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Cierre de SOL: una decisión que se gestó en la previa al desembarco en Aerolíneas

Cierre de SOL: una decisión que se gestó en la previa al desembarco en Aerolíneas

El cese de actividades de Sol Líneas Aéreas cayó como un mazazo para los empleados y clientes de la empresa rosarina, pero quienes siguen de cerca el mercado sostienen que la determinación de cerrar las puertas poco tiene de sorpresivo.

Apenas Isela Costantini se hizo cargo de la gestión de Aerolíneas Argentinas ordenó hacer una revisión general de la empresa. Se analizaron –y se analizan aún– cuestiones de todo tipo como la función que cumplían buena parte de sus empleados, aunque también se apuntó a los contratos que había firmado Mariano Recalde, el presidente de la aérea estatal durante la gestión kirchnerista.

Y entre ellos se encontraba el que la unía a SOL Líneas Aéreas –para este entonces ya asociada a la española Air Nostrum–, mediante el cual, según surge de los estudios oficiales, SOL recibió en los cuatro meses que duró el contrato (se inició el 1 de septiembre de 2015) casi $ 125 millones y u$s 72.000 como anticipo. A cambio, la firma rosarina se haría cargo de algunas rutas menores en nombre de la aérea estatal, lo que en el mercado aerocomercial se conoce como "código compartido".

"Este contrato siempre estuvo entre los objetivos de la nueva gestión. No fue algo de lo que se dieron cuenta cuando arrancaron a revisar todo, sino que ya se sabía que con él algo iba a pasar; era uno de contratos que más chances tenía de caer", dijo una fuente consultada por El Cronista. Esos vuelos, sostienen en el Gobierno, se podrían haber programado sin problemas con aviones propios de Aerolíneas, que incluso tienen hoy capacidad ociosa.

Desde el Gobierno dicen que enviaron a las autoridades de SOL varias intimaciones para rever la situación y que incluso se llegaron a producir algunos encuentros, aunque nunca se llegó a nada. Si la determinación del secretario de Transporte de dar de baja ese contrato era muy firme, ahora ya no había vuelta atrás.

El miércoles pasado, por la mañana, Dietrich mantuvo un encuentro con los directivos de SOL –también estuvieron los abogados de ambas partes– y desde el primer minuto el clima fue más que tenso. De entrada, los españoles se vieron sorprendido por la vehemencia con la que Dietrich se dirigió hacia a ellos.

Afirmaron que se sintieron "absolutamente maltratados" y que se los acusó de "querer defalcar al Estado". "Jamás nos pasó una cosa así; es increíble tener que quedar expuestos a una situación de este tipo", se los escuchó decir a los españoles.
Se intentó incluso llevar adelante alguna solución para los casi 300 empleados de SOL pero no hubo mayores respuestas oficiales, más que sería un tema que luego se debería analizar en el Ministerio de Trabajo.

Como las otras veces, la reunión no había llevado a ninguna parte, aunque se pactó un nuevo encuentro para la tarde.

La situación era cada vez más compleja pero los socios argentinos todavía tenían alguna esperanza de continuar con la operación. Los directivos de Air Nostrum, en cambio, ya se sentían absolutamente fuera no sólo de la empresa sino también de la Argentina. El tono de la última reunión ya fue menos duro, pero de ninguna de las dos partes había demasiado más para analizar. El fin de SOL Líneas Aéreas estaba sellado.

Así y todo, el jueves hubo otra conversación, en este caso por teléfono. El tono volvió a ser cortante, pero no agresivo, aunque se debe tener en cuenta un dato que para ese entonces era clave. Para ese entonces, Miguel Ángel Falcón, director General de Air Nostrum, ya ni siquiera estaba en el país. Sólo quedó a cargo de los detalles finales uno de sus asesores.

Ya con las cartas jugadas y el final como una certeza, el viernes pasado la propia SOL se encargó de criticar a la "versión K" de Aerolíneas Argentinas, en un intento por explicar su necesidad de acuerdo. "Desde su estatización, se transformó en un elemento distorsivo del mercado aerocomercial argentino debido a que los operadores privados deben desarrollar su actividad dentro de las reglas del mercado, mientras una aerolínea al amparo del Estado, y con un market share de 80%, vende el 100% de su producción por debajo de sus costos de producción", sostuvo en un comunicado. "Esto vuelve inviable la operatoria de cualquier empresa privada sin acuerdos de código compartido", sostuvo.

Para SOL, el acuerdo con Aerolíneas Argentinas no representaba un simple contrato sino que era ‘el’ contrato. Fue, sin lugar a dobles lecturas, el motivo por el que volvió a respirar luego de alcanzar una muy incómoda situación financiera. De hecho, una vez que firmó con Mariano Recalde cerró trato con Air Nostrum para que se quedara con el 40% del paquete accionario. Sin el negocio ya con la aérea estatal, a los españoles no les interesaba ingresar al paquete accionario de la rosarina.