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Brasil y Argentina: visiones convergentes en política nuclear

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por  MAURO VIEIRA

Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil
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Brasil y Argentina: visiones convergentes en política nuclear

En este 1ro. de abril, en Washington, tiene lugar la 4ª Cumbre de Seguridad Física Nuclear.
La idea del encuentro es llevar hacia delante una discusión con respecto a la garantía de la seguridad de las instalaciones y materiales nucleares, como también sobre la profundización de la lucha contra la amenaza del terrorismo nuclear. Para eso, es necesario establecer una robusta arquitectura internacional de seguridad, con la participación central del Organismo Internacional de

Energía Atómica (OIEA), la única institución multilateral con competencia y experiencia en el tema.
Brasil está profundamente involucrado en ese proceso. Participamos activamente en las cumbres anteriores, somos parte de la Convención sobre la Protección Física de los Materiales Nucleares y de su enmienda del 2005, y firmamos el Convenio Internacional para la Represión de los Actos de Terrorismo Nuclear.

Pero es esencial que las iniciativas en el campo de la seguridad física se complementen con sostenidos esfuerzos en la no proliferación y, fundamentalmente, en el desarme.

Es necesario, asimismo, que las medidas internacionales para reforzar la seguridad nuclear no perjudiquen el derecho de cada Estado a desarrollar el uso de la energía nuclear para fines pacíficos, lo que ha posibilitado el acceso de la humanidad a beneficios en áreas tan diversas como la generación de electricidad, la medicina y las aplicaciones en la industria, la agricultura y en el medio ambiente, entre otras.

En Brasil, tenemos una matriz energética limpia, con un amplio uso de fuentes renovables. La generación de energía térmica, que incluye la energía nuclear, a base de uranio, tiene papel complementario, pero no menos importante. Tenemos una de las mayores reservas de uranio en el mundo, lo que nos posibilita la generación fiable de una energía eficiente, ambientalmente limpia y con origen nacional, lo que reduce la vulnerabilidad con respecto al suministro y a la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles.

Brasil defiende el uso pacífico de la energía nuclear con sólidas credenciales. Como ha recordado la Presidenta Dilma Rousseff en un discurso en las Naciones Unidas, "nos abstenemos, por un compromiso constitucional, del uso de la energía nuclear para fines que no sean pacíficos. Brasil es un vector de paz, estabilidad y prosperidad en su región". Somos parte del Tratado de Tlatelolco, que hizo de América Latina y el Caribe la primera zona libre de armas nucleares en el mundo, y estamos vinculados a los compromisos del Tratado de No Proliferación Nuclear.

Hemos creado mecanismos eficientes y adecuados para la estricta contabilidad y control de materiales nucleares, especialmente la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control (ABACC), exitoso modelo de transparencia y construcción de confianza entre países en el ámbito nuclear, que permite la verificación mutua de materiales sensibles en todas las actividades nucleares de Brasil y Argentina, que hoy son socios estratégicos, fundamentales en la construcción de la integración regional.

A pesar de los avances regionales e internacionales en el tema, sigue siendo imperativo hacer frente a la cuestión de los arsenales atómicos. Hoy en día, mundialmente, la mayor parte del material físil pasible de uso en armas se encuentra en instalaciones militares, sobre las cuales no hay cualquier sistema global de seguridad y verificación. Y la detonación de un dispositivo nuclear por un Estado sería tan catastrófica e ilegítima como el uso de estas armas por parte de actores no estatales, para causar destrucción y muerte a gran escala.

Por lo tanto, Brasil apoya iniciativas en favor del desarme nuclear y seguirá defendiendo la eventual negociación de un tratado de prohibición de las armas nucleares. "No hay manos ciertas para las armas equivocadas", dijo el Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon. La efectiva y duradera seguridad nuclear jamás se logrará sin el pleno comprometimiento de toda la comunidad internacional, y muy especialmente de las potencias nucleares.