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Cambio climático y contaminación, la mayor deuda ambiental argentina

El avance de la frontera agropecuaria sobre los bosques, el retroceso de los glaciares por la megaminería, la pérdida de biodiversidad y la generación creciente de residuos ponen en rojo el semáforo ambiental del país. Para concientizar sobre estos temas locales y los problemas ambientales mundiales, al igual que en 10.000 ciudades, mañana desde las 20, se apagarán las luces de hogares, comercios y edificios públicos durante una hora

Cambio climático y contaminación, la mayor deuda ambiental argentina

La décima edición de "La hora del Planeta" se celebrará mañana, a partir de las 20, en más de 10.000 ciudades del mundo, para generar conciencia sobre el cambio climático y los problemas ambientales globales. La iniciativa, que comenzó en 2007 en Sydney, Australia, promueve apagar las luces de hogares, comercios y edificios públicos durante una hora para simbolizar que gobiernos, empresas y ciudadanos pueden trabajar juntos para la conservación del hábitat. En la Argentina, la actividad es coordinada por la Fundación Vida Silvestre, entidad que elaboró un "semáforo ambiental" para destacar avances y retrocesos en el tratamiento de los principales problemas ambientales del país y que tiene estos datos destacados:

Sojización: El 18% de la superficie mundial sembrada con soja está en la Argentina. El verde cultivo pasó de ocupar 5 millones de hectáreas en los ’90, a 18 millones dos décadas después. Con su avance, se perdieron 7 millones de hectáreas de bosques nativos y más de 1 millón de pastizales naturales.

Megaminería: La minería a gran escala y a cielo abierto es una actividad altamente contaminante. Para extraer un gramo de oro es preciso remover 4 toneladas de roca, consumir 380 litros de agua, 43,6 kwh de electricidad (similar al consumo semanal de un hogar argentino medio), 1 kg de explosivos y 850 gramos de cianuro. La actividad cuenta con beneficios especiales, como la doble deducción fiscal, techo del 3% de regalías que pagan a las provincias y estabilidad impositiva por 30 años. A estos beneficios se sumó, el año pasado, la quita de retenciones a las exportaciones del sector.

Basura: Cada año, 14 millones de toneladas de residuos van a parar a rellenos sanitarios, aunque mayormente a basurales clandestinos. El 50% de estos desechos podría reutilizarse o reciclarse. Enterrar la basura no sólo es ambientalmente cuestionable (por las filtraciones que se producen a las napas de agua), sino antieconómica, dado que dejan de aprovecharse materiales para el proceso productivo. En tanto, la Ley de Basura Electrónica, y la Ley del Envase aguardan ser tratadas en el Congreso.

Cambio climático: El aumento de la temperatura global y la mayor frecuencia de eventos extremos están acentuando problemas como inundaciones en la zona central del país, sequías en la región de Cuyo, aumento de enfermedades tropicales como el dengue y zika, y la amenaza de pérdida de zonas costeras por el aumento del nivel de los océanos. Argentina ratificó el acuerdo climático de París en diciembre de 2015. Para cumplir sus compromisos de reducción de emisiones de gases de invernadero, debe moderar el consumo de agua y energía, evitar la deforestación, la contaminación y reducir la generación de residuos. En tanto, es urgente implementar un "plan nacional de adaptación", que incluya planificación urbana y productiva, y un protocolo de respuesta ante desastres.

Océanos: Cumplen un rol fundamental como reguladores de la temperatura atmosférica y encargados de la absorción de gases de invernadero. Argentina tiene más de 5000 km de costa. Sin embargo, esta fuente de recursos naturales está amenazada por la acidificación provocada por el cambio climático, la contaminación derivada del volcado de efluentes, y la sobrepesca.

Energía: La matriz energética argentina está basada en un 87% en combustibles fósiles como el petróleo y el gas. Desde 2010, las importaciones de combustible superan a las exportaciones. Proyectos de extracción de combustibles no convencionales como Vaca Muerta, prometen revertir el déficit a costa de un daño ambiental difícil de calcular. La nueva ley de energías renovables, prevé pasar de menos del 2% del consumo eléctrico actual basado en fuentes limpias (solar, eólica, biomasa), al 8% a fines de este año y llegar al 20% en 2025. La licitación de proyectos por más de 1000 MW de renovables lanzada en 2016, debe complementarse con un uso eficiente de la energía para reducir el consumo sin afectar el crecimiento.

Producción limpia: La producción limpia implica un uso racional de materias primas, insumos, agua y energía; la utilización de materiales renovables y menos tóxicos; la disminución de residuos y emisiones de gases de invernadero (GEI); y del impacto ambiental del producto durante su ciclo de vida.

Consumo responsable: A nivel global, están apareciendo grupos que promueven una economía de ciclo cerrado y baja en carbono, como las‘empresas B, cuya función es utilizar los mecanismos de mercado para promover beneficios económicos, ambientales y sociales, y la economía colaborativa, basada en el intercambio de productos y servicios entre consumidores, apoyados en internet y las redes sociales