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Ariel Lijo, el juez ‘ideal’ para medir la consistencia de la denuncia de Nisman

Nombrado en 2004, es uno de los magistrados más valorados en Comodoro Py. Procesó a Boudou por Ciccone y será quien instruya la investigación contra la ex presidenta por el presunto encubrimiento a Irán en el caso AMIA

Ariel Lijo, el juez ‘ideal’ para medir la consistencia de la denuncia de Nisman

A mediados de 2012, cuando fue sorteado para instruir Ciccone, entonces la causa estrella de Comodoro Py, el juez Ariel Lijo quedó ante el inevitable escenario mediático de ser quien avance con un expediente caliente como el que vinculaba al vicepresidente Amado Boudou con presuntas maniobras de corrupción, o quien duerme el caso y avale el sobreseimiento de un funcionario clave en el andamiaje del entonces dominante gobierno kirchnerista.

Cuatro años y medio después, la causa Ciccone todavía transita por los pasillos de Tribunales, aunque a la espera del inicio de un juicio oral y público que podría comenzar este año. La demorada elevación no tuvo que ver con Lijo, que procesó a Boudou en junio de 2014, veinte días después de tomarle indagatoria, al encontrarlo responsable de los delitos de cohecho y negociaciones incompatibles con la función pública.

El fallo fue sonoro, ya que se trató del primer procesamiento contra un vicepresidente de la Nación. Boudou, en ese momento, era un protagonista de la primera línea de la política local, no el desdibujado personaje que representa hoy, sin cargos ni fueros. La figura de Lijo salió indemne del caso más pesado en el que le tocó intervenir desde que juró el cargo en 2004 y ahora a los 48 años y a más de una década de convertirse en juez con el aval presidencial de Néstor Kirchner, aparece como uno de los pocos jueces confiables para oficialistas y opositores que debaten su futuro en la Justicia federal.

Si bien hoy comienza formalmente la feria de verano y Lijo se reintegrará de sus vacaciones el lunes 16, cuando vuelva tendrá por delante un desafío incluso superior al que significó Boudou. El viernes pasado fue sorteado como titular de la denuncia que el fiscal Alberto Nisman realizó hace dos años, cuatro días antes de morir, contra la ex presidenta Cristina Fernández por encubrimiento a Irán en el atentado de la AMIA.

El 14 de enero de 2015, cuando Nisman radicó su presentación, lo hizo ante el juzgado de Lijo, que en ese momento, por ser autoridad de feria, se declaró incompetente. Su par Daniel Rafecas fue sorteado y tomó el caso, aunque se negó dos veces a iniciar la investigación por entender que no había delito, lo que motivó que la semana pasada Casación lo desplazara.

Casualidad, o no, Rafecas cubrirá el juzgado de Lijo durante su licencia en la primera quincena de enero. Contemporáneo a Lijo y muy valorado su trabajo en sus primeros años como juez, Rafecas hoy carece para muchos de ese halo de neutralidad que cubre a su colega. En la Magistratura, el oficialismo lo tiene apuntado por firmar fallos en los que supuestamente favoreció a funcionarios "K".

Cuando se haga cargo de la causa, Lijo podrá decidir si se declara incompetente de nuevo o si asume la investigación. Se espera que esta vez la acepte y comience a instruirla. En caso de apartarse, Claudio Bonadio surge como un posible reemplazo, por ser quien lleva adelante la denuncia por traición a la patria contra Héctor Timerman, el ex canciller que también figura entre los denunciados por Nisman.

Némesis de Cristina en la Justicia, Bonadio es rechazado por el kirchnerismo duro y sería inimaginable que, después de haberla procesado en la causa dólar futuro, quede al frente de otro caso que involucra a la ex jefa de Estado. Tampoco parece ser el momento indicado para que el caso lo tomen Julián Ercolini, que acaba de procesarla y embargarla por $ 10.000.000 por adjudicarle obra pública a Lázaro Báez, o Sebastián Casanello, al frente de la investigación del complejo entramado que los medios definieron como la ruta del dinero K.

Para evitar sospechas y cuestionamientos, ese contexto marca que el hombre indicado es Lijo, incluso desde antes que se realice el sorteo. Por espaldas, antecedentes y por, de algún modo, no tener hoy un caso resonante en los medios rodeándolo. Dependerá de él avanzar con una denuncia que la Justicia tiene stand-by. Y que merece ser considerada, al menos, antes de saber fehacientemente si las acusaciones de Nisman son tan consistentes como creen unos, o un delirio de grandeza como aseguran otros.