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Jueves 4.1.2018
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Acciones necesarias y urgentes para la seguridad hídrica

Imagen de MANUEL OTERO

por  MANUEL OTERO

Director General del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA)
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Acciones necesarias y urgentes para la seguridad hídrica

El carácter inédito del Foro Mundial del Agua 2018, celebrado en Brasilia con la participación récord de 10.000 personas de 170 nacionalidades y la presencia de autoridades gubernamentales, sociedad civil, empresarios, académicos e instituciones internacionales, constituye una oportunidad excepcional para profundizar entendimientos y asegurar la implementación de acuerdos para garantizar la seguridad hídrica.

Se trata de un asunto vital para la vida humana y, por eso, debe ocupar un lugar prioritario en las agendas de los gobiernos, ya que el papel del agua dulce es irremplazable en todos los aspectos que hacen a la supervivencia del hombre: la producción y el consumo de alimentos, la salud, la industria y la generación de energía.

Ese papel impone una obligación estratégica: la gestión del agua, como recurso limitado y finito, debe considerar sus múltiples usos como interdependientes y buscar por lo tanto cómo compartirlo dando prioridad a su utilización en áreas de mayor impacto en la sociedad.

Pese a que tres cuartas partes del planeta se componen de agua, el porcentaje utilizable en actividades humanas de consumo, saneamiento y producción es escaso: apenas un 2,5% del agua existente es dulce y de esta porción la agricultura utiliza cerca de un 70%.

Nos acostumbramos a pensar en el agua como un recurso renovable debido al ciclo hidrológico, pero los cambios en el clima y la temperatura ocasionados por el hombre, y prácticas inadecuadas en su manejo y gestión, revelan que además de ser un recurso finito, es también altamente vulnerable. 

Hay más sequías y son más severas, al igual que las inundaciones y los huracanes, que ocasionan altos impactos en la disponibilidad y acceso al agua dulce, sobre todo de las poblaciones más vulnerables. Estos efectos negativos se potenciarán.

Una gestión eficiente del agua como bien vital, escaso y vulnerable necesita, a través de la cooperación técnica internacional, debe expandir la capacidad de los actores públicos y privados para lograr un uso eficiente en la agricultura y un manejo sostenible de los ecosistemas.

El cumplimiento de estos objetivos requiere fortalecer la institucionalidad de los ministerios de agricultura, promover una gestión integrada del agua para lograr la sustentabilidad agrícola, enfrentar los retos del cambio climático, y robustecer la innovación para mejorar la productividad de los recursos hídricos, así como afianzar la formación de recursos humanos en los nuevos paradigmas para la agricultura.

Ese imperativo parte de varias constataciones inquietantes. El aprovechamiento y la disponibilidad de los recursos hídricos por la agricultura están condicionados por la contaminación y la sobre explotación de los mantos acuíferos, la competencia por el agua con la industria y la urbanización, el empobrecimiento, la salinización y erosión de las tierras de regadío, y el bajo nivel de infraestructura para riego.

América Latina, junto con África, es la región con mayor potencial para incrementar su producción agrícola gracias a la disponibilidad de agua dulce y de nuevas tierras con potencial para incorporarse a la producción. Esta condición, que no es homogénea, ya que hay países y regiones expuestos a la escasez, otorga al hemisferio una mayor responsabilidad en el aseguramiento del agua para la alimentación del futuro. Debemos asumirla y trabajar para recuperar el tiempo perdido.

Enfrentamos grandes desafíos en un marco de carencias y amenazas. Se debe alimentar a una población creciente y con más ingresos. No hay otra opción, al hablar del uso sostenible del agua en las zonas rurales, a crear condiciones para mejorar la gestión del recurso hídrico y a combatir la desertificación y la salinización de suelos.

Gran parte del crecimiento de la producción de alimentos de los últimos 50 años ha sido posible por un aumento en la captación de aguas subterráneas. Pero en muchos lugares esta posibilidad ha llegado a sus límites máximos.

No podemos esperar más. Estamos en un momento crucial para profundizar y asumir e implementar los compromisos. Tenemos que hacerlo por nosotros y, sobre todo, por quienes vendrán después.