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Cambio climático: nuevos modelos económicos que aplican los Gobiernos

La lucha contra el cambio climático requiere de un cambio de paradigma y los modelos aún están en fase de desarrollo. Cómo es la agenda para la próxima década y cuál es la apuesta de los privados.

La supervivencia de los negocios y marcas pasa por un posicionamiento empresarial que explore nuevas estrategias de negocio

La supervivencia de los negocios y marcas pasa por un posicionamiento empresarial que explore nuevas estrategias de negocio

El Producto Bruto Interno (PBI) no mide ni nuestra inteligencia, ni nuestra virtud, ni nuestro coraje, ni nuestro aprendizaje, ni nuestra misericordia.  El PBI mide todo al detalle, excepto lo que da verdadero sentido a nuestra vida”, dijo, en 1968 durante un discurso de la campaña electoral,  Robert Kennedy, exfiscal General de los Estados Unidos. En la actualidad, es necesario repensar el progreso más allá de este indicador macro.

Al pensar en nuevos modelos económicos que integren aspectos ambientales y sociales, aparecen distintos nombres: economía verde, circular, azul, bioeconomía y más. Son propuestas que están en fase de desarrollo.

“Estos casos reflejan una transición estructural de un modelo de desarrollo extractivito a uno que busca adecuar o adaptar la actividad humana dentro de los límites planetarios. Todavía no hay un modelo que sea la panacea. Desde la óptica del cambio climático, todo modelo de desarrollo futuro debe ser resiliente a los efectos del clima”, señala Ramiro Fernández, director de Cambio Climático y Nueva Economía en Fundación Avina.

Según el experto en políticas de desa-rrollo sostenible y cambio climático, y director Ejecutivo de Asociación Sustentar, Rodrigo Rodríguez Tornquist, lo inviable del modelo vigente tiene que ver con un error antropológico de las ideologías que dieron forma a este siglo, neoliberalismo y marxismo. Ambas parten de un error: solo consideran al hombre en su dimensión económica, no en su integralidad. “Uno es una etiqueta en función de su productividad y ese es el pecado original de este modelo. Hoy, la clave es la acumulación de capital. Todo indica que la teoría del derrame no existe, sino lo contrario”, comenta. 

Hayley Stevenson es profesora Asociada en la Universidad Torcuato Di Tella. Se especializa en la gobernanza global, teoría democrática, sociedad civil global, cambio climático y medioambiente. En su informe Sociedades Sostenibles, escribió: “La transición hacia futuros sostenibles implicaría, en primer lugar, repensar las relaciones entre los seres humanos y el resto del mundo natural. El concepto de desarrollo es erróneo, porque considera a los seres humanos como la parte más importante de la naturaleza y asume que las necesidades humanas deben prevalecer frente a las necesidades de otros seres vivos y no vivos del mundo natural. Dicho de otro modo, el concepto de desarrollo es antropocéntrico. Esta actitud hacia la naturaleza se ha convertido en una actitud dominante en todo el mundo, porque importantes instituciones han universalizado de forma deliberada el concepto de desarrollo. Las estrategias, como la economía verde y la economía circular, fracasaron a la hora de resolver la crisis de la insostenibilidad, porque aceptan de forma inequívoca el crecimiento del PBI como un objetivo fundamental y legítimo de todos los Estados”.

El modelo al que se debería apuntar, según María José Alzari, coordinadora del área Legal & Compliance del Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sostenible (CEADS), es aquel que lleva a la eficiencia en el uso de los recursos. “Disminuyendo el uso  de recursos no renovables, como combustibles fósiles, estás directamente impactando en la disminución de efecto invernadero”, señala. Por otro lado, Fernández considera que incorporar una evaluación ambiental estratégica es un factor central para los modelos económicos a futuro.

“Si calidad de vida tiene que ver con vivir con el nivel de uso de recursos de un ciudadano estadounidense, estamos por mal camino. Si nuestra mirada de calidad de vida se centra en otra filosofía y apunta a una reducción de consumo suntuoso, vamos a poder vivir dentro de los límites planetarios. Es importante redefinir qué entendemos por modelo de consumo y calidad de vida”, destaca la referente del Ceads. Y asegura que, a nivel local, hay un fuerte sector emprendedor que implementa cambios de modelos productivos. De todas formas, no ve que estén acompañados por la política pública.

 

Las estrategias, como la economía verde y la economía circular, fracasaron a la hora de resolver la crisis de la insostenibilidad

 

Según Julian D’Angelo, director del Programa de Responsabilidad Social Consejo de la Magistratura y coordinador Ejecutivo del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social de la UBA, la economía circular o azul son buenas propuestas, pero no mueven el amperímetro de la economía. “Se pueden tomar experiencias de cada modelo pero, finalmente, es una forma distinta de hacer responsabilidad social”, dice.

Al pensar en los países que mejor implementan estas experiencias, D’Angelo nombra a los escandinavos: “Estos países cuentan con modelos económicos bastante invisibilizados porque se alejan de la economía neoliberal salvaje de países como los Estados Unidos o Inglaterra. También, se distanciaron de modelos colectivistas. Su experiencia demuestra que es posible tener una economía de mercado con una mirada más integral del ser humano. Además, allí la productividad es más alta que en el promedio de Europa”.

La Agenda 2030, adoptada por las Naciones Unidas, define el desarrollo sostenible como la articulación virtuosa entre crecimiento económico, inclusión social y sostenibilidad ambiental, sin dejar a nadie atrás. “La economía necesita adaptarse o tener como horizonte la Agenda 2030. En esta línea, uno de los problemas que ofrece más dificultades es la pobreza, que requiere de diversos elementos y acciones para ser superada. Los Objetivos de Desa-rrollo Sostenible (ODS) dan un marco para abordar el problema desde múltiples puntos de entrada. Cada año, millones de personas salen de la pobreza; sin embargo, aún un 40 por ciento de los que salen de ella pueden volver a recaer, pues son muy vulnerables”, enfatiza María Eugenia Di Paola, coordinadora de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, quien, además, sugiere que la agenda climática es tan transversal que tanto las medidas de mitigación como las de adaptación requieren de políticas integrales. Y agrega: “Como ejemplos pueden presentarse tanto las obras de infraestructura o las políticas de ordenamiento ambiental del territorio para aumentar la resiliencia de un determinado país o región, como así también las políticas de energías sostenibles o contrarias a la deforestación en materia de mitigación”.

El rol del sector público

“Los modelos de economía circular, verde o azul invitan a un cambio de paradigma. Contamos con una economía basada en el consumo y el descarte, que piensa al planeta como una fuente inagotable de recursos para un crecimiento sin fin. La economía tradicional ignora a la naturaleza”, señala Sergio Bergman, ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.

Para él, los ingredientes que deben caracterizar a los nuevos modelos económicos son el sentido común, recuperar el hacer tradicional, e innovación y tecnología. “El primer punto tiene que ver con que es irreal seguir extrayendo a la naturaleza y degradándola como si fuera ilimitada; el sentido común dice que no es por este camino. El segundo punto se relaciona con que hay muchos pueblos y comunidades originarias que son mucho más sabias en términos de sustentabilidad. Por último, este cambio de paradigma no es posible sin el factor de la innovación”, dice Bergman.

El funcionario presentó, a principios de año, junto al economista belga creador del modelo Economía Azul, Gunter Pauli, 10 actividades económicas identificadas en la Argentina con capacidad para transformar el modelo productivo y contribuir al crecimiento sustentable. Bergman cuenta que el Estado terminó con la prefactibilidad de haber escaneado las ecorregiones y oportunidades. “Ahora, es tiempo de los privados. Si el sector no invierte, no van a suceder”, enfatiza.

 

Uno de los problemas que ofrece más dificultades es la pobreza, que requiere de diversos elementos y acciones para ser superada.

 

La aplicación de la Argentina a la Organización para la Cooperación y el Desa-rrollo Económicos (OCDE) muestra que el país está dispuesto a asumir altos estándares. “Un tercio de las regulaciones de la OCDE son ambientales. El mundo va a hacia una economía en la que, si no generás productos sustentables, vas a tener barreras pararancelarias. El Estado tiene que ayudar para que la economía no permita que sea negocio contaminar, degradar o descartar”, reflexiona el ministro.

La apuesta de los privados

Según Stevenson, hay una percepción de que las compañías prosperan a costa de la comunidad. Peor aún, dice, mientras más adoptaron la responsabilidad corporativa, más se las culpó por las fallas de la sociedad.

Para Juan Pablo Barrale, gerente de Asuntos Corporativos de CCU, los nuevos modelos tienen cualidades interesantes e indican que el mundo cambia de forma permanente y veloz. “La innovación corre de forma transversal en todo lo que hacemos, y nuestros modelos mentales deben acostumbrarse al cambio. En nuestro caso, la búsqueda de procesos eficientes para usar cada vez menos agua en nuestra elaboración, el valorizar y reciclar el 100 por ciento de nuestros residuos, ofrecer empaques sustentables en la cadena de valor es parte de esa filosofía de trabajo”, explica, al tiempo que considera que el sector privado asume una responsabilidad muy grande: producir, dinamizar la economía y generar empleo, siempre con una mirada ambiciosa en términos ambientales.

En relación a ello, ejemplifica: “Tenemos un norte claro: reducir el consumo hídrico, nuestra huella de carbono y valorizar nuestros residuos. Es un compromiso para crecer de forma armónica con el medioambiente”.

En la misma línea se ubica la gerente de Comunicación y Relacionamiento con la Comunidad de Ball, Thais Moraes. Ella opina que indicar un modelo ideal de economía sería desconsiderar que cada modelo surgió en un tiempo histórico dado, con una realidad social y cultural propia; por eso se comprende que cada uno de los modelos responde a demandas específicas que, en algunos puntos, se complementan. La economía circular –dice la ejecutiva– conduce la producción de la empresa y el negocio de latas de Ball. Orienta la noción de crecimiento, ya que involucra eliminar residuos y contaminación, propone un diseño adecuado y mantener productos y materiales en ciclos de uso. 

“Para nosotros, la reducción del consumo por sí solo no soluciona el problema de la producción de residuos. Existen otras necesidades que van más allá de esta cuestión. Políticas públicas y compromisos con la transformación de la realidad global son factores determinantes para la sustentabilidad. Un ejemplo de empeño para la construcción de un modelo económico más eficiente es la Agenda 2030, teniendo en vista el desarrollo sustentable global por medio de la unión de empresas, organizaciones y gobiernos en acciones prácticas”, concluye Moraes. Y sugiere que la supervivencia de los negocios y  marcas pasa por un posicionamiento empresarial que explore nuevas estrategias de negocio, que busque oportunidades pautadas por la creatividad e innovación alineadas a nuevos conceptos para una economía más consciente.

De qué se habla cuando se habla de…

Economía circular: Su principio fundamental es la utilización de los residuos de unos como materia prima de otros, reduciéndose drásticamente tanto la generación de residuos como la extracción de nuevos materiales y materias primas.

Economía verde: Actividades económicas que contribuyen a preservar la calidad del entorno ambiental a través, principalmente, del uso eficiente de los recursos.

Economía azul: propone emular el funcionamiento de los ecosistemas naturales para generar un modelo macroeconómico y de negocios orientado a responder a las necesidades básicas de las personas, haciendo uso de los recursos localmente disponibles.

Bioeconomía: Producción basada en el conocimiento y la utilización de recursos biológicos, procesos y métodos biológicos para proporcionar bienes y servicios de forma sostenible en todos los sectores económicos.

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Comentarios1
Brian Gonzalez
Brian Gonzalez 26/08/2018 05:19:01

Seria utopicamente ideal que el gobierno amplie y mejore las medidas a favor de la economia sustentable tomando en cuenta todos los focos de acción y la correcta distribución de información ya desde los primeros años en las escuelas.