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El tetazo, los policías y los pensamientos vergonzantes

El tetazo, los policías y los pensamientos vergonzantes

Por esas cosas insólitas que pasan en la Argentina, amamantar a un hijo en público se convirtió en algo obsceno, casi exhibicionista, que puede llevar a la portadora de ese par de ubres llenas de leche a la cárcel. Hace unos días, dos mujeres de la policía municipal de San Isidro intentaron detener a una chica de 22 años que estaba sentada en una plaza dándole la teta a su bebé de nueve meses. Cuando se conoció la noticia, cientos de madres se unieron para protestar con un ‘tetazo’ masivo y salieron en tropel a la calle para amamantar a sus hijos en distintos lugares del país. Aunque efectivo y ruidoso, el ‘piquetetazo’ no alcanzó para impedir que los ojos escrutadores de dos agentes de Misiones los llevara ayer a revivir la escena.

Una explicación posible y simplista diría que se trata de policías desinformados: no existe ninguna ley que prohíba dar la teta en público y, por lo tanto, delito alguno. Las feministas jurarán y perjurarán que se trata de una actitud machista de ‘cosificación’ a la mujer. Puede que también estén en lo cierto. Pero hay una mirada más amplia, una lectura freudiana sobre el acto de amamantar, que de ninguna manera busca justificar la repudiable actitud de los efectivos sino comprender los motivos que la provoca. Pues bien, es probable que la explicación esté sólo en la cabeza de quienes quisieron llevarse presas a esas mujeres. O en sus pensamientos vergonzantes.

Algo es claro: la escena de una madre amamantando a su hijo jamás resulta indiferente para nadie. Básicamente porque casi todos hemos estado en el lugar del niño con la teta en la boca. En algunos casos, la imagen puede provocar ternura, en otros, ofensa o pudor, tal vez un poco de envidia, incomodidad y hasta excitación. Sí, lo que en lenguaje corriente se llama calentura.

¿Por qué esas infinitas y variadas reacciones? Para la teoría psicoanalítica, hay algo más en el amamantamiento que un mero proceso de alimentación. El acto reflejo de succión en el bebé es vital para comer, claro. Pero el flujo de la leche calentita en la boca, la mirada y la conexión con su madre también le dan placer. Es común ver ese deleite cuando el niño ya está lleno y agotado, sin hambre pero prendido a la teta como garrapata. Y ese placer es siempre libidinal y sexual.

Para no herir susceptibilidades, vale aquí una aclaración. Lo sexual para el psicoanálisis no está relacionado con la reproducción biológica o la genitalidad. La revolución freudiana consistió precisamente en ubicar a la sexualidad en el sentido del placer. Y en incluir en ese goce a la infancia. (Un escándalo descomunal para su época). Es por eso que cuando una madre le está dando la teta a su hijo no sólo lo está alimentando; también lo está ’libidinizando’, es decir, también está erotizando el cuerpo del niño, alejándolo de una simple forma biológica y transformándolo en humano. No hay ahí genitalidad pero sí sexualidad porque el bebé obtiene placer a través de su boca, la primera zona erógena por excelencia. Y ese vínculo primario, su duración y la participación del padre (o quién ocupe ese lugar) en esa célula narcisista madre-hijo determinará en gran medida la estructura psíquica del futuro adulto.

Es por eso que algunos no pueden ver sino con represión o espanto a ese acto dulce, profano y casto que significa amamantar. Quizá sería atinado que además de estudiar las leyes pertinentes y hacer un curso sobre los beneficios de la lactancia materna, los policías protagonistas de esta historia también pasen un tiempo por el consultorio de un analista.