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El último informe del INDEC revela una transformación silenciosa del mercado laboral: mientras cae el empleo asalariado registrado, aumentan los trabajadores independientes y se intensifica su carga horaria. El monotributo y las plataformas ganan espacio en una economía que ofrece cada vez menos certezas sobre la calidad del empleo.

El mercado laboral argentino está cambiando, y los números empiezan a mostrar algo más profundo que una simple desaceleración en la creación de puestos de trabajo.

Cada vez hay más personas que trabajan por fuera de una relación de dependencia y, entre ellas, el aumento de las horas trabajadas es muy superior al promedio de la economía. Tener una ocupación ya no significa necesariamente acceder a un empleo estable, con aportes jubilatorios, vacaciones pagas y una cobertura de salud garantizada por el empleador.

El informe sobre la Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra, publicado este jueves por el INDEC, ofrece una radiografía precisa de esa transformación. En el segundo trimestre de 2026, la cantidad total de puestos de trabajo llegó a 22,566 millones, con un crecimiento interanual del 0,5%.

De ese total de puestos, el 48% son asalariados registrados, el 27% son no asalariados y el 25% no registrados

Pero detrás de ese dato se esconden dos movimientos muy diferentes: los puestos asalariados cayeron un 0,8%, mientras que los no asalariados aumentaron un 3,9%.

La diferencia se vuelve todavía más evidente cuando se observa el tiempo dedicado al trabajo. Las horas efectivamente trabajadas crecieron un 1,2% interanual. Entre los asalariados, en cambio, disminuyeron un 0,6%. Entre los no asalariados aumentaron un 6,3%.

Informe: Generación del Ingreso e Insumo de mano de obra
Informe: Generación del Ingreso e Insumo de mano de obraINDEC

En otras palabras, el crecimiento del trabajo independiente no se explica solamente por la incorporación de nuevos puestos. También hay una mayor cantidad de horas volcadas a esas actividades. El fenómeno puede reflejar la necesidad de trabajar más para compensar ingresos insuficientes, aunque las estadísticas, por sí solas, no permiten determinar cuánto responde a esa necesidad y cuánto a una mayor demanda de servicios.

El empleo registrado, en retroceso

La contracara de este proceso es la evolución del empleo formal. Según los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), desde noviembre de 2023 hasta julio de 2026 se redujeron en casi 266.000 los puestos de trabajo asalariados registrados. La caída equivale al 4,2%.

El último informe del INDEC confirma que la tendencia no se había revertido en el segundo trimestre: los puestos asalariados registrados sumaban 10,880 millones, un 1,4% menos que un año antes. En cambio, los asalariados no registrados crecieron un 0,5%, hasta alcanzar 5,601 millones de puestos.

Conviene hacer una distinción: estos datos no prueban que cada empleo formal perdido se haya convertido en uno informal o independiente. Pero sí muestran que la contracción del trabajo registrado convive con el crecimiento de otras formas de ocupación. La estructura laboral se desplaza hacia modalidades que, en muchos casos, ofrecen menor protección social.

La actividad económica tampoco explica por sí sola todos los movimientos. Hay sectores que incorporan trabajadores y otros que siguen destruyendo puestos. Sin embargo, la pérdida de empleo formal en la industria y el comercio, junto con el retroceso de la construcción en distintos períodos, ayuda a entender por qué la recuperación del trabajo registrado sigue siendo una asignatura pendiente.

El monotributo como puerta de entrada, y como refugio

En ese escenario, el monotributo se convirtió en una pieza central del mercado laboral. Para un profesional que presta servicios, un comerciante pequeño o alguien que trabaja por cuenta propia, puede ser una vía razonable para formalizar su actividad. El problema aparece cuando esa figura pasa a funcionar como alternativa obligada frente a la falta de empleos asalariados.

La legislación laboral impulsada por el Gobierno refuerza esa tendencia. La Ley de Modernización Laboral 27.802 incorporó un marco específico para los prestadores independientes de servicios de movilidad y reparto mediante plataformas tecnológicas y excluyó esos vínculos del ámbito de aplicación de la Ley de Contrato de Trabajo. La discusión de fondo es hasta dónde llega la autonomía real del trabajador cuando sus ingresos, sus tarifas y el acceso a los clientes dependen de una plataforma o de una empresa contratante.

Las aplicaciones de reparto, transporte y servicios digitales son una expresión visible de ese cambio, aunque el informe del INDEC no desagrega cuántos de los nuevos puestos no asalariados corresponden específicamente a esas actividades. Su expansión forma parte de una transformación más amplia: la intermediación digital facilita el acceso a trabajos por tarea, pero no garantiza por sí misma estabilidad de ingresos ni protección equivalente a la de un asalariado.

Repartidor de Rappi | Cortesía
Repartidor de Rappi | Cortesíaroberto beltran

El monotributo termina así ocupando un lugar ambiguo. Puede ser una herramienta útil de formalización, pero también un refugio para quienes quedan fuera del empleo tradicional. Y cuando una relación laboral encubre una dependencia económica efectiva, la factura no resuelve por sí sola el problema de la precariedad.

Más horas, pero no necesariamente mejores ingresos

Hay otro dato del informe que merece atención. La remuneración al trabajo asalariado representó el 42,9% del valor agregado bruto en el segundo trimestre de 2026, frente al 45,4% de un año antes. En sentido contrario, la participación del excedente de explotación bruto -una medida del excedente generado por las empresas- subió del 41,9% al 44,7%.

Estas cifras describen cómo se distribuye el valor agregado, no cuánto cobra cada trabajador en su bolsillo. Pero dejan una señal: la participación de las remuneraciones asalariadas perdió peso en la economía, mientras aumentó la del excedente empresario.

El resultado es un mercado laboral cada vez más heterogéneo. Conviven trabajadores formales, asalariados sin registrar, monotributistas, autónomos y prestadores de plataformas. No todos enfrentan las mismas condiciones ni tienen la misma capacidad para fijar sus ingresos. Para algunos, la independencia es una oportunidad; para otros, la única alternativa disponible.