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A 40 años del último golpe militar: la última crónica

El Cronista tuvo 11 periodistas desaparecidos. Entre ellos a su director, Rafael Perrotta. El siguiente texto fue construido con extractos de diferentes artículos escritos por ellos. Esta es nuestra manera de hacer que sus voces sigan vivas 40 años después de la última dictadura militar.  Este es nuestro homenaje.

Los derechos humanos no son simplemente una campaña reciente, o una moda. Definidos una y otra vez en tratados teóricos, cartas constitucionales y convenciones internacionales, única es su intención. Todo lo que apunte a subrayar y proteger la dignidad del ser humano está llamado a integrar la lista de esos derechos. En ese sentido, la libertad de prensa cumple un rol fundamental.

Entonces… ¿puede ser más poderosa una nota que tanques, bombas y fusiles? ¿Tan decisivo es el papel que puede jugar un periodista para querer “desaparecerlo”? Parece que sí.

Hace 40 años, quienes manejaban nuestro país, pensaban que la prensa escrita era portadora perversa de ideologías. El cercenamiento que ejercía la censura, apuntaba a eliminar todo inicio de conflicto social. Todo lo que podría hacer peligrar al poder político, se censuraba. El horror era una posibilidad permanente.

Éramos plenamente conscientes que no había lugar para la discusión y mucho menos para la posibilidad de diálogo. Según ellos era para mantener la paz, pero su concepto de libertad “medida” estaba inundada de contradicciones.

¿Cómo se le podía discutir a un autoritarismo que sólo aceptaba elogios a los aciertos y no toleraba las críticas a sus defectos? Hoy no es un secreto para nadie, nuestras voces quedaron relegadas en el angosto valle de la desesperación. Un vacío silencioso.

Fue una carga sobre las espaldas de la sociedad que sigue pesando, hiriendo significativamente a la calidad de la prensa y a la democracia.

Pretender lo perfecto es perturbar la realización de lo imperfecto. Lo imperfecto, sin embargo, es mejor que la nada. Es mejor la república posible que ninguna república. La Argentina puede gozar de plenitud democrática sólo si se garantiza que la libertad de prensa no desaparezca.  

Como periodistas, defender nuestros derechos es empezar por hacernos cargo del contenido de las noticias y la grandeza de su valor. Es dar testimonio de la propia existencia pero con humildad. Es asumir un compromiso que empuja al hombre a luchar por lo que cree. Es saber que tenemos una enorme responsabilidad en el impacto que registra la opinión pública, porque somos esenciales para el funcionamiento de una república libre. Una interesante posibilidad de diálogo de la que puede surgir el mejor conocimiento. Una filosofía de libertad.

Tenemos la misión redentora de purificar a la nación desde la palabra. Encarar las distorsiones.

El camino es dar lugar a que las obras de los periodistas existan, que aún estén vivas y que se lean – porque se leen –, logrando así que los demás consideren la labor de estos hombres como una cosa deseable de heredar.

Intentaron el silencio. Quizás hayan obtenido un efecto distinto del que buscaban.

 

EN HONOR A NUESTROS PERIODISTAS DESAPARECIDOS:

Rafael Perrotta (Director)

Julián Delgado

Claudio César Adur

Miguel Angel Bustos

Eduardo Defieri

Héctor Ernesto Demarchi

Luis Rodolfo Guagnini

Enrique Raab

Eduardo Suárez

Diana Griselda Guerrero

María Bedoian

 

EL CRÓNISTA COMERCIAL

Todas las voces en un mismo diario. Incluso las de aquellos que ya no están.