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A Macri le cuesta elegir entre el "camino correcto" y lo que piden los empresarios y los gremios

El presidente Mauricio Macri todavía siente que su gestión está más condicionada por los lobbys sectoriales que por la opinión que entregan los votantes a través de encuentros personales, las encuestas o las redes sociales. Como buen ingeniero, cree en planes que estén guiados por una línea recta. Y muchas veces percibe que las negociaciones que debe encarar su equipo para poner en marcha un proyecto o una ley lo desvían de sus objetivos. Cada vez que se enfrenta a un rechazo o a una negativa, el Presidente siente que lo que hace su interlocutor es desconocer el mandato que recibió el oficialismo en las elecciones de 2015.


En las palabras que pronunció ayer en la Casa Rosada por el 25 de Mayo tras el tradicional Tedeum realizado en la Catedral, el jefe de Estado dejó ver ese sentimiento. "Que la política o algunos de la política o de la dirigencia -porque también pueden ser empresarios, sindicalistas y jueces- no se crean dueños de decirnos lo que tenemos que hacer", remarcó. A su forma de ver, él no es el jefe de un poder del Estado, sino uno más de los ciudadanos que eligen al responsable de solucionar los problemas del país. Por lo tanto, el que se opone a sus iniciativas contradice la voluntad expresada en las urnas.


Macri expresó estos conceptos después de haber escuchado la homilía del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mario Poli, en la que se sintió inevitablemente interpelado. El religioso había advertido que buena parte de la población "carece de lo necesario para una vida digna", tras lo cual sostuvo que "la inequidad genera violencia". En su mensaje, no obstante, no lo dejó solo al Presidente. El obispo llamó a dejar atrás la confrontación y pidió a la clase política generar un "consenso creativo".


Para el Presidente, sus políticas son el "camino correcto" para bajar la inflación y la pobreza, y por eso lo que espera es un respaldo que en todo caso las mejore pero no las distorsione. Cuando escucha críticas a su administración, enseguida piensa en todos aquellos que defienden intereses sectoriales y en el precio que le ponen al avance de sus propuestas.
Está claro que los gobiernos no tienen un solo camino. Macri no se siente un político y por eso desconfía de ellos. Pero puede pedirles que sean transparentes y que sumen su voz a un ámbito donde el diálogo sea percibido como una construcción. El ping pong entre el pasado y el futuro no lleva a ningún lugar.