Cristina ejerció poder de veto, pero sin imponer 'comisarios'

No es fácil armar un gabinete y conformar a todos. Y menos en una alianza electoral tan amplia como el Frente de Todos, integrada por una cifra récord de 19 partidos. Según un informe de Cippec de 2014, hasta entonces, los gabinete de la democracia tuvieron no menos de un 58% de integrantes del partido del Presidente. Falta enumerar a Mauricio Macri que asumió con tres radicales a su lado. Peor la pasó el Frepaso de Chacho Álvarez en 1999 cuando Fernando De la Rúa apenas le cedió 2 lugares, una composición muy distinta a la balanza legislativa.

Otros presidentes tampoco tuvieron a Cristina Kirchner como madrina. En base a su acuerdo político original (listas del Congreso para mi, gabinete para vos), la Vicepresidenta no tuvo tanta influencia como el Círculo Rojo temía. Pero sí un poder de veto que ejerció a su regreso de Cuba, más para amoldar el organigrama legislativo que para imponer comisarios políticos en la gestión F.

No todos los socios de una alianza transmiten la misma dosis de votos, por lo que el gabinete está colmado de afiliados al peronismo. Pero hay aliados con cierta eventual representación, desde Victoria Donda al Inadi, Fernando "Pino" Solanas embajador ante la Unesco o Martín Sabbatella en el Acumar. Y se podría debatir largo y tendido que Eduardo "Wado" de Pedro (Interior) es tanto apoderado del PJ como Máximo Kirchner como líder camporista de su terminal política.

El "más federal de los porteños", como le gusta llamarse a Alberto Fernández, terminó premiando más a viejas amistades del PJ de la Ciudad, constituyendo un primer círculo a su alrededor, que a los gobernadores que se apuraron a abrazarlo en mayo cuando Cristina Kirchner dio un hasta entonces inimaginable paso al costado.

El regreso de Ginés González García a Salud frustró el ingreso de un alumno suyo en la Universidad Isalud, Pablo Yedlin, que a la luz del prisma político es un diputado que fue secretario general de Juan Manzur. Entre la liga de gobernadores, el tucumano fue el que más agasajó a Fernández durante sus recorridas de campaña.

El frustrado salto de Carlos Caserio del Senado a Transporte no puede leerse como un gesto a Juan Schiaretti, ambos distanciados en el último tiempo, pero sí a un dirigente que plantó la bandera albertista en una Córdoba pintada de amarillo.

Como señal, más allá de De Pedro, el contacto con gobernadores por obras estarán a cargo del intendente Gabriel Katopodis y María Eugenia Bielsa. La santafesina es una de las contadas mujeres de un equipo que quedó muy lejos de la paridad.

Pero los gabinetes no sólo son sus cabezas. La resolución de la pulseada por las segundas y terceras líneas puede resultar clave para calibrar el ADN del albertismo que se viene.

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