Pese a la caída del empleo y los salarios, la cuarentena congeló protestas y conflictos

Entre marzo y agosto, la conflictividad laboral se redujo en promedio un 33,5%, según un informe elaborado por el CEPE de la Universidad De Tella. Argumentan que la pandemia disciplinó demandas y reclamos, que volverán a activarse con la recuperación de la economía y el fin del aislamiento

A pesar del fuerte incremento que registró la desocupación en los últimos meses en un contexto en el que, además, los salarios se estancaron por el congelamiento de las paritarias, esas dificultades no redundaron en la conformación de un escenario de conflictividad socio-laboral en alza. Muy por el contrario, la pandemia y particularmente la extensión de la cuarentena obligatoria actuaron como un potente disciplinador de las demandas, protestas y conflictos sindicales.

Así, entre los meses de marzo y agosto último, el nivel de conflictividad laboral registró –en promedio- una reducción del 33,5% en comparación con el mismo período del año pasado, según estimó el flamante ICL (Índice de Conflictividad Laboral) elaborado por el Centro de Evaluación de Políticas basadas en la Evidencia (CEPE) de la Universidad Di Tella, que coordina el economista Eduardo Levy Yeyati. Los resultados que muestra el informe privado son similares a los relevamientos efectuados por las autoridades del Ministerio de Trabajo, que desde hace años mide la evolución de los conflictos y su impacto en términos de extensión de protestas y medidas de fuerza, y cantidad de trabajadores involucrados.

A partir de los datos relevados en su informe, el CEPE definió la fuerte contracción de la conflictividad laboral en el período marzo-agosto como producto de una especie de “pax pandémica que instituyó un escenario de tregua en el mundo del trabajo, cuyos efectos persistirán en el tiempo al menos mientras se extienda la cuarentena y no haya señales significativas de una recuperación de la economía. “La pandemia y la recesión económica no dan lugar a conflictos. Mientras dure la crisis, es probable que el nivel de conflicto laboral se mantenga bajo , remarcaron los responsables del trabajo.

Sin embargo, remarcaron que “en una economía inflacionaria como la Argentina, el congelamiento de demandas salariales es un freno temporal y anticiparon que es previsible un aumento del conflicto laboral cuando se reactive la economía. En ese sentido, la multiplicación de negociaciones salariales que se activaron durante el último mes y medio marcó un evidente descongelamiento de las paritarias de actividad, aunque ello no derivó al menos por ahora en protestas o medidas de fuerza. No obstante, el Gobierno deberá sortear una importante prueba de fuego en su afán de mantener el escenario de paz social ya que la discusión que acaba de iniciar con los gremios estatales se anticipa difícil y con la amenaza latente de derivar en conflictos.

Por otra parte, el informe del CEPE explicó que desde comienzos de 2019 se dieron dos etapas diferenciadas en relación a la incidencia de la conflictividad laboral. El año pasado comenzó con un aumento del conflicto acompañando una caída de la actividad económica y del salario, tras lo cual el nivel de conflictos se moderó en el segundo semestre durante poco tiempo, dado que nuevamente se registró un pico de protestas y medidas frente a las elecciones primarias de agosto.

“Ese clima de conflictividad relativamente elevada se sostiene con el cambio de gestión en el gobierno nacional hasta el verano y solo se contrae nuevamente ante la situación de pandemia, emergencia sanitaria y distanciamiento social, cuyas medidas de prevención aplicaron un corset a la producción y al consumo , indicó el trabajo.

Y respecto al escenario actual analiza que “mientras el EMAE registra una severa caída interanual de la actividad económica en torno al 20%, el ICL registra una pax pandemica, es decir, una especie de tregua en la incidencia del conflicto . Y argumenta que esa pax es producto de que “el debate público se llena de epidemiología y estadísticas sanitarias, y la negociación salarial o de condiciones laborales pasan a un segundo plano, y en parte porque no hay margen para la demanda de mejoras dada la situación macroeconómica .

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