, correspondía aplicarse el beneficio de la duda.

Sus problemas de salud también marcaron su paso por el poder y lo acompañaron hasta su muerte. En 2001, cuando todavía era Presidente, había sido sometido a una angioplastía para desobstruirle la arteria coronaria derecha. Ya fuera del poder, fue sometido a dos stents y el año pasado sufrió dos infartos.

La última vez que se lo vio en público, en compañía de su esposa Inés Pertiné y con su salud ya deteriorada, fue en la gala del Teatro Colón en la que Mauricio Macri agasajó a los presidentes extranjeros que participaron del G20. Sería su última aparición pública antes del final.

"Lo mío fue un fusilamiento mediático, pero no me mataron", le dijo a El Cronista en una entrevista nueve años atrás. Le toca juzgar a la historia.

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