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Buenos Aires dejó atrás el alerta rojo, pero la urgencia solo cambió de foco

Imagen de HERNÁN DE GOÑI

por  HERNÁN DE GOÑI

Subdirector Periodístico
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La detención de los tres condenados que se fugaron hace dos semanas de la cárcel de General Alvear, su puesta a disposición de la justicia federal y el traslado al penal de Ezeiza, consiguieron bajar un poco el fortísimo nivel de estrés con el que arrancaron el año las autoridades de la provincia de Buenos Aires. Dejaron atrás el alerta rojo, pero volvieron al naranja. La urgencia no desapareció, solo tiene otro color.


La crisis de seguridad que abrió la fuga de los hermanos Lanatta no le sumó peso a la mochila con la que asumió María Eugenia Vidal, pero sí le agregó una exigencia pública: la promesa de sanear el servicio penitenciario y reestablecer la confianza en la policía bonaerense va a ser contrastada con el deficiente funcionamiento que mostraron ambas fuerzas en este episodio, impreso en la retina de sus votantes tras 14 días de persecución en vivo.


A Vidal y su equipo la espera ahora la angustia financiera del día a día. Apuestan a cerrar en breve la dura negociación para aprobar este jueves la ley de Presupuesto 2016. El kirchnerismo quiso transformarla en un test de gobernabilidad, pero le salió como un boomerang. No tomó en cuenta que la asfixia financiera que le impuso Cristina Kirchner a Daniel Scioli desde 2012 sembró necesidades y rencores en los municipios y en los miles de víctimas de este Estado quebrado. Los ‘esqueletos’ que el ministro Hernán Lacunza encontró en las finanzas bonaerenses (entre déficit fiscal, deuda interna y gasto no registrado, suman $ 94.000 millones), aunque suene extraño, terminaron jugando a favor de Vidal y en contra de quienes apostaron el dinero de los bonaerenses en la ruleta presidencial.