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Contener el rojo fiscal, una aspiración que aún debe pasar el filtro de la política

Imagen de HERNÁN DE GOÑI

por  HERNÁN DE GOÑI

Director Periodístico
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En las últimas horas, el Gobierno dejó a la vista tres señales que alumbran el sendero fiscal de los próximos meses. La más importante, es la voluntad de no poner en riesgo la meta de déficit de este año, con el planteo transmitido a los gremios estatales de que el bono de fin de año se pague en enero, y que sea tomado a cuenta de la paritaria de 2017. Es una expresión de deseos, claro, ya que todavía debe ser tamizada por una negociación que se abrió inmediatamente después de que terminó la mesa de diálogo con los empresarios y la CGT, pero que todavía no se terminó.


El Poder Ejecutivo sabe que ya estiró la cuerda fiscal bastante más de lo que esperaba hacerlo a comienzos de año. Pero al mismo tiempo se encontró con un dato tranquilizador: la vocación del mercado de acompañar el financiamiento en pesos al Tesoro, a través de la suscripción de títulos que ajustan por la inflación. Ayer el Palacio de Hacienda consiguió otros $ 11.600 millones. Esa fuente, quedó claro, está lejos de extinguirse.


El tercer gesto es la flexibilización de los plazos del blanqueo. Aunque siempre buscó mostrarse prudente con las expectativas, habilitar tres semanas más para ingresar los fondos es una forma de demostrar que quiere asegurarse todos los recursos que sean posibles.


El Gobierno tiene por delante un camino estrecho. El año electoral, y la necesidad de consolidar su posición política en el Congreso, lo tentará a dar concesiones con las que puede obtener más gobernabilidad pero debilitar la confianza de los inversores externos. Su apuesta hoy es hacer lo necesario para darle más impulso al crecimiento y licuar de esa forma el peso que adquirieron en el balance fiscal las concesiones pagadas para suavizar el ajuste tarifario, acortar la distancia entre ingresos e inflación y calmar la ansiedad de los gobernadores.