Miércoles  17 de Abril de 2019

Artana: "La suspensión de subas de tarifas puede complicar el programa fiscal con el FMI"

Para el economista, el plan anticrisis del Gobierno tendrá “algún alivio” en el bolsillo de la gente, aunque es escéptico respecto de su efecto para bajar la inflación.

Daniel Artana, profesor de Economía de los Negocios del MBA de la Universidad del CEMA, analiza la batería de medidas anunciadas por el Gobierno para frenar la inflacion. “Hay bastante heterodoxia. En la medida en que esté dirigido a la gente de menores recursos puede tener algún impacto”, sostiene en una entrevista con El Cronista.

Tuvimos un 4,7 de inflación en marzo, un número que no estaba ni en los peores pronósticos de los privados. ¿Es el pico y ahora empieza a bajar, como dice Macri, o aún está por verse?

-Fue un número muy malo el de 4,7%. Si uno se paraba en diciembre, ni el Gobierno ni nadie del sector privado proyectaba esa magnitud para el mes de marzo. Así que fue una muy mala noticia. A raíz de esto, el BCRA ha anunciado un programa que da un poco más de certeza respecto a la evolución del tipo de cambio, y eso debería ayudar a que la inflación vaya cediendo. Los programas monetarios normalmente actúan con algún rezago, no tienen un efecto inmediato. El rezago no es fácil de medir en la Argentina, pero es entre 9 y 12 meses, uno debería empezar a ver en la inflación de mediados de año el impacto de las decisiones que se empezaron a tomar el año pasado. Además, en términos de expectativa, con este anuncio de que los límites de la zona de no intervención cambiaria no se van a mover, uno sabe que de acá a fin de año el tipo de cambio no va a pasar de 51,45 pesos. Y sabe que el BCRA tiene muchas reservas para vender, en el supuesto caso de que el tipo de cambio vaya a ese nivel. Antes no teníamos esto porque el tipo de cambio se estaba moviendo y si uno proyectaba iba a ser casi de $ 60 a fin de año. El riesgo de esto es que nos metamos otra vez en un atraso cambiario, pero será un problema del próximo gobierno.

¿Le sorprendió que el FMI accediera a que se fijara ese techo?

-El dólar sigue flotando dentro de la banda y, en realidad, yo creo que el Fondo era más propenso a la banda fija de entrada que a una banda que se fuera moviendo mensualmente. No creo que haya sido esto muy difícil de discutir con el Fondo, pero no lo sé. Ahora lo que se anunció ahora, ahí sí, porque tiene algún costo fiscal que puede complicar el programa fiscal del Gobierno, porque se ha anunciado que se suspenden los aumentos de tarifas.

¿Y tendrán un verdadero efecto de alivio en el bolsillo las nuevas medidas?

-Bueno, que no haya aumentos de tarifas es algo… aunque tiene un costo para el Gobierno.

El Gobierno había dicho antes que las medidas no tendrían costo fiscal. ¿Qué pasó?

-Lo de tarifas, tiene, el resto es extender el programa de Precios Cuidados y programas de índole crediticio, no es novedoso esto. En Precios Cuidados se amplía el programa, puede ser un alivio para la gente que compra esos productos, pero de ahí a pensar que eso es clave para bajar la inflación… Tuvimos 4,7% de inflación con Precios Cuidados… Lo que puede ser es un alivio para la gente lo de los cortes de carne, es una medida que habían hecho los uruguayos, y eso se financia con algún producto que le compensan a los frigoríficos ese menor ingreso que tienen por estos tres productos que van a un precio preferencial.

Para los más críticos, estas medidas son “kirchnerismo de buenos modales”. ¿Usted cómo lo ve?

-¿Kirchnerismo, en qué sentido? ¿Porque hay Precios Cuidados? Eso ya estaba…  Y frenar un aumento de tarifas comparado con vender la electricidad a un 10% del costo, me parece que es un poquito exagerada la comparación. De todas maneras, hay algo de heterodoxia, bastante, en esto. Yo soy bastante escéptico de que eso funcione para bajar la inflación, pero obviamente pueden ser un alivio para el que consigue un crédito… A ver, que algún otro en la economía va a pagar, porque magia no se puede hacer, pero en la medida en que esto sea dirigido a la gente de menores recursos tiene algún impacto.

Ahora, ¿cómo opera frente a este tipo de planes la confianza en el Gobierno? Porque hay un deterioro muy grande que se refleja en las encuestas. ¿Le resta efectividad a las medidas?

-Lo hace más difícil. Uno tiene varias cosas que asegurarse para que un programa funcione como uno quiere: primero, tiene que estar bien diseñado. Por ejemplo, si uno pone políticas de ingreso y no arregla el problema fiscal y monetario, sabe que termina mal, es una cuestión de cuántos meses dura, que eso hizo el kirchnerismo muchas veces. Ahora, uno tiene el programa monetario y fiscal más o menos calibrado, pese a que es muy duro el que está en vigencia, ahora se relaja un poco, si uno tiene confianza transita la parte peor del programa mejor y más rápido. O sea, si uno consigue la confianza de que al Gobierno le creen en materia de su política fiscal y monetaria, la economía no recesiona tanto.

Pero el problema está.

-Evidentemente hay un problema de confianza pero, además, de incertidumbre electoral, y el Gobierno tampoco lo puede manejar mucho. En estas cosas, lo que hay que tratar de hacer es prevenir que ocurran estos problemas pero para eso es demasiado tarde. Tendría que haberlo hecho en 2016 o 2017, entonces ahora el Gobierno está en un baile donde está metido en una situación que es una economía en receso, con una caída muy importante del consumo, un deterioro del salario real muy importante y eso no es positivo desde el punto de vista de la imagen. Y ahí se te empieza a meter el tema de la elección.

¿Se puede ganar la elección con un panorama económico tan complicado?

-En general, la economía afecta mucho la decisión electoral. Lo que tenemos es una decisión electoral donde hay otra cosa que es rara: también la principal oposición es una oposición que fracasó en materia económica en la última parte de la gestión, por lo menos, y que genera otros condimentos no económicos… Así como el Gobierno tiene que estar preocupado porque la economía no lo ayuda para la elección, la oposición kirchnerista también, porque en una circunstancia normal, con la economía como está, casi cinco de inflación mensual, caída del consumo interanual de dos dígitos, uno si fuera candidato de la oposición debería estar liderando las encuestas por 20 puntos. Tampoco está ocurriendo, es una situación en la que los dos tienen que estar preocupados.

Y el eventual fortalecimiento de una tercera opción electoral, como sostienen algunos, ¿ayudaría a estabilizar la economía?

-Depende de lo que diga la tercera opción…

Hablemos del caso de Lavagna.

-Lavagna, como es economista, entiende mejor los problemas económicos que el promedio de los políticos, pero ahí la pregunta que uno tiene que empezar a hacerse tanto para Lavagna, Macri, Schiaretti o Cristina o el que quiera poner arriba de esta historia, los problemas económicos son más o menos los mismos. Imaginémonos cómo va a estar esta economía para fin de año y a partir de ahí qué cosas vamos a hacer. Yo lo he dicho antes, la Argentina necesita reformas estructurales, otros países avanzan y nosotros nos quedamos parados. Brasil ha avanzado en lo laboral, ha avanzado en una reforma previsional, nosotros tenemos cosas que nos complican: tenemos un tamaño del Estado en la economía, impuestos que son desopilantes y no alcanzan… en algún momento hay que ponerle el cascabel al gato. ¿Qué es lo que piensa hacer el Gobierno en materia estructural? Lavagna, ¿qué haría? ¿Y el kirchnerismo? Empecemos por un debate a mediano plazo.

¿Se puede dar ese debate en la campaña?

-En la Argentina, en general, las campañas no son muy felices en términos de futuro. Pero lo que digo es que no alcanza con que me digan “hay que hacer la reforma laboral”. El título no, yo quiero conocer el contenido. Si es el blanqueo laboral y, no es mover mucho…  Cuando uno mira el nivel de rigidez que tiene la legislación laboral en el país, mira el retroceso que hubo en el kirchnerismo en todo lo que tiene que ver con la legislación laboral, que es lo que explica en parte por qué una pyme hoy cada vez que tiene una indemnización por despido, no la que marca la ley, una que es tres veces la que marca la ley porque hay toda una litigiosidad y el negocio de los abogados laboralistas… A ver, el soporte de Lavagna, en principio, fueron los sindicatos y Duhalde ¿Esta gente cree que hay que hacer esta reforma laboral? Para tomar un ejemplo.

¿Y el timing de esa reforma, cuenta? Porque algunos la piden ya, pero otros plantean que no se puede hacer con la economía en esta situación de deterioro…

-Depende de lo que estemos hablando. Si uno razona, como ha razonado Duhalde en su momento y algunos de la oposición, que lo que hay que hacer en un momento como éste es duplicar la indemnización por despido… bueno, ahora si lo que dice es ‘yo tengo una indemnización por despido que está aggiornada con lo que pasa en otros países del mundo, además tengo un seguro de desempleo en la Argentina, chiquito pero tengo, y lo que tengo es toda una litigiosidad asociada a inventar, a veces, alguna multa relacionada a si al tipo le pagué una hora en negro', que puede ser un invento del abogado laboralista, tengo un problema. Volver al régimen laboral que la Argentina tenía en 2003 antes que lo destruyera Recalde y compañía, no me parece que sea una cosa que tengamos que esperar.  Sacar los privilegios que tienen los sindicatos de financiamiento, ¿por qué hay que esperar? Si estamos discutiendo que hay plata que disponen los sindicalistas que sabemos no se usa para cosas muy santas. ¿Estamos hablando del trabajador o de los sindicalistas?

Pero el Gobierno tampoco ha avanzado contra los sindicatos.

-Está bien, esa es una crítica para el Gobierno, quiero decir que esto de que hay que esperar a que la economía esté bien, depende de qué hablamos. Hay muchas cosas que se pueden hacer, que uno no tiene por qué esperar y, en realidad, gran parte de las reformas estructurales van para cortar curros. Si va a cortar curros, no afecta al trabajador, afecta al intermediario, a la plata espuria que tienen los sindicatos, al alto costo que tiene resolver un litigio en la Argentina, hay un montón de cosas que se pueden corregir rápido, independientemente del estado del ciclo económico.

La oposición dice que hay que rediscutir el acuerdo con el FMI, porque es difícil de cumplir.

-A ver, ¿es difícil de cumplir por las metas fiscales y monetarias o por el cronograma de devolución del préstamo al FMI que está previsto en el acuerdo? Respecto del cronograma, yo me atrevo a decir que si Argentina avanza en consolidar la cuestión fiscal, avanza en reformas estructurales, se renegociará el periodo de devolución… es ‘fulbito para la tribuna’, discutir eso. Esa parte no me preocupa, se puede devolver después, en la medida en que Argentina avanza. De hecho hasta por ahí podemos cumplir si accedemos a los mercados voluntarios de deuda. Ahora, si lo que estamos diciendo es que queremos tener un programa con el Fondo, que además nos posterguen los pagos, que la comunidad internacional nos preste para tener el año que viene un déficit primario de dos puntos del PBI, para poner un número, ahí no entenemos como funciona, y los primeros dañados vamos a ser nosotros. Tenemos que poner precisiones porque si no nos quedamos con el ‘fulbito para la tribuna’, si no es una discusión en abstracto. No se va a dar ese debate a nivel de candidatos, pero se podría empezar a dar a nivel de equipos técnicos.

Volviendo a la confianza, ¿está a tiempo de dar un golpe de timón el Gobierno para regenararla?

-Hoy me parece que no, porque está muy encendido el debate electoral y el Gobierno no puede hacer nada para cambiar lo que dan las encuestas. Ahora, si hubiera un escenario que se muestra que el voto popular va a ir para el Gobierno o la oposición menos traumática para la economía, eso va a aliviar la tensión de la economía. Puede ser muy injusto con el kirchnerismo, pero la gente cree que si viene el kirchnerismo vamos a tener un problema económico serio.

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