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Cambio climático: ¿Argentina ha vuelto al mundo? Marchas y contramarchas de la política ambiental

Mayor apertura, un relacionamiento más fluido y una interacción más cercana pareció empezar a gestarse con el actual Gobierno. Pero cuál es el rumbo y el objetivo que se quiere lograr.

Cambio climático: ¿Argentina ha vuelto al mundo? Marchas y contramarchas de la política ambiental

Muchas cosas cambiaron en la relación de la Argentina con el exterior de diciembre para acá. Una mayor apertura, un relacionamiento más fluido, una interacción más cercana pareció empezar a gestarse entre el Gobierno de Mauricio Macri y las potencias mundiales. Y los foros ambientales no estuvieron exentos de esta práctica.

Un año atrás, cuando se desarrollaba la 21° sesión de la Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), muchas de las delegaciones de los 195 países en asistencia miraban con asombro el errático accionar de la comitiva nacional, que bloqueaba el avance de ciertos aspectos de la negociación aún cuando el país transitaba –en ese mismo momento– la transición de poder del Gobierno de Cristina Fernández al de Macri. Solo cuando este último asumió (días antes de que la COP21 culminará con la adopción del Acuerdo de París), y un representante fue enviado en su nombre, el posicionamiento nacional viró. “Argentina is back?” (“¿Argentina ha vuelto?”), comenzaron a preguntarse entonces.

Y la respuesta que parece haber querido dar el Ejecutivo nacional –a través de su Cancillería, y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable (MAyDS), que lidera el rabino Sergio Bergman–, durante todo este año, es “sí”. Gestos en dicha dirección pudieron observarse en las diversas instancias de negociación climática que tuvieron lugar este 2016, anunciando la Argentina que revisaría los compromisos climáticos (NDCs, por sus siglas en inglés: Nationally Determined Contributions) que presentó previo a la COP21 –fuertemente criticados por la metodología con que habían sido construidos, la línea de base que empleaba y su aparente escasa ambición–, estando entre los primeros países que ratificaron el acuerdo parisino y rompiendo con Like-Minded Developing Countries, bloque de negociación que integraba desde hace años junto a países como Arabia Saudita y Venezuela, y se caracteriza por una postura intransigente respecto a determinados temas (como, por ejemplo, las medidas de mitigación al cambio climático que los gobiernos deben aplicar).

Al culminar la COP22, que se llevó a cabo durante las dos últimas semanas en la ciudad de Marrakech, Marruecos, la Argentina parece haber dado un paso más en su intento por recuperar el posicionamiento de vanguardia que, en una época, supo tener en relación a las negociaciones sobre cambio climático.

Así, y por primera vez en años, la comitiva que partió hacia el continente africano no solo estuvo compuesta por representantes del Ejecutivo (Cancillería, y MAyDS), sino también por delegados provinciales y del Parlamento. Sumado a ello, y según contó Marcia Levaggi, directora de Medioambiente de la Cancillería, a El Cronista desde Marruecos, el país continuo autónoma de bloque, “coordinando posiciones” –durante esta cumbre– con Brasil y Uruguay. “En este momento, son nuestros aliados naturales y estamos trabajando bien. Los tres países presentamos una posición común en adaptación que fue incluida en el texto, algo que nunca antes se había dado”, explicó.

Por otra parte, días atrás, la Argentina oficializó los resultados de la primera etapa de revisión de sus NDCs. A partir de ella, la contribución incondicional del país –aquella no atada al financiamiento externo– pasó de una reducción en sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs) del 15% a 2030 a una del 18%, lo que se traduce en 109 millones de toneladas de dióxido de carbono que la Argentina dejará de emitir hacia ese año en relación a su escenario BAU (business as usual). Asimismo, la condicional –esta sí atada a la posibilidad de conseguir financiamiento internacional– incrementó de 30 a 37%.

“Ese es un proceso abierto y continuo”, puntualizó Bergman, en comunicación desde la COP22 con El Cronista. “En 2017, el Gabinete Interministerial de Cambio Climático va a trabajar sobre las recomendaciones que distintos actores hicieron sobre la revisión”, añadió. Aun así, la Argentina ya imprimió su sello al convertirse en el primer país-parte de la CMNUCC en no solo expresar su deseo de revisión, sino en ya haber presentado un compromiso más ambicioso al original.

Estado de alerta

Más allá de las intenciones nacionales y de todos los países involucrados en la cumbre marroquí, primera que se realiza con el acuerdo de París ya vigente (un hito de la historia climática que logró ratificación a menos de un año de su adopción), la misma no pudo evitar verse atravesada por los resultados electorales que llegaron desde los Estados Unidos. Donald Trump, todos en el foro lo saben, es un negador del cambio climático, fenómeno al que calificó en más de una oportunidad como “un invento chino” para percudir la competitividad norteamericana. A menos de dos meses de asumir la presidencia (el 20 de enero próximo), ya corren versiones de que podría llevar a su país a abandonar la CMNUCC. Durante la campaña, también había anunciado que “cancelaría” el acuerdo de París. Si bien ninguna de estas versiones, aún, fueron ratificadas por Trump tras las elecciones, en Marruecos el estado de alerta se hizo sentir, y no es para menos: de caer los compromisos de los Estados Unidos, el acuerdo de París podría correr riesgo de no ser aplicado con éxito, como ya sucedió años atrás con el Protocolo de Kyoto.

Los líderes mundiales presentes en la COP22, sin excepción, aunque en general sin mencionar el nombre del magnate republicano, fueron enfáticos al afirmar que el acuerdo no tiene marcha atrás, que es responsabilidad de las potencias globales afianzar la lucha contra el cambio climático y que los Estados Unidos debe hacer honor a los compromisos que asumió. Consultado por este tema, la reflexión de Bergman siguió una línea similar: “El clima es de incertidumbre y expectativa, también de una convicción firme de que el trabajo que se comenzó debe ser terminado”.