

El economista Santiago Bulat analizó el proceso de apertura económica, los problemas estructurales de competitividad y las tensiones entre precios, márgenes empresarios y empleo durante su participación en Nada Personal: el debate de la semana, el programa que se emite por El Cronista Stream, conducido por Mariana Brey, con un panel integrado por Julián Yosovitch, Mariano Gorodisch y Agustín D’Attellis. El intercambio estuvo atravesado por noticias de impacto durante la jornada, como el anuncio del cierre de la planta de neumáticos Fate, en San Fernando, en un contexto donde también se confirmó el paro de la CGT contra la reforma laboral que puede convertirse en ley mañana en Diputados.
Bulat sostuvo que la economía argentina atravesó “una apertura mucho más fuerte después de ser un país cerrado durante mucho tiempo”, un proceso que, según explicó, generó complicaciones en sectores que operaron durante años con precios elevados. “El que decide no cambiar el modelo de negocios tiende a cerrar”, afirmó, y agregó que la adaptación siempre resulta posible, aunque exigente.
En ese sentido, planteó que el principal desafío consiste en definir “qué diferenciación puede agregar la Argentina a ciertos productos que pueda colocar en el exterior, incluso en el mercado local, que no se consigan afuera”. A su entender, el prolongado cierre económico dejó como saldo la ausencia de métricas claras de calidad y posicionamiento internacional. “Como consumidor estabas obligado a comprar lo que fuera, al precio que sea, aunque fuera de mala calidad”, señaló.

El economista cuestionó además los objetivos del proteccionismo aplicado durante años. “¿Para qué cerraste muchos sectores? ¿Cuál era el objetivo final?”, se preguntó, y consideró que la posterior apertura expuso fragilidades estructurales. “Una vez que abriste, el sector se desarmó, entonces evidentemente no había demasiado más que no fuera solamente estar cerrado”, afirmó.
Al analizar el caso de China, Bulat introdujo matices. Reconoció un nivel de “agresividad comercial” y advirtió sobre prácticas desleales vinculadas a subsidios estatales. “Tienen empresas que pueden entrar en países a precios muy baratos porque el Estado las subsidia directamente”, explicó, y sostuvo que ese comportamiento justificó la aplicación de medidas antidumping. Sin embargo, diferenció esa situación de la relación comercial con Europa y Estados Unidos, donde, según dijo, la Argentina permaneció “muy cerrada”.
Consultado sobre el origen de los precios altos en la economía local, Bulat rechazó una explicación única y combinó factores de proteccionismo, estructuras oligopólicas y problemas de competitividad. En ese marco, destacó que el costo argentino no se explica solo por la carga tributaria. “Tenés crédito mucho más caro que en el resto del mundo, pasivos contingentes y un montón de factores no tributarios que también generan precios más altos”, sostuvo.

Bulat señaló que los períodos de apertura mostraron con claridad la caída de la rentabilidad empresaria. “Cuando las empresas ganaban rentabilidad es porque estaban bastante cerradas”, dijo, y puso como ejemplo al sector textil, donde los márgenes se redujeron con la apertura y volvieron a crecer con el cierre. Aclaró, no obstante, que se trató de una cadena productiva heterogénea, con etapas que reaccionaron de manera distinta al nuevo contexto.
En esa línea, advirtió que la apertura también impactó sobre los costos de insumos. “Capaz tengo insumos caros y tengo que comprar insumos locales porque eso estaba cerrado”, explicó, y remarcó que el debate no debía limitarse al precio final de los bienes, sino incluir toda la estructura productiva.
Sobre las decisiones empresarias, describió un clima de incertidumbre. Relató que distintos empresarios le plantearon la necesidad de cambiar sus modelos de negocio, incluso incorporando importaciones, pero dudaron ante la falta de previsibilidad. “No puedo cambiar totalmente mi modelo de negocio por dos años nada más”, resumió como argumento recurrente.

Bulat vinculó parte de esa incertidumbre a la duración del actual esquema económico y al contexto político. Planteó que los acuerdos comerciales, como el eventual entendimiento entre el Mercosur y la Unión Europea, podían funcionar como anclas institucionales. “Te ponen limitantes a la cantidad de cosas que podés hacer mal”, afirmó, y cuestionó con dureza instrumentos como las licencias y las restricciones a las importaciones. “Las SIRAS fueron un desastre de dimensiones que no conocemos”, sostuvo.

Al referirse al escenario macroeconómico, señaló que la actividad se mantuvo “planchadita” y anticipó una recuperación lenta del consumo. “No veo que la economía vaya a crecer por consumo”, afirmó, y explicó que los salarios reales mostraron una mejora muy segmentada, mientras persisten ajustes de precios relativos, tarifas y transporte.
Según su análisis, el crecimiento dependió más de la inversión que del gasto de los hogares, aunque advirtió que esa dinámica tampoco garantizó creación de empleo. “Ese crecimiento por inversiones de sectores primarios tampoco te genera empleo”, afirmó, y describió un cambio en la composición del mercado laboral.
“No ves tanto desempleo, pero sí una crisis de ingresos y de calidad del empleo”, explicó Bulat. Detalló que el empleo privado formal mostró dificultades, incluso en sectores ganadores, mientras crecieron el monotributo y la informalidad. “La gente tiene trabajo, pero no el que desearía, y no con el ingreso que necesita para llegar a fin de mes”, sostuvo.
Por último, remarcó el avance de la pluriocupación y de las economías de plataforma como complemento de ingresos. “El 75% u 80% de esos trabajos es una segunda actividad”, señaló, y concluyó que el problema central ya no pasó por la falta de empleo, sino por la precarización y la pérdida de poder adquisitivo.