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Cristina, en el corralito de La Cámpora

Cristina, en el corralito de La Cámpora

Una larga fila de vallas blancas organiza el espacio a ambos lados de la calle. Forman una vía rápida de circulación e impiden el acercamiento a la puerta del edificio. Parados uno al lado del otro, hombres y mujeres arman un largo cordón humano. El blindaje es total y el vallado, impenetrable. De fondo, en el balcón de un viejo edificio art nouveau, cuatro personas miran a la militancia, que hace el aguante a cada paso que da “la Jefa”.

“La única manera que un periodista se puede acercar un poco más a la verdad es viajando hasta el sitio de la acción”, le dijo una vez el gran Gay Talese al cronista cordobés Juan Manuel González. Pero viajar al sitio de la acción es, a veces, encontrarse con puertas de hierro que se cierran. Blindadas. Sin posibilidad de ver más que la cáscara de lo que pasa.

Esta tarde, después del multitudinario acto que convocó ayer en Comodoro Py, la ex presidenta Cristina Kirchner se reunió en el Instituto Patria con diferentes legisladores nacionales del kirchnerismo. Solo pudieron entrar “los puros”. La puerta se abrió, por ejemplo, para Héctor Recalde, Andrés Larroque, Axel Kicillof, Julio De Vido, Carlos Heller y Juliana Di Tulio.

A metros del Congreso, en el barrio porteño de San Nicolás, está ubicado el búnker político de la ahora ex presidenta. La calle Rodríguez Peña, en la que se encuentra la sede, estaba cerrada para el tránsito entre Avenida Rivadavia y Juan Domingo Perón. El vallado se extendía desde la mitad de la cuadra hasta la esquina de Bartolomé Mitre.

Una hora después de lo previsto, un auto blanco con vidrios completamente polarizados transitó la calle custodiada e, instantáneamente, el cordón humano que estaba abierto en los extremos cerró filas y bloqueó el paso. Cristina Kirchner se bajó del auto, saludó, entró en el edificio, y la vieja puerta de hierro forjado volvió a cerrarse de forma inmediata. Las luces se apagaron y las ventanas y los postigos también. Un hermetismo completo.

Qué difícil va a ser cubrir kirchnerismo de ahora en adelante”, se queja un periodista. La postal de este jueves por la tarde no es muy diferente de la imagen que pudo verse ayer desde los Tribunales Federales.  Incluso estando en el poder, la entonces presidenta mantenía una distancia férrea con la prensa. Si antes la custodia era responsabilidad de las fuerzas policiales, ahora el resguardo de esa distancia está a cargo de “los soldados” de La Cámpora.

¿Cuál es la estrategia? ¿No hablar? ¿No contestar preguntas incómodas? ¿Construir poder en base a lo que no se dice? ¿Esto sigue siendo válido aún después de haber perdido una elección con un gobierno desgastado, no tanto por la política económica, sino por las fuertes críticas de esa obstinada distancia con todo lo que no forme parte del núcleo duro?

Cristina volvió. Demostró que todavía tiene un gran poder de convocatoria, no solamente de militantes en actos sino también de minutos y “ríos de tinta” en los medios. El hermetismo también volvió. Habrá que ver si esta costumbre de escucharse hasta el hartazgo da sus frutos políticos desde la necesidad de construirse como oposición.