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Con bromas y selfies, el presidente rockstar cautivó a jóvenes en La Usina

Descontracturado, el mandatario de Estados Unidos respondió preguntas del público, alabó a Macri y auguró "una nueva era" de liderazgo argentino en Latinoamérica

Después de tres cuadras de fila, una hora y media de espera bajo el sol otoñal del mediodía, requisas minuciosas como las de un aeropuerto resguardadas por hombres y mujeres de la seguridad estadounidense que apenas esbozaban "por favor" y "gracias" en español, después de haber pasado por todo eso y quizás con hambre por no haber almorzado, el dedo índice más poderoso del mundo apuntó hacia Natalia Quiroga. "Ahora una pregunta de una mujer", pidió Barack Obama, miró hacia arriba, estiró el brazo derecho con su camisa arremangada. "Vos". Quiroga tembló, se presentó como pudo, pero no preguntó nada. "Usted es mi héroe", sollozó.
Ella fue una de las mil personas que colmaron el auditorio de La Usina del Arte, en La Boca, para escuchar a Barack Obama. La mayoría de los asistentes fueron jóvenes emprendedores y futuros líderes argentinos que formaron parte de los programas y becas del gobierno de Estados Unidos y llegaron con invitaciones personales e intransferibles. Los invitados aplaudieron a Obama, rieron con sus bromas, asintieron ante sus afirmaciones serias sobre Cuba, Oriente Medio y la pobreza y se llevaron un puñado de definiciones del presidente estadounidense. "El mercado no funciona por sí solo; debe tener bases sociales y comunitarias, inclusión", reflexionó Obama, con apenas medio día en Buenos Aires luego de su histórica visita a Cuba.
Obama se movió con la soltura de una estrella de rock en el "Town Hall", como llaman en Estados Unidos a estos eventos en los que el público puede interactuar con el presidente. El mecanismo es sencillo y efectivo. Luego de una breve introducción, Obama abre el juego a las preguntas y señala al azar a los afortunados entrevistadores del auditorio.
Obama subió al escenario de La Usina a las 3.40. Habló del mate, de sus lecturas de Borges y Cortázar en la universidad e hizo chistes sobre su suegra. No hacía falta apelar a esos lugares comunes de la argentinidad para ponerse en el bolsillo a un público que en todo momento le demostró admiración.
El presidente estadounidense ponderó su encuentro con su par Mauricio Macri y auguró una relación más cercana entre Argentina y su país. Celebró la "nueva era" de la región y el "papel de liderazgo" que puede tener la República en la región. "Tenemos que ser socios", dijo en inglés y agregó en español una de las frases favoritas del Pro: "Somos un ecuipo (sic)".
Obama también elogió el trabajo de algunos emprendedores argentinos. En particular, el de Gino Turbano, que creó una prótesis de mano con una impresora 3D. Ante una pregunta del auditorio, abogó por un intercambio científico más profundo entre ambos países. Ya con la camisa arremangada y el saco del traje colgado sobre una silla, escuchó las historias que los hombres y mujeres que pudieron preguntar tenían para contar.
El auditorio era prácticamente bilingüe. Había audífonos para la traducción simultánea, pero pocos los necesitaron. La única pregunta en español la formuló un joven que quiso saber la opinión de Obama sobre el Donald Trump. El presidente pidió traducción, la traductora edulcoró la pregunta y el ex profesor universitario hizo un repaso sobre el "giro muy férreo hacia la derecha" del Partido Republicano. "Me acusan de haber convertido a Estados Unidos en Cuba", dijo.
La hora y media de intercambio terminó con una ovación. Obama se mezcló entre la gente, se dejó fotografiar y estrechó cientos de manos, siempre bajo la vigilancia de una seguridad en todo tiempo presente y cercana. "¡Lo pude saludar!", se emocionó, a la salida, una voluntaria que participó de la organización y tuvo su pequeño meet & greet como en los recitales.