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Con su cita en Roma, Macri y el Papa Francisco apuestan a la Pax Política

El Presidente viajó ayer junto a su esposa y tres gobernadores: Urtubey, Bertone y Cornejo. Será el primer encuentro como jefe de Estado y el epílogo de una relación compleja entre ambos

por  ROMAN LEJTMAN

Enviado Especial
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Macri partió en un vuelo de línea junto a su esposa, Marcos Peña y tres gobernadores, entre otros

Macri partió en un vuelo de línea junto a su esposa, Marcos Peña y tres gobernadores, entre otros

Ya no es un secreto de Estado que la relación política entre Mauricio Macri y Jorge Bergoglio fue compleja y tormentosa. Macri siempre cuestionó la tendencia de Bergoglio a dictar sermones en la intimidad de una reunión a solas, y Bergoglio nunca asimiló que Macri se resistiera a teñir la agenda institucional porteña con su perspectiva religiosa. Esa pulseada dialéctica encerró la relación personal entre ambos, y la Historia jugó las fichas de manera caprichosa: Macri es Presidente de la Argentina y Bergoglio es el Papa Francisco. Ahora deben convivir y esa tarea no será simple y parsimoniosa.


Francisco llamó a Macri horas después de su triunfo y el presidente electo guardó la conversación entre su círculo íntimo. Mauricio había criticado la utilización política de la figura del Papa y optó por callar un diálogo reservado que aseguran fue reconfortante. Pero ciertos exfuncionarios kirchneristas que aún entran a Santa Marta argumentaron que el deliberado silencio de Macri fue una manera de relativizar la influencia política de Francisco. Otra vez, la sombra del pasado sobrevoló por encima de la Casa Rosada y el Vaticano.


Marcos Peña, Susana Malcorra y Fulvio Pompeo articularon un frente político interno y externo para encarrilar nuevamente la relación con Francisco. Relativizaron los comentarios despectivos de Jaime Durán Barba sobre el Papa, aconsejaron al Presidente para que hiciera sin escalas una audiencia con Francisco y recomendaron a Rogelio Pfirter como embajador argentino ante la Santa Sede. Pfirter aparece como una designación perfecta: fue un alumno brillante de Bergoglio cuando daba clases de literatura, conoce todos los secretos de la diplomacia y siempre rechazó los desfiles de carnaval que CFK impuso en su relación con el Vaticano.


El gesto de Macri para ordenar los vínculos institucionales con Francisco ahora necesita una respuesta simétrica en la Santa Sede. Cayó muy mal en Balcarce 50 que el Papa enviara un rosario a Milagro Sala, detenida por razones estrictamente penales. A la distancia, sin haber cambiado a sus interlocutores políticos, Francisco debió haber creído que la supuesta socia de Julio de Vido era una detenida por razones políticas.


Fue importante que el rector de la Universidad Católica Argentina (UCA), monseñor Víctor Fernández, explicara las razones eclesiásticas detrás del regalo. Pero la política no tiene una sola perspectiva, y la ambivalencia a veces destruye puentes institucionales que cuestan mucho levantar. A Sala y sus contertulios poco le importa que Francisco pague costos políticos domésticos por asuntos más cerca de los expedientes que de la misericordia cristiana.


Macri busca establecer una relación fluida con el Papa y lleva una agenda abierta que incluye la situación de los refugiados en Europa, el cambio climático, la pobreza, el narcotráfico y la corrupción. Sin embargo, a diferencia de CFK, tratará a Francisco como un jefe de Estado y un líder religioso. No buscará capitalizar su imagen internacional y menos aún su influencia institucional. El Presidente está en las antípodas de esa estrategia política, que aplicó CFK en cada reunión con el Papa.


Por eso, Macri y Francisco tendrán una audiencia a solas, y el resto de la comitiva mantendrá una reunión de trabajo con el secretario de Estado, Pietro Parolín. Obvio que habrá un saludo protocolar con toda la delegación, incluidos los gobernadores de Mendoza, Alfredo Cornejo (Mendoza), Rosana Bertone (Tierra del Fuego) y Juan Manuel Urtubey (Salta), que el Presidente invitó especialmente para exhibir su intención de abrir el diálogo con todas las fuerzas políticas. Pero sin estridencias, ni mensaje subliminales.


Macri y Francisco coinciden en la agenda global y difieren sobre la hoja de ruta. El sábado a media mañana en Roma (5.30 en la Argentina), ambos se quedaran a solas en la Biblioteca del Palacio Apostólico. Un hecho histórico, con final abierto.