Una mirada estratégica sobre el desarrollo territorial

Se suele describir a la provincia de Buenos Aires a partir de sus grandes números: representa el 38,95% de la población argentina, su PIB es el 67,5% del PBI nacional, pero todos esos datos esconden un aspecto central del territorio bonaerense, que son sus profundas desigualdades.

En efecto, en el territorio bonaerense conviven distritos muy poblados con otros de muy baja densidad poblacional; distritos que son grandes polos industriales con localidades en donde no hay o es casi inexistente la actividad industrial, por mencionar solo dos aspectos relevantes.

Impulsar el desarrollo integrado de la provincia de Buenos Aires requiere, por supuesto, partir de esas diferencias, y desarrollar e impulsar políticas específicas para cada situación; en definitiva, para cada región. En una porción importante del territorio bonaerense, el sector agropecuario y productor de alimentos no sólo tiene un papel central, sino sobre todo, un enorme potencial para impulsar el desarrollo local y regional.

La integración vertical es uno de los grandes pasos que debe dar el agro para lograr una mayor agregación de valor, así como más competitividad. El fortalecimiento de las Pymes, tanto agropecuarias como industriales, y la generación de cooperativas son el camino; son el punto de inicio para poder hablar de alimentos con valor.

El concepto de Pyme suele ser asociado al sector industrial o al comercial, sin embargo, un enorme conjunto de productores agropecuarios cumple con todos los requisitos que los encuadran como tales. Aquí, por supuesto, usamos la expresión en ese sentido amplio, que evidencia también una parte importante del sector agropecuario.

Está claro que para impulsar a esos sectores de productores medios o chicos deben establecerse políticas públicas diferenciadas, que partan precisamente de reconocer las enormes diferencias que existen entre esas escalas de productores y aquellas empresas que producen en extensas superficies. Esas son las políticas que se requieren para fortalecer e impulsar a las Pymes, sean del sector agropecuario, con sus particularidades, o de cualquier otro sector.

En esta columna quiero centrarme en el rol de las cooperativas agropecuarias y de producción de alimentos, que muchas veces son dejadas de lado en el análisis. Las cooperativas agropecuarias son organizaciones clave para la actividad agropecuaria en la provincia de Buenos Aires y en todo el país por su importante contribución al desarrollo económico local y regional; el rol fundamental que cumplen en el fortalecimiento de los medianos y pequeños productores; la promoción del arraigo rural; y su generación de empleo.

En efecto, el cooperativismo representa una significativa ventaja para los medianos y pequeños productores, ya que les permite lograr un mejor abastecimiento, reducir costos, generar un mayor volumen de producción, y poder alcanzar un universo más amplio de comercialización.

El cooperativismo agropecuario ha tenido a lo largo de la historia sus vaivenes, en gran medida asociados a los vaivenes generales de ese estrato de productores; aunque también, supieron actuar como soporte en los momentos de mayor crisis. En las etapas de crecimiento, las cooperativas tienen la capacidad de impulsar a todo el sector.

La región pampeana es la que concentra el mayor número de cooperativas agropecuarias. En la provincia de Buenos Aires tienen presencia en la mayoría de los distritos. Se calcula que en Argentina existen alrededor de 850 cooperativas agropecuarias integradas en federaciones, que comercializan cerca del 20,5% de los granos, 26% de los lácteos, y 13% del vino que se produce en el país.

Además generan el 45% del té y tabaco nacional, el 25% de la yerba mate, 20% de miel y 7% de las cabezas de ganado. La bibliografía indica que 24 millones de las hectáreas implantadas en nuestro país son explotadas por una cooperativa o un productor asociado a ella.

Para que las cooperativas se afiancen y crezcan, es fundamental una buena organización, acompañada también de políticas públicas bien orientadas hacia el sector.

Y hacia allí apunta lagestión. El primer paso fue la creación de una Dirección de Cooperativas Agropecuarias, que constituye la puerta de entrada para que las cooperativas bonaerenses puedan comenzar a trabajar en articulación con el Ministerio de Desarrollo Agrario.

La tarea se está desarrollando sobre cuatro ejes centrales: el Centro de Asesoramiento y Asistencia técnica –en vinculación con los distintos programas de financiamiento y/o moratorias a nivel provincial o nacional-; el programa Incubadora de Cooperativas; el Banco de Proyectos; y la formación y capacitación.

La situación de las cooperativas agropecuarias a fines de 2019 era grave. Muchas tenían serias dificultades económicas, o incluso habían abandonado la operatoria. Otras habían sido suspendidas por diversos motivos, como la desactualización en la presentación de balances, o por deudas impositivas. Por eso, nuestra primera tarea fue trabajar para que esas cooperativas pudieran revertir la complicada situación que enfrentaban y pudieran volver a operar. El Centro de Asesoramiento y Asistencia técnica, junto con las distintas líneas de financiamiento y/o moratorias impositivas, permitieron esta labor.

A través del programa Incubadora de Cooperativas buscamos impulsar la creación de nuevas cooperativas y el fortalecimiento de aquellas creadas recientemente, a través de un acompañamiento integral.

Brindamos asistencia técnica, capacitación y colaboración para la inscripción y conformación como cooperativa y además promovemos la creación de redes de apoyo mutuo que permitan la transmisión de experiencias concretas, generando el vínculo con entidades que puedan ofrecer madrinazgo. En la actualidad hay 70 grupos que forman parte de esta iniciativa, y que incluyen a unos 700 productores agropecuarios. Como grupos pre cooperativos, representan más del 20% de las cooperativas agropecuarias actualmente activas en la provincia.

Con el Banco de Proyectos acompañamos el diseño y elaboración de proyectos para la producción de alimentos, fortaleciendo el abastecimiento local, el desarrollo agrario, el agregado de valor en origen, la innovación productiva y la comercialización. Es un instrumento que permite el acompañamiento desde el Ministerio de Desarrollo Agrario en el análisis de la viabilidad técnica ambiental, socio-económica, y legal; de distintos proyectos, colaborando de esta forma en un aspecto determinante, y contribuyendo asimismo en la búsqueda de financiamiento.

Por supuesto, un cuarto eje es la capacitación. En el transcurso del año se capacitaron más de 1000 participantes en cursos especialmente orientados a las cooperativas y a los cooperativistas, que van desde "Mi primera exportación" hasta "Buenas prácticas cooperativas", por señalar solo algunas.    

Como se ha dicho, el fortalecimiento de las cooperativas agropecuarias surge de una mirada estratégica acerca del desarrollo territorial y sectorial. En un año signado por la pandemia y todas las dificultades que la misma acarrea, podemos decir que hemos fijado una orientación y hemos dado significativos pasos concretos en esa dirección. Por supuesto, nuevos desafíos nos esperan en 2021

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